Rodrigo Rodríguez Costa-El Español
  • La alianza entre Moscú y Teherán es menos profunda de lo que han alertado algunos analistas, pero alberga un enorme potencial desequilibrador en algunas zonas geoestratégicas clave. 
 

Vladímir Putin ha visitado esta semana Irán de forma oficial. Es su segunda visita al exterior desde la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero. Y muchas voces alertan ya, la mayoría de las veces de forma interesadamente exagerada, de la gestación de un nuevo «eje del mal» formado por Moscú, Pekín y Teherán. Los tres principales representantes del bloque antioccidental en tres de las áreas geográficas más relevantes del mundo desde el punto de vista económico, estratégico y político.

Pero la realidad es que estamos todavía lejos de una alianza estratégica. Porque esto es una colaboración, sí, pero forzada por las circunstancias, lo que podría llevar a que esta no fuera ni lo profunda ni lo duradera que muchos vaticinan.

Ello no es obstáculo, sin embargo, para que dicha colaboración no comporte nuevos peligros en la esfera internacional.

«Durante los últimos meses las exportaciones iraníes de hidrocarburos se han visto muy afectadas por los bajos precios a los que Rusia ofrece sus productos»

Tradicionalmente, Rusia e Irán han sido competidores estratégicos en las zonas del Cáucaso y de Oriente Medio. Además de competidores comerciales, especialmente en lo relativo a los hidrocarburos (ambos países son potencias exportadoras).

Durante los últimos meses, además, las exportaciones iraníes de hidrocarburos se han visto muy afectadas por los bajos precios a los que Rusia ofrece sus productos. Algo que le está permitiendo a Moscú captar cuota de mercado iraní, con el consiguiente perjuicio para las cuentas de Teherán, muy dependiente de dichas exportaciones.

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Después de la guerra entre Armenia y Azerbaiyán de finales de 2020, Moscú y Teherán están reequilibrando las alianzas regionales en la zona. Armenia, insatisfecha por el escaso apoyo militar ruso, ha buscado en Irán un nuevo aliado. Aliado que, además, presiona a Azerbaiyán por sus presuntos lazos militares con Israel.

También luchan Moscú y Teherán por incrementar su influencia en Tayikistán, donde el primero desea un mayor diálogo y colaboración con los talibanes en Kabul, algo a lo que se opone el gobierno tayiko. Irán, por su parte, desea incrementar la colaboración mutua en cuestiones de seguridad e incluso ha ofrecido la posibilidad de construir una planta de producción de drones de diseño iraní en el país.

«Todo parece indicar que la Administración Biden ha estado tejiendo la madeja de una reforzada alianza antiiraní»

La visita de Putin a Teherán se produce en este escenario de competición estratégica. No es tampoco casual que se produzca pocos días después de la gira por Oriente Medio del presidente de los EEUU, Joe Biden, que ha defendido una agenda con marcado carácter geopolítico y estratégico.

Todo parece indicar que la Administración Biden ha estado tejiendo la madeja de una reforzada alianza antiiraní para, o bien forzar a Teherán a grandes concesiones dentro de un nuevo acuerdo nuclear, o bien ejecutar acciones militares punitivas contra el régimen de los ayatolás que impidan, o al menos retrasen un tiempo significativo, la posibilidad de que Irán logre acceso a armas nucleares, una línea roja infranqueable para Tel Aviv.

Israel, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y hasta el propio Egipto parecen haber sido consultados al respecto en medio de una creciente tensión prebélica en la zona entre Israel y los Estados Unidos, por un lado, e Irán y sus satélites, como Hamás o Hezbollah, por el otro. Algo que hace temer un nuevo estallido de violencia en esta zona.

Irán afronta también grandes desigualdades y problemas económicos. No ayuda a su castigada economía la existencia de importantes sanciones económicas internacionales.

