Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli
- A Pedro Sánchez no le queda otra que llamar a las urnas
La sesión plenaria del Congreso podría haber sido el viernes pasado el escenario grandioso del derrumbamiento definitivo de ocho años de gobierno de un personaje legendario al estilo de lo que fueron los últimos días de Margaret Thatcher en el 10 de Downing Street, pero dadas las características del protagonista, un arribista tramposo e iletrado, falsificador de tesis, adulterador de comités federales, beneficiario del rendimiento en dinero negro de sucios y húmedos negocios, mentiroso impenitente y reincidente, resentido social vulnerador del protocolo con patéticas horteradas de quídam de barriada, cercado por la corrupción de su entorno más inmediato, narcisista de baja estofa y capaz de todo tipo de traiciones a su país con tal de mantenerse en el poder, su destino se asemeja más al de la figura central de À bout de souffle, la celebrada película de la nouvelle vague, al igual que él un desalmado sin escrúpulos, improvisador desaprensivo, ruin y codicioso, hampón vulgar, que acaba abatido en plena calle por la policía muriendo tan miserablemente como había vivido.
El hecho de que semejante individuo fuera recibido por su Grupo Parlamentario con una prolongada salva de aplausos, preámbulo de la estrepitosa derrota que iba a sufrir horas después, pone de relieve como un partido político centenario puede degenerar hasta convertirse en un rebaño de paniaguados sin dignidad ni decoro, carente de ideología y no digamos de principios, dispuestos sus integrantes al servilismo más denigrante y las vilezas más rastreras para no perder el escaño y la nómina, imposible caer más bajo política y moralmente.
El anunciado voto de Junts
Algunos ya habíamos predicho que esta pirueta postrera del sanchismo en forma de dos decretos sobre vivienda tan chapuceros como dañinos, no podía prosperar porque Junts jamás los apoyaría. Basta pensar en la composición sociológica de los votantes de Puigdemont y cia, autónomos, pequeños empresarios, modestos comerciantes, profesionales liberales laboriosos y agricultores supervivientes, gentes de orden propietarias de su casa o de su piso, de una residencia secundaria en muchos casos y con sus trabajados ahorros puestos frecuentemente en un reducido patrimonio inmobiliario destinado a sostener su jubilación o a ayudar a sus hijos a independizarse llegado el momento. Si los centenares de asesores que pululan por La Moncloa tuvieran dos dedos de frente habrían advertido a su jefe que la antigua CiU jamás se suicidaría secundando tal disparate. Otro factor, tan coadyuvante como determinante es el temor cerval de Junts a Silvia Orriols, cuyo programa económico se ajusta como un guante a las necesidades y aspiraciones de la clase media catalana y que ya aparece en las encuestas como segunda opción electoral camino de ser la primera a nivel autonómico. En cuanto al PNV, ha quedado retratado y sus bases sociales se lo van a hacer pagar. Es lo que pasa cuando ni el lehendakari ni el presidente de la organización tienen apellidos eusquéricos. La maldición de Sabino Arana desde el más allá es letal.
Ahora Pedro Sánchez, como ya hizo en su rol de marido profundamente enamorado, se tomará unos días de reflexión. Si la constatación inevitable de que su tiempo se ha agotado prevalecerá o su obsesión patológica por ceñir la púrpura -cumbres internacionales, Falcon, tropel de escoltas, vacaciones pagadas en recintos palaciegos– se impondrá contra toda evidencia, es todavía una incógnita mientras escribo estas líneas. No tardaremos en salir de dudas, pero es sabido que se alza un clamor entre los alcaldes, presidentes y consejeros autonómicos y cargos intermedios del PSOE pidiendo la convocatoria inmediata de elecciones generales antes de que el completo desplome de su pétreo líder les arrastre a ellos al abismo de tener que ganarse la vida como ciudadanos corrientes.
Vigilar el proceso electoral
La malignidad de la banda que ha gobernado España desde junio de 2018 radica en que no está claro si sus agresiones a la racionalidad y su desprecio por la realidad son fruto de su oceánica ignorancia, su ciego dogmatismo o de su convicción de que la mayoría de sus compatriotas son analfabetos funcionales prisioneros de sus emociones primarias susceptibles de ser engañados debido a su insuficiencia intelectual o movilizados apelando a sus instintos elementales. Cualquiera que analice los dos decretos afortunadamente decaídos sin otra perspectiva que la fría y objetiva lógica, advierte que sus consecuencias hubieran sido nefastas tanto para los tenedores de unas pocas viviendas, que son los que están en mayor número en el mercado, como para los millones de personas o familias que buscan alojamiento porque el efecto inevitable de su aplicación sería por una parte la retracción de una oferta de por sí escuálida y por otra una significativa subida de los alquileres de nueva contratación acompañada de un endurecimiento de las garantías, o sea, un desastre sin paliativos.
A Pedro Sánchez no le queda otra que resignarse a que su escapada, como la del Michel de la ópera prima de Godard, magistralmente interpretado por Jean Paul Belmondo, ha alcanzado su término y en consecuencia llamar a las urnas. Conociendo al sujeto, la oposición, la sociedad civil, la Junta Electoral y la justicia en general, harán santamente controlando al máximo el desarrollo de las elecciones y el escrutinio subsiguiente, no sea que el actual inquilino de la Moncloa intente imitar a su modelo Nicolás Maduro y se invente el resultado a su conveniencia. De todos modos, si cediera a esa tentación, que no olvide cuál ha sido la culminación de la trayectoria del ogro caribeño, hoy confinado en una celda de seis metros cuadrados en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn y sometido a un severo régimen de aislamiento y vigilancia. Habrá que ir preparando una solución habitacional similar en Soto del Real para el firmante -que no autor- del libro Tierra firme ahora que ésta se resquebraja bajo sus pies.