Teodoro León Gross-ABC
- El objetivo es simple: que cuando veas a Pedro Sánchez no pienses en Pedro Sánchez
La campaña socialista obedece a un plan sencillo, con un objetivo simple: que cuando veas a Pedro Sánchez no pienses en Pedro Sánchez. Se trata de fabricar un personaje de ficción que se desconecte del presidente del Gobierno que ha gestionado España durante ocho años. La estrategia, altamente profesional, está en curso: las lágrimas de cocodrilo por Maricarmen, el numerito del beso a Begoña en un mitin con un ‘te quiero’ a los cuatro vientos, unos versos de Lorca, ‘running’ con Carlos Cuerpo, visita al ‘Guernica’ para hablar de paz, las jeremiadas de la familia perseguida, las risas con Broncano, la confesión de su vida sexual… y por supuesto el lema de ‘La fuerza del amor’, o ‘El partido del amor’, como claman sus candidatos en mítines con ‘kiss cam’. Todo tiene sentido. Se trata de fabricar al Capitán Amor, un líder sentimental elevado sobre las miserias sucias de la campaña.
Es una apuesta lógica. Lo formidable es que haya quien pueda caer rendido ante ese icono sentimental, su particular Doctor Zhivago, con su poco de Cyrano o el joven Werther, olvidando que sus dos grandes secretarios de Organización han pasado por prisión; que la Audiencia Nacional tiene preparada la imputación del partido por unas ‘cloacas’ para amedrentar a jueces, fiscales y Policía; que su mujer se sentará en el banquillo y su hermano está condenado; que su gurú espiritual está bajo la lupa de la Audiencia Nacional al borde la imputación; que sus políticas energéticas condujeron a un apagón del que no ha respondido; que sus desinversiones en infraestructuras han llevado a un deterioro al que no escapa la tragedia de Adamuz; que la mentira ha sido sistemática, hasta aquel comité de expertos falso en pandemia; que ha pagado votos con la amnistía o la liberación de etarras; que no ha presentado presupuestos… Pero, ah, ama a su mujer y ama la paz, ama a Lorca, te ama a ti.
Construir el personaje del Capitán Amor con todo esto no es fácil, pero tampoco imposible. El relato emotivista siempre está hecho a la medida de un público. Y ese público existe. Más de siete millones de españoles compran el blanqueo del líder que levantó el muro desde el ‘no es no’; que ha optado por la sumisión con Marruecos incluso tras el asalto a Ceuta; que colonizó todas las instituciones, sobre el modelo CIS al servicio militante de la causa, así la Fiscalía General y el Tribunal Constitucional con exministros y adláteres; que está bajo sospecha de manipular el censo con la ‘ley de nietos’; que permitió a Bildu reescribir la memoria democrática; y que niega la alternancia, como si se eligiera democracia o franquismo, mientras usa a Lorca o el ‘Guernica’ para atar la campaña a la Guerra Civil. Varios millones de españoles comprarán esta campaña con un ‘leitmotiv’ fácil, parafraseando el elefante de Lakoff: «No pienses en Pedro Sánchez. Vota al partido del amor».