«La Casa Blanca ha anunciado que Irán estaría a punto de facilitar a Rusia drones de diseño y fabricación iraní para ayudar al ejército ruso en Ucrania»

También Rusia se encuentra acosada política y económicamente en el escenario internacional. Moscú ya sufría importantes sanciones por la ocupación de Crimea y por alentar los combates en las repúblicas ucranianas del Donbás. Pero las sanciones se han multiplicado desde la invasión del pasado febrero de Ucrania y las terribles masacres de civiles cometidas por las tropas rusas.

La visita de Putin a Teherán debe enmarcarse en este escenario. Un escenario en el que ambos actores quieren hacer saber al resto de la comunidad internacional que no se encuentran aislados y que una estrecha colaboración entre ambos Estados podría generar importantes y crecientes problemas al bloque occidental.

Para caldear más si cabe el ambiente, la Casa Blanca ha anunciado recientemente que Irán estaría a punto de facilitar a Rusia drones de ataque de diseño y fabricación iraní para ayudar en el esfuerzo bélico ruso en Ucrania.

Hasta la fecha, no hay evidencias de que esta transferencia se haya llevado a cabo y de que material militar iraní haya combatido en Ucrania del lado ruso. Pero, de confirmarse la noticia, se trataría de un punto de inflexión. Ya no en el aspecto militar del conflicto, sino en el político y estratégico.

Porque con ello, Moscú y Teherán escenificarían una alianza más estrecha incluso que la de su colaboración militar en la guerra civil siria, en la que más que aliados han sido socios obligados sobre el terreno.

Ahora, las circunstancias y la cada vez más grave situación internacional pueden terminar de forjar esa alianza sobre la que muchos han alertado, pero que siempre adolecerá de haber nacido sobre la base de la competencia estratégica entre ambos aliados.

Además de los drones armados, tecnología en la que Irán ha logrado destacables avances en los últimos años, se dice también que Teherán podría facilitar a Rusia misiles balísticos y de crucero (basados en tecnología rusa), además de munición variada para reponer los castigados arsenales rusos tras cinco meses de intensos combates.

«La compra por parte de Argel de aviones de combate Sukhoi Su-35 afectaría al balance militar con España»

A cambio, Teherán podría recibir también ayuda militar de Moscú de diverso tipo, como submarinos, buques de guerra, sistemas de guerra electrónica y asistencia técnica para su importante industria armamentística, además de sistemas de defensa aérea y nuevos aviones de combate que ayudarían a Irán a proteger su amenazado espacio aéreo.

Recordemos aquí que su fuerza aérea es, de lejos, el vector militar menos poderoso de las fuerzas armadas iraníes.

Se sospecha, por ejemplo, de la venta a Irán de un lote de aviones Sukhoi Su-35 ya fabricados y destinados originalmente a Egipto, país que no los ha podido (o querido) recibir para evitar las sanciones estadounidenses (CAATSA).

Se trataría de 26 aviones que podrían llegar de manera casi inmediata a Irán, una vez formados los pilotos, y que supondrían, especialmente si llegasen junto a los potentes antiaéreos S400, un refuerzo importante de las defensas iraníes y un modelo mucho más capaz que los Su-30SM ofrecidos hasta ahora por Moscú.

Parece también que Argelia podría estar interesada, al menos, en parte en estos aviones, por lo que habrá que estar atentos a la evolución de dicho interés. Porque la compra por parte de Argel de los Sukhoi Su-35 afectaría al balance militar con España.

La llegada de importantes cantidades de material militar ruso a Irán enfurecerá sin duda a Washington y Tel Aviv, además de a las capitales árabes del golfo Pérsico, haciendo que la tensión bélica actual se recrudezca.

Los pasos que se den a partir de ahora en las siempre complejas relaciones ruso-iraníes serán sin duda muy relevantes para la evolución de los conflictos en zonas geográficas clave para la seguridad occidental en general y europea en particular.

Toca estar vigilantes.

*** Rodrigo Rodríguez Costa es analista de Seguridad y Defensa.