Editorial-El Correo
- Macron ofrece un discurso vacío para afrontar el grave estallido de violencia y el malestar ciudadano mientras los partidos se entregan al cálculo electoral
Emmanuel Macron esperó demasiado para comparecer anoche, en un discurso breve y grabado, en medio de la persistente crisis política y social en Francia. La alocución del presidente llegó cuando los enfrentamientos y el fuego volvían al centro de París después de la jornada de gravísima violencia del sábado en todo el país. Para cuando los franceses pudieron escuchar la intervención vacía de propuestas desde el Elíseo, Marine Le Pen ya se había adelantado con un vídeo, de pretendido aire ‘presidencial’, en una muestra de lo que ocurrirá a partir de mayo si la ultraderechista confirma su primer puesto en los sondeos.
Las palabras de Macron en nada confortan a una mayoría de ciudadanos que, como en el conjunto de Europa, viven asfixiados por la inflación y el aumento del precio de los combustibles, sin posibilidad de obtener apoyo de un Estado con crecimiento anémico y una deuda del 119% del PIB. El Gobierno «intentará ayudar a quienes sufren por el alto coste de la vida», declaró el presidente, y también a los afectados por los disturbios y el pillaje en comercios, que se cuentan por miles. La impotencia de los titulares de pequeñas tiendas y su desesperación al contemplar los destrozos en sus medios de vida proporciona una imagen descorazonadora del abandono del que fueron objeto durante la jornada del sábado.
No debería tardar ni un minuto más el ministro de Interior en «extraer las lecciones de los fallos de seguridad» que reconoció Macron. En un día de movilización en todo el país largamente anunciado, en el que confluían los estudiantes y colectivos afectados por la crisis económica, Laurent Núñez desplegó 10.000 policías, 4.000 menos que los dedicados para la visita del Papa. Las protestas de más de más de medio millón de personas se desarrollaron en paz. Pero la violencia posterior a cargo de hordas de encapuchados que camparon a sus anchas desbordó el dispositivo y desnudó las carencias de inteligencia.
En una nueva prueba del fracaso de la política, los líderes de los partidos desfilaron por las televisiones y, sin ánimo alguno de entendimiento y faltos de soluciones, se entregaron al cálculo electoral. A la espera del efecto del estallido violento en las encuestas para las presidenciales, conservadores, centristas y el propio Macron culpan al dirigente ‘insumiso’ Mélenchon de amparar el incendio de las calles. A seis meses de los comicios, el objetivo es cargar el precio del miedo en la cuenta del adversario.