José Alejandro Vara-Vozpópuli

  • La del ‘buitre’ ha caído, otra se va de España y ya solo le queda Robles para levantar el vuelo

Margarita Robles (León, 69) es juez. Forma parte de un Gobierno en cuyo seno se pusieron en marcha las cloacas para acabar con una juez. Una magistrada íntegra a la que hostigaron, persiguieron, difamaron, fotografiaron a sus hijas y hasta negociaron con una mafia del narco para “eliminarla”.  Beatriz Biedma cometió la osadía de procesar al hermanísimo por prevaricador. Y por gandul, que no está penado pero es un clamor. Un vago de siete suelas hermano mayor del jeta que pagó sus primarias con la pasta de su suegro proxeneta. Detalle que todavía no ha confirmado. Da la impresión que le vergüenza reconocer el entorno familiar/laboral de su esposa, la catedrática que no puso un pie en la Universidad. Serán imaginaciones. O bulos.

Margarita fue una juez valiente que se enfrentó a Pujol, y a Felipe González, en el caso Banca Catalana cuando ocupaba silla en el CGPJ y aún le adornaban ciertos brillos de integridad. Reclutada para el gobierno de Belloch, incurrió en el lodazal de la política y se sumergió a tope e la cofradía de Pedro, donde milita con entusiasmo desde que urdió la estrategia del derribo de Rajoy mediante la moción trucha de su colega el juez De Prada.

González no dice ni mu

Sin Margarita quizás no habría habido Sánchez igual que sin Pumpido no existiría el sanchismo. Es uno de los tres ministros, junto a Planas y Marlaska, que acompañan a Sánchez desde su aterrizaje en Moncloa. Los tres, casualmente, fueron víctimas del pinchazo de Pegasus. Los tres, por tanto, reos del sultán del sur. Los tres, asimismo, guardianes de oscuros secretos del number One y de veteranos socialistas con intereses económicos en la zona. Felipe González no ha dicho ni mu sobre la invasión de Ceuta, oh casualidad. Ni Bono. Ni Moratinos. Esa es otra mafia.

Volviendo a Margarita. Sánchez la ha encumbrado en el puesto número dos de la lista por Madrid. Al muy perjudicado Marlaska le arrebató la cabecera en Cádiz, donde le odian desde el crimen de Barbate, y le ha humillado tres puestos por detrás de su feroz rival, la soldadita.  Robles le ha dado la puntilla con el alfanje de Mohamed. Aprovechó la crisis de Ceuta para liquidarlo. Es la más hábil en el terreno del engaño y de la perfidia. Ha desfilado -aún lo hace- en las filas de la izquierda sensata, razonable, dialogante con la oposición, lo que le ha valido bienvenidas críticas desde los sectores más extremos y zopencos de su familia política.

Descrédito de las Fuerzas Armadas

Permaneció sentadita en su escaño cuando todos aplaudían la intervención del líder mintiendo bellacamente sobre la invasión de Ceuta. Ella, que todo lo sabía,  hizo como que defendía al CNI contra las estupideces que recitaba el bobales de Marlaska. Predicaba loas ortopédicas a las Fuerzas Armadas con su muletilla de “mi enorme respeto a su labor”, sin preguntar si las FAS la respetan a ella. Se hizo una fotito con una implorante mujer ceutí y volvió a su casa. Calladita en toda la crisis. Tampoco convocó al Consejo de Seguridad Nacional tras conocerse la irrupción de buques de guerra de Mohamed en aguas españolas. miró para otro lado. Se hizo la muertita. Heroico patriotismo.

Robles ha conseguido rebajar el nivel de estima y consideración de los españoles hacia sus ejércitos, igual que Marlaska ha logrado destruir el mayoritario respeto general hacia la Policía. Entre los uniformados se salva la UCO, con el coronel Balas al frente y su trabajo le cuesta. También era objetivo de la mafia de Cerdán, o sea, de Sánchez. Tantas cosas arrasadas en estos ocho años.

Le llamó ‘pájara’ su jefe. “Bueno, Ábalos le malmetió”, fue la excusa de la señalada. Sánchez no puede vivir sin ella. Ella sí podría hacerlo sin Sánchez. Incluso, si se tercia, no quedaría mal en el PP. Esquiva la polémica, huye de los asuntos ríspidos. «No me van a encontrar en esa”. “Sólo me preocupan España y mi trabajo”. Es el alfil más fiel del caudillo en el Gobierno. Calló con el pacto con Bildu, con la liberación de etarras, con la amnistía, con entregar Pamplona a los de ETA, con pactar los presupuestos en Waterloo con un prófugo, con la suelta masiva de violadores… Nunca va de cara, gusta de la ironía, las medias palabras. Lo suyo son las zahúrdas de la intriga, los sótanos de la conspiración. Sus principios son tan sólidos como los de su jefe y apenas destaca por la decencia de sus convicciones. “Ya salió la luna y Margarita sigue mintiendo”, dice una conspicua militante del PSOE.

