Del Blog de Santiago González

El proceso de negociaciones entre el PP y Ciudadanos ha sido largo y presumo que complicado para haber dado un fruto tan magro. Se trataba de una propuesta de Inés Arrimadas para los tres comicios autonómicos que presenta el calendario electoral de este año: el Galicia, Euskadi y Cataluña, Galeusca, según el acrónimo histórico. Las tres comunidades presentan diferencias notables en el mapa electoral, pero  las tres fueron pasadas por el filtro voluntarista de Ciudadanos. O los tres o ninguno, vino a plantear Arrimadas, que insistía en la triple coalición “para no perder un solo voto”.

Antes de que pasara a patrocinar ‘Mejor Unidos’ se oponía a la idea de ‘España Suma’. No están lejos, aunque sí lo estén en la memoria, los tiempos en los que decía: “España suma, la corrupción resta”. Pero esta es una característica muy ciudadana desde Albert Rivera.  Tres veces tres descartó la aplicación del 155 en los meses anteriores a arrogarse la paternidad del invento y declarar solemnemente: “Rajoy rechazó aplicar el 155 en Cataluña antes del 1-O y por eso su gestión fue desastrosa”.

Los extraordinarios resultados de Ciudadanos  en las últimas autonómicas de Cataluña no volverán a repetirse y perderá las dos terceras partes de sus escaños: pasará de 36 a 12. El PP doblará los suyos, de 4 a 8, pero aún así juntos sumarían la mitad de los que sumaron en diciembre de 2017. O sea, 20.

En Galicia, el presidente popular Núñez Feijóo lleva encadenadas tres mayorías absolutas seguidas. La actual  es de 41 escaños, mientras Ciudadanos, que en 2016 tenía una excelente candidata, Cristina Losada, no logró ningún escaño. Creo que Feijóo debería hacer una oferta, pongamos ofrecer a Losada el puesto número 38 en una lista conjunta, justamente el escaño que proporcione la mayoría absoluta. Así, podrían aprovecharse los 48.000 votos de obtuvo C’s (o buena parte de ellos) y se podría incorporar el talento de Losada al parlamento de Galicia. Pero no empezamos bien si Inés Arrimadas considera una posición razonable su oferta de renunciar a que la coalición se llame ‘Mejor unidos’ y una segunda concesión admitiendo que el candidato a la Presidencia sea Alberto Núñez Feijóo. No tengo palabras.

El asunto no me parecía mal sobre el papel, aunque no estuviese llamado a tener un éxito fulgurante. Más vale empezar dando pasos en la buena dirección para el futuro. Pero en Euskadi, la Ley de Murphy está inmediatamente detrás de la Ley de la Gravedad si atendemos a su grado de inexorabilidad. El miércoles parecían haber alcanzado Teodoro García Egea y José María Espejo que es el segundo de Inés Arrimadas en el Grupo de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados.

El trato estaba en colocar al candidato naranja Luis Gordillo en el puesto número 2 por Álava a cambio de que el número 1 fuera el candidato Alfonso Alonso. No parece que esta sea una concesión heroica, aunque el interesado podría temerse que en la cúpula de su partido podría tener algo menos de aceptación que en el compañero de coalición. Pero los términos del acuerdo, incorporar en otro puesto ‘de salida’, el número 2 por Vizcaya a una candidata naranja ha sido demasiado para el vaso, ya desbordante, de los populares vascos que se enfrentan a unas elecciones problemáticas, según los sondeos: con o sin Ciudadanos, perderán representación en el Parlamento vasco.