Carlos Herrera-ABC

  • Mediar entre una empresa y un Gobierno no creo que sea delito, salvo regate fiscal, pero me gustaría saber qué estaría diciendo hoy mi amigo, que era un hombre justo

Hace un año murió mi amigo Jandrín. Mi hermano Jandrín, debería decir. Con el que hacía sin descanso el Camino de Santiago. Por «donde hostias quieras». Era un ser que podría parecer primario y contradictorio pero en realidad era primario y contradictorio; pero por encima de todo era una persona extraordinaria a quien todos queríamos hasta el delirio.

Como escribí en ‘El Semanal’, Jandrín Morán pudo ser, perfectamente, el chaval más malo del mundo. Pendenciero, chulo, golfante y embustero, era capaz de crear problemas donde nunca podría haberlos e incapaz de solucionar los muchos que se creaban a su paso. Estudiante imposible, dedicaba el tiempo en las aulas a pergeñar cómo complicarle la vida a sus compañeros y cómo gastársela a su profesor, posiblemente el hombre más paciente del planeta. Después de suspensos y tropelías varias, la gota que colmó el vaso de los Maristas de León ocurrió la mañana en la que Jandrín tuvo la idea de freír un huevo en un infiernillo al que le acopló una sartén con aceite en plena clase de Matemáticas. Lo iba haciendo con mucho disimulo hasta que el ruido del huevo al caer en el aceite caliente alertó al profesor, el cual, asombrado ante la audacia, escuchó como toda explicación: no se preocupe, don Fulano, que lo estoy friendo para usted. Era un cierrabares, amigo de sus amigos, trabajador, noble como las maderas antiguas y poseedor de la más difícil de las suertes, una gracia natural a prueba de todo malaje. Volviendo de caminar por España le reventó el corazón estando a solas en su casa, y si hubiera podido le hubiese dado la misma hostia que el siempre aseguraba que me iba a dar a mí por ser «anormal», que de tanto decirlo creo que tenía razón. El caso es que Jandrín, leonés de cuna y ejercicio, cuando se hablaba de Zapatero siempre dedicaba esfuerzos vociferantes en señalar que era de Valladolid, que es donde nació el hombre por un aquél del médico de su madre. Yo, que le tengo aprecio personal al que fuera presidente del Gobierno de España –aunque qué importará eso– me pregunto por la sentencia hoy de Jandrín sobre su paisano ZP, al que un aluvión de informaciones está hundiendo en la más absoluta de la miserias, sea por las joyas inexplicables, sea por las gestiones inexplicadas. Su futuro no es ni mucho menos complaciente, porque, entre otras cosas, cada palabra que se evidencie de sus mensajes será interpretada a la contra, tuviera la intención que tuviera. Y cada paso dado, independientemente de la gravedad que comporte, será juzgado con el juicio político que merece su gestión y la de sus continuadores. Mediar entre una empresa determinada y un Gobierno como el boliviano no creo que sea delito, salvo regate fiscal, pero me gustaría saber qué estaría diciendo hoy mi amigo, que era un hombre justo. Hasta él tenía mesura.