Extraños en un tren

EL MUNDO 10/06/13
SANTIAGO GONZÁLEZ

Rubalcaba toreaba ayer en la misma comunidad en la que había actuado Rajoy la víspera: la de Valencia. El jefe de la oposición reprochó razonablemente al Gobierno su incoherencia argumental por haber afirmado en Peñíscola que este año será mejor que el pasado, pero peor que el que viene: «Si el año que viene vamos a estar mejor, ¿por qué recortar las pensiones?». Pudo ser más duro. Decirle, por ejemplo: «Ese mismo augurio es el que hizo su antecesor en La Moncloa sobre el terrorismo la víspera de la T-4. Y mire».
Recordó que el día anterior había estado allí el presidente rodeado de imputados, aunque sin cebarse. El viernes fue preguntado en Ferraz si aún pondría la mano en el fuego por Blanco y musitó «sí, sí», como quien dice: «Mi nombre es Cayo Mucio Scevola y vean lo que queda de mi mano».
Tuvo una gran ocasión en Valencia para hablar de la corrupción. No tan buena como el día anterior en Sevilla, capital de los ERE, para hablar claro de uno de los asuntos que más preocupa y cabrea a los españoles (y a las españolas, claro). También pudo hablar en Ferraz del tesorero propio, Xoán Cornide, que firmó un contrato con una escritora inexistente y que, según cuenta hoy Carlos Segovia, adjudicó trabajos por un millón de euros a su gestor de confianza, que tenía como socio a su hijo y el domicilio social en la propia residencia del tesorero.
Pero tenía razón en un hecho: Rajoy habló a los suyos en Valencia, posó para la foto de familia con dos imputados y no dijo ni Pamplona sobre la corrupción. Las familias de los ahorcados tienden a mirar con cierta aprensión la soga. Deberían intercambiarse las plazas y los temas: que Rajoy hable de los ERE en Sevilla y Rubalcaba de Gürtel en Valencia, en una versión incruenta de Extraños en un tren. Dos desconocidos coinciden en un viaje en tren. Intiman lo suficiente como para que Bruno proponga un arreglo a Guy: yo mato a tu mujer y tú a mi padre. Coartadas y ausencia de móviles para los dos.
Mientras, Rubalcaba habla en todas partes de mujeres e igualdad. Ningún otro lugar tan idóneo (Sevilla tuvo que ser), plaza en la que Griñán comenzó un mitin con estas palabras: «Hoy vamos a utilizar el femenino nada más. Los hombres os conformáis. Estoy muy contenta…».
El secretario general no es tan amante de las fantasías, pero estuvo radical al relacionar a la derecha con insensibilidad respecto a la violencia machista: reprochó a Rajoy que en año y medio no haya hecho una reflexión pública sobre la violencia contra las mujeres. ¡Qué gran ocasión para dar la palabra a su secretario de Organización, muñidor del pacto de Ponferrada con el alcalde de Nevenka! O a su presidente en Euskadi, el único dirigente de un partido de la UE condenado por violencia de género.