El ‘buitre’ de Montse

En el corazón profundo de la molicie socialista emergió súbitamente esta semana un personajillo casi ignoto, Montse Mínguez (Lérida, 50) más conocida como ‘ricitos de oro’ debido a esa ruidosa coiffure que entorpece su agudeza intelectual y su incuestionable brillantez dialéctica. Fue nombrada portavoz del PSOE a principios de temporada y ni siquiera logró escapar del anonimato pese a ubicarse tras la tonsura del vice Cuerpo en el Congreso, a la vera de Patxi, con esa cara que parece que utilizan para empujar los trenes averiados de Puente.

Su protagonismo ha sido efímero. Un suspiro. Montse actuaba los lunes en Ferraz como portavoz del partido, en unas performances en las que bordeaba alegremente el ridículo. Ahora se había convertido en fugaz estrella de consumo tertuliano, dada su relación sentimental con un empresario de la cosa inmobiliaria, ese ámbito considerado poco menos que diabólico y fusilable desde las filas del progreso. La ahora dimitida Montse, que farfulla el castellano con la intrepidez con la que una mula danzaría el Cascanueces, fue pillada en esa clamorosa contradicción del socialismo consistente en predicar lo que no practica. El joyero Zapatero la pobreza, Pedro la abolición de la prostitución, Marlaska la transparencia, Bolaños la independencia judicial, Ábalos el feminismo y así sucesivamente.

Sus invectivas contra los odiosos caseros y los ‘fondos buitre’eran prolijas y recurrentes, en ocasiones incendiarias, hasta que Artículo 14 desveló que el ‘buitre’ lo tenía en casa, su marido, un señor con aspecto de gigoló de provincias, con más de treinta pisos de alquiler en su cartera y unos cuantos desahucios a sus espaldas. Incluso con yate. La agresiva ilerdense, que tanto clamaba contra el novio de Ayuso, protagonizó una intervención apoteósica en lo de Griso para justificar su larga trayectoria de lanzamiento de anatemas contra los malditos rentistas: “Esto es un ataque personal, lo de mi pareja es una empresa familiar que se dedica al alquiler y cumple con la legalidad”. O sea, igual que el casero de Maricarmen, al que han querido colgar.

Luego de tocar techo en la cumbre de la hipocresía, algo muy valorado entre su gente,  fue premiada con el número uno en las listas de Lérida hasta que este viernes le dio por dimitir. Posiblemente exigencias de su esposo porque a Pedro estas minucias poco le importan. La directora de la Guardia Civil y la gerente del partido, imputadas ambas, siguen en sus puestos.

La huelga de Yolanda

Otra destacada pajaruela que orna el alambre de Sánchez, tan desportillado, es la ya casi olvidada Yolanda Díaz (Fene, Coruña, 56), aún vicepresidenta, ocupada en encontrar un espaco habitacional en Ginebra, su próximo destino si las previsiones no se tuercen. “La ciudad más propicia a la felicidad”, decía Borges. En estos coletazos de su paso por el Gobierno y mientras estudia inglés, la infatigable verborreica ha tenido tiempo para protagonizar dos gestitos que merecieron cansinos espacios en los medios y que suenan tan tramposos como toda su carrera.

Primero fue el reclamo a los sindicatos para que convoquen una huelga general contra la oposición, hecho sin precedentes en la historia del gremialismo mundial. Sordo y Pepito son sus pequeñas marionetas, han actuado como tales durante todos estos años, no han levantado la voz y solo han puesto el cazo. Ahora, como última genuflexión a su generosa financiadora, le van a dedicar este gesto magnífico de salir a las calles contra el PP cual si fuera una ronda de la tuna compostelana.

Y como está de salida, poco le ha costado sumarse a la agitación de las pensiones, el argumento trampa que el PSOE pone en la mesa electoral cuando las cosas le pintan de pena. Como ahora. Todo le sale mal. Desde el batacazo con el fiscal general a la invasión de Ceuta pasando por la dimitida Mínguez y la campada en Sol por Maricarmen, la ‘ley de nietos’, los Presupuestos… De tres pájaras acaba de caer una. Muchas más necesitará para levantar el vuelo.