Escritores y artistas catalanes rechazan el referéndum ilegal

EL PAÍS 24/08/17

· Marsé, Mendoza, Serrat, Coixet, Amat y otros artistas e intelectuales catalanes se pronuncian sobre el proceso secesionista

Eduardo Mendoza, premio Cervantes, cree que el referéndum propuesto para el 1 de octubre es «un proceso descarrilado». Juan Marsé, que también ganó ese premio, cree que «es rigurosamente incompatible con un Estado de Derecho». Joan Manuel Serrat, el más famoso de los cantantes catalanes, dice: «Yo no iría a votar a unas elecciones que no apelaran a la mayoría de la ciudadanía y que no fuera realmente vinculante». «Deberían pasar cosas para que algo de tamaña importancia ocurra con las garantías que requiere una decisión tan grave». Los ciudadanos han de estar informados «para que puedan decidir, y en situación de que su decisión no se vea coaccionada». Añade: «Hay que poner en discusión si en este caso los movilizadores han seguido esos caminos».

No los han seguido, según Joan Botella, catedrático de Ciencia Política y decano de Derecho de la Universidad de Barcelona. No hay, dice, «una validación internacional; no se dan las circunstancias de colonización o dominación; no es conforme con la regulación constitucional española; no hay una Junta del Censo, no hay ley electoral, no hay neutralidad de los convocantes; y se da la paradoja de que no está convocado, está anunciado verbalmente, y parece lógico que un referéndum de esta trascendencia cuente con una convocatoria que contemple un periodo amplio antes de su realización». Todo eso falta; eso lo llevó a escribir en EL PAÍS el 4 de julio el artículo que tituló No es un referéndum. Para explicar su perplejidad cita a Brecht: «Qué tiempos estos en los que hay que luchar por lo que es evidente».

Dice Mendoza: «Se hará porque han dicho que se tiene que hacer. Pero, tal como se hace, el mismo referéndum anula su razón de ser. Todo es un proceso descarrilado. El tren sigue corriendo pero ya fuera de las vías». La culpa es de todos, dice; pero sobre todo «de haber mezclado todo esto con el nacionalismo». El nacionalismo «es de otro tiempo y no es relevante en esta cuestión, y lo ha tapado todo. No soy equidistante, pero sí entiendo las razones y las sinrazones de unos y de otros». Las consecuencias de este «proceso descarrilado» son importantes y ya se sufren: «El gasto extraordinario. Es imposible calcular la cantidad de cosas que no se han hecho por este problema». A él le resulta simbólica la respuesta que dio Artur Mas a los que le preguntaron qué pasaría con la Liga. «El Mónaco juega con Francia». «Eso que es anecdótico es simbólico de todo: en algún sitio debemos estar encajados. Cataluña consigo misma es una utopía muy rara que pertenece al campo de la ciencia ficción», concluye el creador de Gurb.

Serrat afirma que «la llama» que produjo este descarrilamiento del que habla Mendoza fue «el Estatuto que Zapatero prometió defender en 2006». Ese Estatuto «desató una guerra de sordos» en la que el PP intervino alentando «el boicot a los productos catalanes e instaló mesas contra aquel Estatuto». Ocurra lo que ocurra ahora, «se ha engorrinado la casa; en el futuro cercano quedarán graves heridas que no sé si el resto de España sabrá apreciar».

Marsé explica: «Lo que se propone el Govern es rigurosamente incompatible con un Estado de Derecho. No necesito otro argumento para rechazar tal propuesta. Yo no soy nacionalista y todas las banderas me repugnan. Soy más bien provinciano, incluso comarcal. Soy pueblerino, digamos hortelano. Con el huerto me basta». «Está bien claro: que un grupúsculo antisistema como la CUP, una panda de impresentables llenos de estulticia y roña ideológica, tenga agarrado al despeinado president Puigdemont por los cataplines y pueda determinar los presupuestos generales de la Generalitat y las derivas más delirantes (como pedir que la Catedral se convierta en un mercado) que adornen el proyecto de secesión, muestra hasta qué punto la sociedad catalana está abocada al futuro más incierto, ridículo y calamitoso». «La triste realidad», dice Marsé, «es que el señor Puigdemont y el señor Junqueras, dos luminarias políticas que pasarán a la historia del esperpento ibérico, comparten, como ha escrito Valentí Puig, una aparatosa ignorancia sobre el Estado de Derecho y sobre la política, y, en concreto, sobre la historia política de Cataluña y de toda España». Le repugna «el relato maniqueo del Govern, la desvergüenza y la impunidad con la que Puigdemont y Junqueras mienten al hablar en nombre del pueblo, al apelar reiteradamente y del modo más miserable del mandato del pueblo que dicen haber recibido. Y de esa empanada mental que llaman el derecho a decidir… Sí, vale, pero ¿a decidir qué? ¿Que nos vamos de España y de Europa?».

