Teodoro León Gross-ABC
- El sanchismo, de tanto cohabitar con el nacionalismo, ha terminado mimetizando sus fantasmagorías
La factoría de relatos de la Moncloa –con su tropa mercenaria de ‘storytellers’– ha cruzado otra penúltima frontera de la degradación institucional. Sin miramientos. Ya no les basta con la milonga de la fachosfera, en un relato narcisista desde el lado correcto de la historia. Ahora, para construir un nuevo enemigo monstruoso en su relato victimista, sacan a escena el ‘Estado profundo’ (Deep State): un término clásico, sigloveintero, sobre redes de poder ocultas conformadas por burócratas, plutócratas, fuerzas del Estado, jueces y militares, incluyendo los servicios de inteligencia, para actuar al margen del poder legítimo. Esta es la última ficción de la maquinaria de la Moncloa. A través del canal habitual –la primera página dominical de ‘El País’– sostienen que el Gobierno está cercado hoy en España por ese ‘Estado Profundo’ que el propio periódico acota: «sectores del Tribunal Supremo, el CNI, la policía, la Guardia Civil, trabajando para precipitar su caída». ¡Sus rilas!
El sanchismo, de tanto cohabitar con el nacionalismo, ha terminado mimetizando sus fantasmagorías. Tsvetan Todorov definía bien ese victimismo oportunista en ‘Los abusos de la memoria’. Llevan años con la cantinela del ‘lawfare’ para blanquear sus casos de corrupción, desde la compra de votos mediante una amnistía hasta las cloacas, atribuyendo todo a una persecución judicial. Ya incluso los ministros hablan de los jueces como salvapatrias salvajes, identificándolos como lobos solitarios. Hay que estar muy desesperado, o muy envenenado, para comparar con terroristas a los jueces españoles sometidos a un sólido sistema de garantías. A la magistrada que investiga el asalto a la frontera de Ceuta la ponen bajo sospecha por haber sido concejal con el PP. Habrá que suponer, entonces, que no merece ningún respeto lo que hagan Pilar Llop, Juan Carlos Campo, Belloch, Ledesma, por supuesto Garzón… y con el tiempo Marlaska y Margarita Robles, porque han formado parte de gobiernos socialistas. Así, de un brochazo.
A los servicios de inteligencia ya los vendieron a los ‘indepes’ con Pegasus, pero ahora los han arrastrado por el barro sin escrúpulos. También han tratado de arrastrar a la Corona por el mismo barro. Sobre el Tribunal Supremo, no es la primera vez que van a la carga –casi se tocó fondo con la condena del fiscal general–, pero ahora les atribuyen arrebatar el voto sagrado a cientos de miles de españoles. La falacia es de aúpa: mediante una orden irregular de una directora general que se inviste ella sola de poder legislativo, otorgan irregularmente el derecho a voto a cientos de miles de extranjeros, y luego exclaman «¡Les están robando el derecho al voto!». Pero de eso va la lógica del relato: no importa que sea mentira, sólo que sea eficaz. Y ese alpiste basta a su clientela para no abandonar el corralito.