- Cosa que, por demás, le importa una higa a quien después de ocho años sin poner un ladrillo y no levantar algo más que una caseta de peón caminero tras prometer la construcción de cientos de miles de viviendas se ha presentado como salvador y solución del problema
Que la política, a veces, hace que adversarios y enemigos irreconciliables compartan la misma cama, lo demuestra el hecho de que cuantos rechazamos los engendros legislativos sobre la vivienda, perpetrados por el incompetente y chapucero Gobierno de Sánchez, nos hayamos encamado con Junts compartiendo los mismos argumentos técnicos y económicos de sentido común para enviar a los corrales el bodrio legislativo presentado por ese portento de la estulticia que es la ministra de Vivienda, desde ya, la ministra «cacao mental».
Es la consecuencia de legislar bajo la presión, el chantaje y la coacción de un sindicato que sólo se representa a sí mismo pero que se arroga la voz y el voto de todo el pueblo. Su acampada coercitiva de Sol con el beneplácito del prevaricador delegado gubernamental de Sánchez en Madrid, además de atentar contra la democracia deliberativa, tuvo como consecuencia el esperpento político ofrecido por Sánchez y sus cuates de Sumar, aprobando en consejo de ministros, aún sin estar redactados, los grotescos decretos impulsados en nombre de Maricarmen. Esa señora de Retiro que vivió muy bien y se benefició de una legislación de Franco pero que según el Gobierno, por el contrario, fue víctima del machismo y de la normativa franquista. Echarle la culpa a Franco del desahucio de Maricarmen fue el colmo y la guinda con la que el chantajeado consejo ministerial coronó su engrudo legislativo sustentado en una exposición de motivos más propia de un panfleto elaborado en la asamblea populista y comunista de los entusiastas campistas de la Puerta del Sol que de un texto publicado en el BOE.
Con esos precedentes la cosa no podía terminar sino en otro revés parlamentario que a estas alturas de la legislatura ya no es un tropiezo más de Sánchez en su errática y agónica travesía: es el acta de defunción que le faltaba a este infausto periodo político del sanchismo.
Con el rechazo mayoritario del Congreso a las normas intervencionistas de Sánchez se ha evitado que el remedio, fruto del chantaje como repitió la portavoz de Junts, fuera mucho peor que la enfermedad; se ha impedido que se incrementara la inseguridad jurídica y que desaparecieran del mercado de alquiler miles de viviendas por el miedo de sus propietarios a perder definitivamente el control de sus propiedades dejándolas en manos de inkiocupas y okupas protegidos y empoderados por este gobierno. La chistera de Sánchez ya no da para más conejos ni para más geometrías variables que le permitan seguir en el poder.
La realidad evidencia que el sanchismo ha tocado fondo y no hay más margen para nuevas maniobras inspiradas en el egoísmo y la irresponsabilidad del propio Sánchez. Lo honesto, democrático y constitucional es asumir el fracaso, admitir que hace tiempo colapsó el bloque de investidura que nunca fue de progreso sino de mera conveniencia personal, disolver las Cortes ante la imposibilidad de haber aprobado unos Presupuestos Generales del Estado en cuatro años de legislatura y convocar elecciones en noviembre o diciembre. Si no lo hace ya es porque todavía alberga la esperanza del «pucherazo» electoral y necesita ganar tiempo introduciendo una «enmienda pirata o intrusa» en la Ley de Educación, maniobra rechazada hasta por su fiel letrado mayor de las Cortes Fernando Galindo «un amigo, un siervo, un esclavo», con la que quiere salvar, en otra jugada de acreditado trilero y autócrata sin escrúpulos, su «ley de nietos».
El empeño de socialistas y comunistas de inflar el censo electoral por la puerta de atrás modificando en el Congreso una normativa sobre educación para eludir el veto cautelar del Tribunal Supremo y colar de matute a los cientos de miles de potenciales electores cuyo ejercicio de sufragio está suspendido por el alto tribunal, alimenta aún más la sospecha de que quieren dar un pucherazo. Sólo así se explica el desempeño con el que intentan sortear tramposamente una decisión del Supremo, que de momento les está arruinando el plan, a pesar de que conocen la jurisprudencia del Constitucional contraria a aprovechar una ley para colar iniciativas ajenas al objeto y función de esa ley .
Y si Sánchez no disuelve y llama a las urnas ya tras el fracaso de sus decretos estrella, de estrellados, con los que ha pretendido desviar la atención sobre la grave situación que vive todavía Ceuta y alejar temporalmente el foco de la corrupción judicializada que le asfixia personal y políticamente, es porque quiere seguir ganando tiempo hasta conseguir la alteración del censo electoral a toda costa, aun sabiendo que la prórroga de la legislatura en estos minutos de la basura es tan estéril como contraproducente para las instituciones y la democracia. Cosa que, por demás, le importa una higa a quien después de ocho años sin poner un ladrillo y no levantar algo más que una caseta de peón caminero tras prometer la construcción de cientos de miles de viviendas se ha presentado como salvador y solución del problema. La ironía del destino ha querido que fuera Puigdemont quien le ha desahuciado políticamente.