La resolución judicial de la Audiencia Nacional que cita a José Luis Rodríguez Zapatero a declarar como investigado, conocida este martes, ha levantado un revuelo de tal magnitud que ha copado inevitablemente la conversación pública durante el resto de la semana.
La investigación al expresidente del Gobierno por presuntos delitos de tráfico de influencias y blanqueo de capitales ha contribuido así a soslayar las repercusiones del acontecimiento que estaba llamado a marcar la agenda política: las elecciones andaluzas del pasado domingo.
Pero, pasada la votación y la presentación de los respectivos balances, pronto los actores políticos tendrán que empezar a tomar decisiones. Y, si imperase la lógica, estas deberían reflejar lo que quieren tres de cada cuatro andaluces.
Según el sondeo de SocioMétrica para EL ESPAÑOL, el 75% de ellos cree que Juanma Moreno debe gobernar en solitario, con apoyos puntuales de Vox o de otros partidos.
Y más allá de las preferencias subjetivas (ya expresadas en la noche electoral), este escenario sería también el más acorde a la racionalidad política, a la luz de los resultados de los últimos comicios autonómicos.
Porque no cabe olvidar que el PP andaluz no sólo le ha sacado una distancia a la segunda fuerza, el PSOE, de 28 diputados y 19 puntos. Sino que aventaja al partido que fanfarronea de su condición «decisiva» en nada menos que 38 escaños.
Es verdad que entre las intenciones de Vox no parece estar la exigencia de una cuota de poder en el Gobierno autonómico.
Tanto Santiago Abascal como su candidato en la región, Manuel Gavira, aseguraron que su partido no reclamaría «sillones». Y han mostrado la «mano tendida» al PP para alcanzar un acuerdo, si bien aún no se han producido contactos entre ambas formaciones para negociar la investidura de Juanma Moreno.
Pero Vox ya ha empezado a hacer gala de su acostumbrado talante intransigente, adelantando que «no vamos a regalar la investidura» y su intención de pactar «medida a medida». Y la alusión de Gavira a las otras tres elecciones autonómicas celebradas este año sugiere que van a tratar de reproducir la postura maximalista que desplegaron durante las conversaciones postelectorales en Extremadura y en Aragón.
Pero es justamente la comparativa con los resultados de las otras tres regiones lo que debería llevar a Vox a moderar sus pretensiones.
Porque Juanma Moreno ha sido el barón popular que más cerca se ha quedado de la mayoría absoluta. Y es en Andalucía la región de las cuatro donde Vox ha registrado su peor marca, sin llegar siquiera al 14% de los sufragios.
Respetar la proporcionalidad parlamentaria, como es de rigor, significa que, a lo sumo, a Vox le correspondería una consejería. Y sería por tanto absurdo obstaculizar la puesta en marcha del nuevo Ejecutivo por el empeño en obtener una retribución política que vaya más allá de algún puesto simbólico.
Juanma Moreno lanzó un órdago a Vox este lunes: «Lo razonable y lo sensato, con 53 escaños y habiéndonos quedado sólo a dos de la mayoría absoluta, es que gobernemos en solitario».
El presidente ha jugado sagazmente la carta del «sentido común», apelando al lema de campaña de Vox, para razonar que sería contraintuitivo el pretender «bloquear el gobierno de Andalucía al que han dado su respaldo 1,7 millones de andaluces».
Igualmente razonable sería que el PSOE permitiese con su abstención la investidura de Moreno Bonilla. Pero es evidente que la inquietud del PSOE por el acceso de la ultraderecha a los gobiernos no pasa de una gestualidad retórica para ocultar los réditos que obtiene de su auge.
Puesto que ha logrado hacerse con el 41% de los votos, y ha ganado en todas las provincias andaluzas con mucha distancia respecto al resto de grupos, Juanma Moreno está en su derecho de aspirar a gobernar en solitario.
Y, a la vista de que, según los datos de SocioMétrica, un 66,5% de votantes del PP se opone a un gobierno de coalición con Vox, cabría decir que el presidente tiene también el deber de intentarlo.
Lo contrario sería traicionar a la mayoría de su electorado, que antes que pensar en términos de bloque, o mostrarse indiferentes a un gobierno de coalición, prefiere que el ganador de las elecciones pueda desarrollar su programa sin verse condicionado por las imposiciones de la derecha radical.
La obligación de Vox, por su parte, es comportarse como un partido adulto y facilitar la investidura de Juanma Moreno, imponiendo unas condiciones cabales a cambio de sus votos.
Vox no puede ignorar la correlación de fuerzas en el Parlamento andaluz, ni tampoco frustrar el claro veredicto de las urnas. Y eso pasar por asumir que la aritmética electoral no le autoriza para impedir gobernar al candidato que ha cosechado la confianza de la mayoría de los andaluces de manera tan rotunda.