«Hay otra cuestión de fondo», añade el autor de Últimas tardes con Teresa, «desde hace demasiado tiempo nos mandan políticos, tanto desde Madrid como desde Barcelona, que o bien son unos incompetentes o unos corruptos. Mucho me temo que seguiremos así, es decir, que van a seguir defraudándonos o robándonos, de modo que me da igual que me roben desde Madrid o desde Barcelona».

«No habrá referéndum”, dice, «pero el mal ya está hecho. Están registrados los buenos catalanes y los malos catalanes. Pero habrá nuevas elecciones, necesarias para la futura estabilidad de la política catalana. Esa es la salida del callejón sin salida».

E, irónicamente, da Marsé esta «última noticia»: «El peinado del president Puigdemont ha sido declarado de Interés Turístico Internacional, y el Procés de interés turístico comarcal. Parece que no lo ven claro. El peinado, quiero decir».

Francisco Rico, académico, usa a Cervantes como referencia. Y dice: «Estoy feliz con el proceso. Es un espectáculo increíblemente divertido. Por un lado parece una comedia de Cervantes: el engaño a los ojos. Ante unos, las urnas son para el referendo; ante otros, quién sabe. Desde octubre, la hacienda catalana podrá recaudar los impuestos estatales; pero en octubre ya no habrá que pagar al estado. La tan temida inhabilitación llegará cuando no haya que cumplirla. Y así todo. Puro disparate».

«Y por otra parte un ridículo desternillante. Cada dos días, todos los teloneros flanqueando al presidente en un momento histórico, con las manos a la altura de los cerebros, y todos convertidos, por la situación grotesca, en caricaturas de sí mismos, como poniéndose motes a sí mismos: pelambres, el flequillo-tonsura, la chaqueta y la boca desarticuladas… Y mientras tanto los catalanes sin gobierno. No se lo merecen».

Don Tancredo
El editor Jordi Herralde: «El problema catalán, es decir el problema español o viceversa, de tanta duración (casi anteayer, considerando el largo recorrido, Ortega y Gasset ya aludió a la famosa ‘conllevancia’), se agudizó inesperadamente en los últimos años. Los responsables del Gobierno y del Govern se han enzarzado en un campeonato de disparates (¿variantes de Don Tancredo y el Hooligan?) que han llevado a la imposible situación actual. ¿La Historia los absolverá?: serias dudas entre los expertos». «La independencia me parece objetivamente imposible por la correlación de fuerzas, el escenario internacional y la composición de la sociedad catalana, como demostraron las últimas elecciones. Eso, en el fondo, lo saben incluso muchos independentistas que no confunden la realidad y el deseo, por exaltante que éste sea». «Mi estado de ánimo: variantes del estupor viendo cómo se va decantando el tradicional cóctel del seny y la rauxa, minuciosamente vigilado por la llamada brigada Aranzadi. Bibliografía recomendada: Guillermo el travieso de Richmal Crompton, Zipi y Zape de Escobar y ojalá podamos evitar la relectura de El rinoceronte de Ionesco». «Un efecto positivo, supongo, del conflicto: no pocos jacobinos recalcitrantes, del PSOE por ejemplo, parecen ahora conscientes de la ineludible necesidad de cambiar las reglas de juego en el tema catalán. También en Podemos. Del PP y su «macizo de la raza» y «¡Santiago y cierra España!» poco se puede esperar».

Mario Gas, actor y director: «Es inalienable votar y decidir. Y es ineludible un referéndum. No soy independentista, pero creo que el Gobierno se ha mostrado insensible a la cuestión catalana; ya lo es en otras cuestiones sociales, pero aquí ha propiciado un deterioro tremendo, erigiendo como un todo inamovible una Constitución que debe ser una carta maleable según las necesidades. Hay que buscar soluciones, no judicializar, no hacer nada y esperar a que ocurran cosas hasta provocar una situación gangrenada que nadie quiere arreglar. Mucha gente quiere la independencia, otros quieren federalismo y otros que todo quede como está. Esa disyuntiva debe seguir su curso sin que se intoxique desde el Estado. Deben negociar, que entren en el panorama personas que respondan a principios más federalistas. Que todo transcurra sin coerciones que respondan a la cerrazón radical de un Gobierno que masacra a España y por tanto también a Cataluña. El Govern ha actuado con precipitación, tenía que haber buscado pactos para llegar a ofrecer normalmente el derecho de decidir que se siente desde que el Estatut fue masacrado”.

