Manfred Nolte-El Correo
- Se le considera el mejor y más prolífico hacendista de la historia de España
Conocí a Enrique Fuentes Quintana después de que fuese nombrado vicepresidente del Gobierno de España bajo la presidencia de Adolfo Suárez. No por sus cometidos políticos y ministeriales, sino por la coincidencia profesional en el ámbito de las Cajas de Ahorros, cada cual con sus cometidos y circunstancias particulares. Solo referiré las suyas, que, bajo una sobriedad espartana, eran incapaces de ocultar la profundidad de un sabio, la innovación de un visionario y la seducción de un profeta. Fuentes Quintana era, sobre todo, un intelectual sin fisuras.
Enrique Fuentes Quintana no fue agraciado con el Nobel de Economía y su apellido no ha resonado en el olimpo de los grandes genios de la ciencia de la escasez. No cabe compararlo con Friedman, Schumpeter o Hayek. Tampoco sería correcto hacerlo. Le ha bastado con la aureola de ser el economista de la segunda mitad del siglo XX con mayor influencia académica y social en España. Este doble atributo constituye la esencia de su legado.
Nacido el 13 de diciembre de 1924 en Carrión de los Condes (Palencia), estudió en la Universidad Complutense de Madrid, en la que se doctoró en Derecho y en Ciencias Políticas y Económicas. Fue catedrático de Hacienda Pública en la Universidad de Valladolid, en la Complutense de Madrid y en la UNED.
Esta nutrida cadena de desempeños académicos es la base del que puede considerarse el mejor y más prolífico hacendista de la historia de España. El capital docente de Fuentes Quintana duplicó sus dividendos al ingresar en el mundo de las Cajas de Ahorro. En la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA) ostentó el cargo de director general de Funcas y añadió a su vasta producción bibliográfica la promoción de prestigiosas revistas como ‘Papeles de Economía Española’, ‘Perspectivas del Sistema Financiero’, ‘Cuadernos de Información Económica’ o ‘Economía de las Comunidades Autónomas’. Su avidez por la producción de información «pie a tierra», en formato revista, era conocida, ya que en sus años jóvenes dirigió el Servicio de Estudios del Ministerio de Comercio, donde lanzó la afamada ‘Información Comercial Española’. Más tarde, como director del Instituto de Estudios Fiscales, fundó la aplaudida revista ‘Hacienda Pública Española’.
Pero, compitiendo con su producción académica, su talla de estadista se eleva en 1977 al ser nombrado vicepresidente del Gobierno para Asuntos Económicos desde donde promovió política y técnicamente los Pactos de la Moncloa, impulsó la modernización de las Cajas de Ahorros y lideró una gran reforma fiscal. Estas tres iniciativas, acometidas en un brevísimo periodo de tiempo, son la mejor prueba de su creatividad arrolladora y, al mismo tiempo, de la independencia de su persona, que le condujo a abdicar de su posición en el Gobierno apenas ocho meses después de su nombramiento. Fuentes Quintana es el modelo de economista comprometido con la objetividad del dato científico por encima del partidismo.
Conocedor de las Cajas de Ahorros —entidades de ambigua naturaleza jurídica, cartera de productos decimonónica y fuerte tutela pública—, amplió su margen de actuación impulsando la modernización de unas estructuras poco productivas.
Su reforma fiscal de 1977-1978 incluyó la creación de un Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas moderno y del Impuesto sobre el Patrimonio. Tipificó el delito fiscal y supuso un revulsivo para la Administración tributaria, pasando de un sistema arcaico a un incipiente modelo redistributivo, homologable con Europa.
Pero su gran legado social se encuentra en el diseño y negociación de los Pactos de la Moncloa en octubre de 1977, con los que conquistó el merecido título de «arquitecto del consenso económico». En 1977 la economía española atravesaba una situación delicada, con una inflación desbocada por encima del 26%, un desempleo creciente, un fuerte déficit exterior y una alta incertidumbre política tras la muerte de Franco. En estas condiciones, la consolidación de una democracia tambaleante exigía como condición indispensable la previa estabilización económica. Fuentes Quintana capitaneó a las fuerzas políticas y los agentes sociales hacia una gran estrategia de consenso, que implicaba la devaluación de la peseta, el control estricto de la oferta monetaria y la moderación salarial vinculada a la inflación prevista.
Antes de su fallecimiento el 7 de junio de 2007, a los 82 años de edad, ocupó el cargo de presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.