Jesús Cuadrado
- En presencia del nefasto Albares, se reactivaba así la leyenda negra
La degradación del sanchismo produce tal cantidad de información que hechos relevantes pasan desapercibidos. El pasado jueves, con la visita de Felipe VI, se escenificó en el mexicano Palacio de Hernán Cortés (precisamente) una supuesta reconciliación con España. La motivación de la performance organizada por la presidenta Claudia Sheinbaum era manifiestamente la de desviar la atención del estado de pánico que vive el obradorismo desde que la Justicia de EEUU reclama la extradición de máximos dirigentes políticos del partido gobernante Morena por colaboración con los cárteles narcoterroristas. Cien extraditados en los últimos años, en cumplimiento del tratado entre ambos países, están cantando en los tribunales estadounidenses la traviata. Ahora la presidenta tendrá que decidir si extradita o no a peces gordos de su partido que saben todo de la relación con los narcos del expresidente Obrador, el de “abrazos, no balazos”.
La opinión pública mexicana sí estaba al tanto de la encerrona al Rey. Ya se ocupó Sheinbaum de explicarse en sus “mañaneras”, la versión mexicana del “Aló Presidente” chavista. En el encuentro, solo imágenes, sin declaraciones. El pie de foto ya lo había puesto ella antes. Como demostración, un par de titulares en la prensa local: “México 1- España 0”, “El Rey de España cede”. Había un supuesto conflicto entre ambos países y la heredera de Obrador lo ganó por goleada, sentencian. La presidenta habría obligado a la Corona española a pedir disculpas “a México”. Puro populismo, con la fabricación de un conflicto que desvíe la atención de la colusión morenista con los narcos. La verdad es que, como demuestran los barómetros del Real Instituto Elcano, de entre todos los iberoamericanos, los mexicanos son los que mayor aprecio manifiestan por España. Solo hay una “guerra”, la que conviene atizar al morenismo como trampantojo.
Pese al escaso seguimiento de los medios españoles, no es difícil comprobar la manipulación obradorista orientada a ensuciar la imagen de España en toda la región. La presidenta tergiversó intencionadamente las ingenuas declaraciones de Felipe VI sobre “abusos” de los españoles hace 500 años. La petición de disculpas “no fue todo lo que hubiéramos querido”, se permitió declarar, reservándose volver a la carga contra Hernán Cortés en cuanto convenga. Anticipó que en la visita leería la cartilla al monarca sobre “reconocimiento de excesos y exterminios que hubo durante la llegada de los españoles”. Mensaje: ¡el Rey de España pasa por el aro! En presencia del nefasto Albares, se reactivaba así la leyenda negra, en contra del orgullo que, allí y aquí, la gran mayoría siente por una enorme obra de civilización. Como asumió el Papa en Madrid, al rendir homenaje a la Escuela de Salamanca.
Cárteles narcoterroristas
La celada que le tendieron al Rey expresa sobre todo una muestra de desesperación de Morena y la presidenta cuando quedan días para que se cumpla el plazo de decidir sobre la extradición del gobernador más cercano a Obrador, Rocha Moya, de acuerdo con el tratado bilateral sobre extradiciones. Plantear la cuestión como un asunto de soberanía ya no cuela. Especialmente en un país en el que el 75% del territorio está invadido por los cárteles narcoterroristas, que controlan elecciones; en el que cuatro de cada diez municipios pagan extorsiones; y en el que hay más de 134.000 desaparecidos. ¿Soberanía? Eso sí, han encontrado en España aliados, los que retiran la imagen del Rey y la bandera nacional de los edificios públicos.
Este golpe a la imagen del Rey y de España nunca se habría podido producir sin la colaboración del gobierno sanchista, que sacrifica siempre el interés nacional al de Sánchez y sus compinches. Pocas sorpresas, si se analizan las analogías entre obradorismo y sanchismo. Tres parecidos razonables, como muestra. Con ambos partidos se conquista el Estado para esquilmarlo, es decir, se adscriben a lo que la ciencia política define como patrimonialismo. Otra similitud se puede detectar en la utilización de cuentos emocionales -¡Franco o la Corona española del siglo XVI!- para transformar electores en fans. Y, cómo no, ¡Trump! Su problema no serían los “aldamas” que cantan y cantan, sino la política contra los “progresistas” del presidente estadounidense. Tanto, que el abogado de Zapatero, desesperado, intenta anular pruebas con esa tesis. ¡Qué cosas!