Lluis Pasqual (prepara una Medea para el Lliure, que dirige) dice: «Es un referéndum, no es un acto para declarar la independencia. Es una consulta acerca de la independencia. Y es para votar. Me parece muy raro que una Constitución se pueda modificar en un proceso exprés y que en cambio los políticos no hallen un sistema legítimo para que aquí se pueda votar». Ese voto «permitiría conocer cuántos son los independentistas y cuántos no lo son». «Es evidente que nadie se ha sentado a dialogar de verdad. Soraya Saénz de Santamaría vino… a sentarse con el delegado del Gobierno. Aquí viven círculos que se retroalimentan, unos de su fe, otros de su legitimidad». Y lo que hay es «un elástico que se tensa por las dos partes y que a todos nos dará en el careto». Se crió creyendo que había que destruir fronteras, no ponerlas. “Y ahora quiero votar. El modelo federal permite muchos grados de autogobierno». «El Govern ha actuado provocando a veces un gran desconcierto». Y algunas cosas que han sucedido, como la dimisión del jefe de los Mossos, «han creado cierto temor: ¿quién va a proteger a todos los ciudadanos en este proceso?».


Provocación
Valentí Puig, escritor: «Entiendo que se vive de forma muy distinta en Barcelona y la Cataluña que podríamos llamar Cataluña profunda. En Barcelona el tema ya no predomina en las conversaciones y han desaparecido muchas banderas estrelladas. En el día a día, salvo si uno atiende al entorno mediático del proceso, en mayor o menor medida pagado con dinero público, lo que queda es mucha confusión semántica, al tiempo que despuntan nuevas plataformas y movimientos antisecesionistas. Hay un declive de la espiral del silencio. A la vez, pasividad, fatiga. Personalmente, la impresión es de que —en el mejor de los casos— vamos a entrar en un laberinto tosco y arriesgado, del que nadie conoce la salida”.

«Se habla mucho del post 1 de octubre. En realidad, antes está el campo de minas del pre 1 de octubre porque habrá que ver si son jornadas conflictivas o transcurren razonablemente. Es manifiesto que el secesionismo busca provocar respuestas desmesuradas, y posiblemente pronto aparezca cierto lenguaje paramilitar. En fin, se busca una escenificación que atraiga las cámaras de televisión para distorsionar lo que en sí es una cuestión de legalidad sí o no. El mito de la plaza Tahrir está ahí a mano, para movilizaciones de ruptura, inestabilidad. Esas sí son preguntas al uso: cuánta gente puede movilizar la anulación del referéndum y cómo será la respuesta del Estado de derecho».

«La idea de considerar no demócratas a quienes no votarán en un referéndum ilegal es otra provocación incontrolada. Gana terreno la impresión de que todo es una lucha por el poder: Puigdemont, luego Junqueras, la sombra patética de Artur Mas, la palanca antisistema de la CUP. Eso alienta el espíritu kamikaze de Puigdemont, uno de los políticos más regresivos de Europa y sin arraigo constatable en la sociedad catalana, salvo en reductos okupa y fundamentalistas. Las clases medias ya están en otra cosa».

Patricia Soley-Beltrán, socióloga cultural, ganadora del premio de ensayo Herralde de 2015 por Divinas, cree que «en una situación normal no hay que temer que la ciudadanía se exprese. ¿Es una situación normal? No. Jurídicamente hay muchas lagunas, con lo cual este referéndum no reflejaría la realidad catalana. Un referéndum con plenas garantías democráticas debería contar con un censo correcto, debería conducirse sin coacciones por parte de ninguno de los dos gobiernos e, idealmente, autorizado». La actitud del PP ante el Estatuto fue, también el comienzo de esta «sordera común»

Según ella, «había que haber puesto a un lado las certezas», «buscar la concordia que propiciaran la paz y el entendimiento. Fue un error muy grave el boicot del PP a los productos catalanes, quizá ese fue el principio de todo, como el rechazo que desde esas mismas filas se hizo del Estatuto. La idea plurinacional, que ahora abraza el PSOE de Pedro Sánchez, no es tan difícil de entender. Habría que moverse contra las actitudes excluyentes, de las que participa asimismo el nacionalismo catalán. No es tarde. El momento es perfecto, esta es una España diversa, hay riqueza. El momento es ahora para negociar, para volver a mesas de diálogo. Hacer algo que no se hizo nunca: en se enseñen las lenguas nacionales en toda España, que se usen los medios públicos para divulgar y apoyar las culturas diversas, para que nos conozcamos mejor».

