Editorial-El Correo

  • El daño de las guerras del presidente en el bolsillo de los estadounidenses expone a los republicanos a un revés en las legislativas del martes

Donald Trump afronta las elecciones de medio mandato que Estados Unidos celebra el martes con la misma actitud con la que conduce sus políticas. Si los resultados permiten al Partido Republicano conservar la mayoría en el Congreso, el presidente reivindicará el éxito como si él mismo hubiera encabezado todas las candidaturas. Si los datos acarrean a los conservadores la muy probable pérdida de la Cámara de Representantes y la más dudosa del Senado, entonces el mandatario se distanciará de un fiasco en el que sus casi dos años de segundo mandato habrán jugado un papel estelar.

Es tradicional que las ‘midterms’ castiguen la trayectoria del inquilino de la Casa Blanca. Ya le ocurrió a Trump en su primera presidencia. La historia registra sanciones tan severas como la recibida en 2006 por George W. Bush, que se despidió de su mayoría en ambas cámaras por su impopular guerra en Irak. El actual mandatario afronta esta cita crucial con una extraordinaria valoración negativa entre sus conciudadanos, derivada del aventurerismo que ha guiado su política comercial y del conflicto que mantiene abierto con Irán desde hace ocho meses. No porque la acción exterior se haya vuelto decisiva en unas elecciones nacionales, sino por las consecuencias para el bolsillo de los electores de sus aranceles arbitrarios, especialmente contra los aliados de EE UU, y del ‘shock’ energético por el cierre del estrecho de Ormuz. El encarecimiento del diésel y del coste de la vida en general pesa en el ánimo de los votantes, conscientes además de que su poder adquisitivo se desploma por el fracaso en Oriente Medio y no por los ataques de Ucrania a las refinerías rusas. Kiev detuvo las operaciones defensivas el día 15 y desde entonces el combustible subió otro 1,2%.

En caso de perder la sumisión que el Congreso de mayoría republicana le prestaba hasta ahora, pronto se verá si un Trump ‘pato cojo’ -en los dos últimos años de ejercicio y si opciones legales de reelección- modera su agresividad o se vuelve más audaz. El mundo que sufre sus abusos refrena las expectativas y, en el caso de Europa, debe continuar la tarea de convertirse en un socio de Washington menos vulnerable. Reparar los destrozos llevará tiempo, incluso con un cambio de signo en la presidencia. El Partido Demócrata que aspira el martes al vuelco legislativo, a falta de un cartel para 2028, confía la movilización a un icono del pasado como Barack Obama.