Iván Libreros-Vozpópuli
- El mensaje de las urnas al PP ha sido contundente en los últimos seis meses: liderará el cambio solo si aprende a convivir con los de Abascal
El Partido Popular se dio un gran baño de multitudes en la mañana del lunes en la sede central de Génova 13. La formación celebró la Junta Directiva Nacional, una en la que se celebró la gran victoria de Juanma Moreno en las elecciones andaluzas. Los 53 escaños obtenidos por el PP-A confirman la continuidad del proyecto moderado del barón, pero con las pesquisas propias de haber perdido la mayoría absoluta cosechada en 2022.
Cuatro triunfos en cuatro citas electorales consecutivas desde que arrancase el ciclo el pasado 21 de diciembre en Extremadura. Después, Aragón, Castilla y León y Andalucía han constatado que el PP es el primer partido de España, el elegido por una gran mayoría de la sociedad para llevar a cabo el cambio ideológico que demanda la nación. Sin embargo, todos estos éxitos han venido acompañados de un asterisco en cuanto a la gestión de las expectativas.
Las encuestas y sondeos crearon un relato en el entorno de la formación, ahondando en la idea de que se podían mejorar sustancialmente los resultados, incluida la ensoñación de una mayoría absoluta en Extremadura y Andalucía que no llegó. Paralelamente, Vox ha ido de más a menos en las urnas. De doblar escaños en Extremadura y Aragón a una exigua mejoría en Castilla y León y Andalucía.
Cuatro elecciones, cuatro pactos con Vox
El techo del 20% no se ha superado, pero el apoyo ha sido suficiente para tener que obligar al PP a llevar a cabo sendos procesos negociadores con el fin de poner en marcha las diferentes legislaturas. Políticas concretas y número de consejerías al margen, el gran éxito fue introducir la “prioridad nacional” en el debate público. El PP ha agotado todas las vías destinadas a contener a Vox, y ninguna ha resultado satisfactoria. María Guardiola apostó por su marca personal, alejada de Génova, y mejoró resultados, pero tuvo que pactar.
Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueco, más moderados y amparados por la dirección nacional en sus actos, más de lo mismo. Y Juanma Moreno, tras una absoluta y cuatro años de gestión casi sin mácula, ha remado un océano para perecer en la orilla de los 53 diputados, a dos de la gesta. España ha mandado dos mensajes al PP, y sería bueno que en la planta noble del partido analicen ambas con el mismo esmero. Feijóo y sus barones van a ser ungidos en las diferentes elecciones para dotar al país de un centralismo y una política económica que devuelva todo a antes del sanchismo.
El remedio a ocho años de corrupción, crisis y descrédito. No obstante, entre tanta alegría, una certeza asoma de forma meridiana. El PP ya conoce cuál es su techo electoral, tanto a nivel autonómico como nacional. A un año de celebrarse las generales del 2027, Feijóo es plenamente consciente de que no va a superar los 140-145 escaños en el mejor de los casos. No importa cómo se reconducen las relaciones con Vox, o si se absorben políticas migratorias y se endurece el discurso contra Sánchez.
El votante de derecha y ultraderecha cree en Santiago Abascal, y nada va a cambiarlo. Ha habido muchas encuestas desde el 23-J, y las más optimistas dieron en algún punto del 2024, tras la amnistía, 150 escaños. Cifra, por cierto, marcada a fuego en el piso número 7 de la sede ‘popular’. Ahora, y a pesar de la corrupción, no se superan los 145, dejando el suelo histórico del PSOE en, como máximo, 110. Un drama, sí, pero es la España que tenemos.
El PP debe adoptar una táctica común con Vox
Por cierto, el PP no debería perder estos doce meses que tiene por delante en confrontaciones, distanciamiento e incoherencia con Vox. Desalojar el sanchismo pasa, de forma inexcusable, por establecer una táctica común con los de Abascal. Nadie habla de listas en común, eslóganes compartidos ni cosas del estilo. El país necesita una línea de actuación, focalizando todo en el problema real e identitario que sufre España, que no es otro que el destrozo tras ocho años de Ejecutivo socialista.
Ya lo vimos en el 2023, se le puede hacer largo la recta final a los dos partidos si no miden esfuerzos. Las elecciones generales tienen su propia idiosincrasia, y los socios pueden rearmarse. Sumar no estará, pero habrá fuerzas a la izquierda del PSOE que suplan esas siglas inocuas. Junts perderá fuerza, pero estará ERC, Alliança Catalana (quién sabe), Bildu con más peso, BNG, etc.
Sánchez puede contar sin buscarlo con un suelo de 40-45 escaños de sus socios, lo que resta épica al hecho de repetir la suma. Por ello, PP y Vox deben, por fin, entender qué están dictaminando los españoles en las urnas en las cuatro comunidades autónomas que han concurrido a elecciones. Una de ellas, por cierto, en el caso de Andalucía, que es fundamental en la carrera por Moncloa.