Isabel Coixet, cineasta, explicó su postura en Una visión naif del referéndum (EL PAÍS, 19 de julio). Ahora añade: «Los artistas no tenemos la obligación de hablar, pero no puedes escurrir el bulto. Viene una era en que las opiniones vuelan y, como los culos, todos tenemos una. Y hemos de mostrarla». La historia se ha vuelto atrás muchas veces, dice Coixet, en muchos temas. «Se han ido extremando las posturas, pero yo no veo contradicción entre ser catalán y ser español. Un chaval de 24 años me decía el otro día en Mallorca que su bisabuelo había luchado con Hitler, él había viajado por Italia, por Estados Unidos, por España, y ahora vivía en Baleares. Él se sentía europeo. Y yo me siento europea, catalana, española, de Gràcia…. ¡Me siento hasta de Calanda!» ¿Un referéndum? «Si estuviera bien hecho, con el censo bien hecho, que no tuviera sólo dos alternativas… Yo no creo que un referéndum sea la práctica más democrática del mundo, y este está montado por aquellos que quieren lo que quieren». Aquel artículo mostrando sus opiniones tiene 1050 palabras. ¿Qué palabra define su ánimo? «Desaliento».

«Una chapuza en vez de algo impecable»

Javier Mariscal, diseñador de Cobi para los Juegos Olímpicos y ahora de Merche, para las Fiestas de la Mercé, dice sobre la perspectiva abierta en torno al pretendido referéndum del 1 de octubre: «Si es como hasta ahora dicen que va a ser yo no quiero participar en una chapuza de algo que debería ser impecable».

Culpa de la situación actual, como Serrat, como Gas, a la campaña del PP, «ese partido heredero del franquismo», contra el Estatuto. Enfrente está «un Govern que hace los mismos recortes que el de España toma el asunto como bandera e inicia este procés «que es una gran chapuza». «Lo que han hecho es crear mal rollo, sacar eso de ´nos roban`, fabricar ´ los buenos y los malos` . Una peleíta nefasta de gallos, Rajoy elegido con mis impuestos robados y en el otro lado una especie de locura a ver quién corre más, después de un tiempo en el que el papá robaba y el hijastro Mas hacía recortes, el país medio paralizado y todo el rato hablando de lo mismo. Prefiero trabajar para unir. ¡Soy europeo, qué demonios!»

Josep Ramoneda, ensayista, «iría a votar, pero no creo que se vaya a votar». La independencia fue una opción minoritaria. Hasta que Esquerra abrió una ventanita y se abrió paso la utopía. «Con el Estatut se hubieran ganado veinte años…» Él cree que el referéndum no se va a hacer, «las condiciones son muy precarias». La nueva etapa «pasará por unas elecciones». A él le cansa «el doble lenguaje de los que dicen en público que se votará y que en privado dicen que es casi imposible, porque el Estado es el Estado… Hay políticos que han empezado a dar señales de que no se lo creen». La sensación, dice Ramoneda, es «de sana incertidumbre».

Nùria Amat, autora de la novela El Sanatorio, sobre las consecuencias del proceso («alegoría de una civilización enferma»), tiene esto que decir: «El 1-O es el último cartucho para engañar a los catalanes de buena fe». Como «los trágicos nacionalismos europeos manipula a los medios, engaña a la población». «No habrá referéndum», dice, «porque confiamos en la responsabilidad del Gobierno» para impedirlo «con los medios legales y demócratas a su alcance». Y si surgen «las manidas urnas no hay que votar», dice con énfasis. Los dirigentes del proceso, han dividido Cataluña «en amigos y enemigos». Según ella, «las trampas de la voz cantante del separatismo catalán recientemente instituido con el llamado Procés son bien conocidas por su insistencia en utilizar una propaganda similar a la de los trágicos nacionalismos europeos. Manipulando a los medios, engañando a la población. Son muchos los que callan, porque temen perder sus trabajos, su vida social, familiar.., ser marginados. Razones que conozco bien. He recibido amenazas, insultos, ninguneos. Si bien hay que decir que esta actitud represiva ha ido a menos. Como se ha comprobado con la publicación de mi última novela, donde los callados, deciden luchar contra la masa manipulada que obedece por anticipado, encarna la homogeneización de las ideas, teme rebelarse y denuncia al discrepante».