Justa venganza

EL MUNDO 08/06/13
ARCADI ESPADA

Querido J:
Hace 15 años, en un descampado alicantino, un hombre de 63 años violó a una niña de 13. Fue identificado, juzgado y condenado a 10 años de cárcel. Siete años después de su crimen, mientras estaba de permiso carcelario, la madre de la niña fue a buscarle a un bar, le echó gasolina por encima, encendió una cerilla y el violador ardió. Al cabo de poco moriría en el hospital. El Tribunal Supremo acabaría condenando a la madre a cinco años de cárcel por un delito de asesinato, tras apreciar la circunstancia eximente de un trastorno mental transitorio. Ahora, miles de ciudadanos, fundamentalmente alicantinos, han firmado para que la madre asesina sea indultada y ayer entregaron su petición a las autoridades. Los partidos políticos de la provincia apoyan la petición. No estoy seguro de que en todos los crímenes se advierta la época; pero si son metáforas habrá que nutrirlas, sobre todo, del tratamiento social y la condena que los crímenes reciben. Estos crímenes de Alicante son un buen ejemplo.
Se deducen algunas cuestiones.
La primera es que una violación puede suponer en España más cárcel que un asesinato. Ni siquiera es necesaria la eximente: antes de aplicársela la madre fue condenada a un año menos de cárcel que el violador. Es interesante. Un caso en que el derecho a la libertad (sexual, en este caso) está por encima del derecho a la vida. Y la evidencia relacionada: aquella niña es hoy una mujer y su agresor un cadáver.
Se deduce, en segundo lugar, una posibilidad de indulto que no tiene precedentes en España. Se trata de un asesinato. Son escasísimos los asesinos que se han indultado en España. La estupenda herramienta de la fundación Civio, El indultómetro, anota el de un grapo que asesinó a un empresario andaluz. El Gobierno Zapatero le concedió el indulto después de que pasara 10 años en la cárcel y quedara parapléjico tras una huelga de hambre. La madre asesina pasó un año en prisión preventiva y una vez formalizada su condena diversos recursos han ido aplazando su encarcelamiento. La petición de su indulto se relaciona ahora con el concedido a un hombre que conduciendo por una autopista en dirección contraria mató a otro. Un indulto que provocó un rechazo general y absolutamente justificado. Es llamativo que ciudadanos y partidos políticos que clamaron contra la decisión del Gobierno invoquen la injusticia de entonces para hacer justicia ahora. Cuando, además, se da la sustancial diferencia de que sólo uno de los condenados comparados quiso matar a su víctima.

· Hay una posibilidad de indulto que no tiene precedentes en España. Se trata de un asesinato
· No es posible que uno se tome la justicia por su mano. Eso es un bárbaro eufemismo

Inexorablemente, y al margen de las alegaciones formales que se incorporen a la petición, el indulto de Alicante hay que relacionarlo con la práctica del ojo por ojo y la venganza. Hay un fondo en los argumentos de ciudadanos, abogados y políticos: el quemado no era una víctima inocente. (Es probable que de esa apreciación se derive el hecho de que sus defensores no hayan considerado necesario incluir entre sus argumentos el arrepentimiento de la asesina). Un fondo de falacia, claro. De las peores. Todas las víctimas son inocentes excepto aquellas que, juzgadas y sentenciadas, son víctimas de la aplicación de los mecanismos del Estado de Derecho, un brillante mecanismo con el que los hombres trataron de limitar, precisamente, el número de víctimas inocentes, dando así el paso civilizatorio que va de la venganza a la justicia. Siete años después de los hechos, es decir, no durante los hechos, no siete minutos después de los hechos, no siete horas después de los hechos ni siete días ni siete meses; siete años después de los hechos una madre fue a buscar al violador de su hija y lo mató. Bien. Ahora permíteme la suposición de que una mujer despechada, y arrastrada por la pasión, matara a su amante, casado y con hijos. Y suponte la continuidad: que la condenan, que sale de permiso, que entra en un bar y que un hijo de su víctima la rocía de gasolina y la prende fuego. Dada la continuidad, y asumiendo que el indulto se proyecta exactamente sobre el caso particular, y sólo con el único objetivo de desentrañar las motivaciones sociopolíticas de la justicia y de la piedad, querría saber si imaginas también en este asunto del hombre que prende fuego a una mujer una franca y generalizada petición de indulto. He querido ponerte un caso sofisticado. Porque lo más cruelmente sencillo sería observar las peticiones de indulto en el caso de que uno de los hijos del violador decidiera quemar a la asesina de su padre aprovechando, no ya su permiso carcelario, sino su indulto.
No descarto que alguna vez pudiera entrar en un bar a quemar a un hombre, yo. Ignoro lo que sucede cuando el corazón de la venganza se mueve a esas revoluciones. La justicia objetiva no coincide muchas veces con la moral particular. Pero, entonces, la inmensa mayoría de las personas opta por la indignación, la resignación y el acatamiento. Una ínfima minoría actúa. No es posible que uno se tome la justicia por su mano. Eso es un bárbaro eufemismo. Lo único que un hombre puede tomarse por su mano es la venganza. Comprendo que alguien entre una mañana en un bar. Así son el dolor y la sangre. Lo incomprensible para mí, por el contrario, es que luego se pida el indulto por ello. Es decir, que uno se salte los trámites fríos y engorrosos y desmoralizadores de la justicia común para realizar un acto libérrimo, de plena soberanía, pero luego exigir a la justicia común que acuda en su ayuda. Verás, querido amigo, que éste es también uno de los principales rasgos de nuestro tiempo y que forma parte del asesinato de Alicante y sus álgebras derivadas. El quererlo todo, uno y su contrario. La vida desaforada, con red.
Sigue con salud
A.