Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • Dinamarca a Italia elevan el tono contra España por la política migratoria

Hace seis años, los fotógrafos pillaron a Mark Rutte hablando con Pedro Sánchez en el receso de una cumbre europea. Lo que llamó la atención fue que ambos parecían serios incluso llevando mascarilla y que el holandés señalaba con el índice al español, como diciéndole. El momento era presupuestario y el gesto se interpretó como un reproche en términos de frugalidad hanseática. Ayer, en Bruselas, la que le meneó mucho las manos a Sánchez en la cara fue Mette Frederiksen, que es rubia como Rutte pero danesa y socialdemócrata. Fue uno de esos encuentros en el plenario. El presidente estaba sentado, Frederiksen apareció por detrás y cayó sobre él: «Escúchame una cosa, Pedro, te comento…» Sin levantarse, Sánchez la miró fijo y con la mandíbula apretada en niveles amarillos: defcon 3. Esta vez suponemos que el tema fue la inmigración porque ayer en Bruselas se habló de Ceuta y porque el Gobierno danés lidera el endurecimiento de las políticas migratorias de la Unión. Frederiksen es partidaria de reducir el asilo a mínimos rayanos con el cero y de que la avanzada Europa deslocalice su espíritu acogedor a lugares como Ruanda. Su gran aliada para reorientar la política comunitaria en este asunto es Giorgia Meloni, que tras el asalto a la frontera de Ceuta nos expulsó a los españoles de Schengen, aunque lo hizo a la italiana: no del todo en serio.

Ayer Dinamarca e Italia lideraron una reunión de dieciocho países antiinmigración (Alemania incluida) de la que Frederiksen salió hablando de alguien «que hace prácticamente todo lo contrario que el resto de nosotros». Lo que hace ese alguien es permitir que quien entre ilegalmente termine quedándose legalmente. Iba por España y mezclaba de un modo interesado la regularización de inmigrantes con los sucesos de Ceuta. Aunque también podría ir por los inmigrantes irregulares que acceden a los permisos de trabajo que expende por cientos de miles el Gobierno de Meloni. La italiana es buena defendiendo posturas que contradice después sin problemas. Adelantándola por el flanco populista, el primer ministro checo mezcla a España con la teoría de la sustitución. «Una cosa es el discurso y otra el blablablá», explicó ayer Sánchez de un modo confuso y puede que respondiendo a las manos danesas con un dedo ibérico. Mientras el trasatlántico de la Unión gira pesadamente el timón de la política migratoria, los países aprovechan para hacer política interna. Nuestro compromiso europeísta es en ese aspecto intachable. La Unión atraviesa un tiempo marcadamente electoral. Quizá les suene.

España

Dantesco de Dantés

No sé cómo habrá terminado la izquierda a la izquierda del PSOE, pero que no se olvide lo que hizo ayer Gabriel Rufián. Tras haber desencadenado la fase final del sainete anunciando su alianza con Podemos, el partido que antes que alianzas persigue exterminios, el diputado de Esquerra se dio una vuelta por los medios para mostrarse herido, exhausto, frustrado. «No he podido», reconoció. «Hemos fracasado». Y pidió disculpas. Fueron unas disculpas sinceras, humildes, espontáneas. Se notaba porque Rufián las ofreció exhibiendo una consternación —mirada baja, tono intenso, mofletes metidos, dolor soterrado— que parecía calcada de Jeremy Allen White, el guaperas de ‘The Bear’, y no tenía detrás menos de cinco o seis horas de ensayo frente al espejo. «Estamos dando un espectáculo dantesco», llegó a decir. Y a mí me pareció mal que ningún compañero dejase el micro para abrazarle y dedicarle unas sinceras palabras de consuelo: «Gabriel, no te preocupes, que es dantesco pero de Leonardo Dantés». Después vimos a Ada Colau diciéndole a Rufián desde Zaragoza que no bajase los brazos, que luchase. Nota al margen: lo envilecedor no es el teatrillo, sino la asombrosa tolerancia del país al teatrillo. «Ayer estuve a punto de irme», confesó frente a las cámaras Rufián, que también se iba a ir del Congreso hace diez años. «Pero me frenaron», reveló. «Te juro que es tal cual», garantizó. «¡Me estáis destrozando!», habría gritado con lágrimas en los ojos si por casualidad la escena famosa de ‘Rebelde sin causa’ le hubiese aparecido la víspera en TikTok.