- Añada el lector los obstinados y pertinaces datos que la actualidad nos trae en forma de joyas, chantajes, comisiones, prevaricaciones, guerra sucia, cátedras falsas y corruptelas de toda estirpe. Concluirán que ya nunca más aceptaremos un comentario desde la prepotencia indecorosa de quienes hoy nos gobiernan
Uno de los expedientes X de la sociedad española de los últimos cincuenta años era la supuesta o presunta «superioridad moral de la izquierda». Era algo de lo que se hablaba, pero que nadie vio ni percibió. Algo así como el monstruo del lago Ness, el abominable hombre de las nieves o el unicornio azul de algún cantante cubano. Se hablaba de ella, pero nadie la había logrado comprobar. Ahora ya, definitivamente, sabemos que no solo no existía, sino que además la izquierda, siempre que ha podido, salvo en contadas ocasiones, prefirió deslizarse por las antípodas de un comportamiento honesto. Es más, la izquierda actual gusta mucho de practicar la incoherencia y la hipocresía. Por ejemplo, se ensaña con la enseñanza privada y, sin embargo, envía a sus hijos a colegios privados. Hablan de libertad, pero quieren enviar a la cárcel a todos los que no piensan como ellos y, por tanto, no los votan.
El rosario de hechos objetivos e irrefutables por los cuales hoy se puede afirmar que la izquierda en España ya no puede dar ni una sola lección moral es inmenso. Voy a detenerme, sin embargo, en una luctuosa noticia que dábamos el viernes pasado para seguir ahondando en mi argumentación. Ese día informábamos del fallecimiento de María Isabel Fraga, una de las hijas de Manuel Fraga, el gran patrón de la derecha y fundador del PP. María Isabel era médico de profesión y, durante sus últimos años, tras cuidar de su padre, ya nonagenario, se volcó de forma incansable en diversos proyectos solidarios, con especial apoyo a los colectivos más vulnerables en tierras africanas, concretamente en Madagascar. De no haberse muerto de manera repentina e inesperada, no sabríamos que llevaba tiempo haciendo esa labor. Lo hacía desde el más absoluto anonimato. Esa es ahora mismo la diferencia entre la hija de un prohombre de la derecha y las hijas de algunos activistas de la izquierda moderna española. No hay razones para estar estableciendo comparaciones, pero los hechos son tercos. Y ello nos lleva a la conclusión de que la izquierda actual no está en condiciones de dar lecciones morales a los demás.
En la actual izquierda de España habitan personajes como Otegi, perteneciente a una banda terrorista que aterrorizó a los vascos durante medio siglo. También están personajes como Pablo Iglesias que, siguiendo el manual chavista, quiere meter en la cárcel a quienes él denomina la derecha. Le acompañan las feministas que miran para otro lado cuando sus compañeros consumen la prostitución o vivieron de ella. O aquellas otras que pusieron en la calle a casi un millar de delincuentes sexuales. Por no hablar de la catarata de escándalos que cada mañana nos sobresalta desde el campo socialista.
Fraga, tras más de cincuenta años de servicio a la sociedad española, murió sin un duro. Su velatorio se celebró en el salón de la casa de su hija María Isabel, en el que difícilmente cabían el féretro y unos cuantos amigos. Se fue, como Machado, ligero de equipaje. Poseía una mente portentosa, sobre todo para acumular datos, aunque no siempre le acompañaba en el acierto a la hora de tomar decisiones. Sirvan estas líneas como humilde homenaje a su hija, cuyo ejemplo, aunque ella no lo pretendiese nunca, nos servirá a muchos para recordarle a la presente izquierda española que su presunta «superioridad moral» ya no sirve, porque nunca existió, por mucho que retuerzan la memoria y la historia con leyes. El pasado siempre nos puede sorprender, pero la memoria es íntima, personal. Añada el lector los obstinados y pertinaces datos que la actualidad nos trae en forma de joyas, chantajes, comisiones, prevaricaciones, guerra sucia, cátedras falsas… corruptelas de toda estirpe y concluirá que ya nunca más aceptaremos un comentario desde la prepotencia indecorosa de quienes hoy nos gobiernan sin ganar elecciones, sin Presupuestos, sin apoyos sociales y contra la voluntad abierta de la mayoría de la ciudadanía.