TONIA ETXARRI-EL CORREO

Recuperar el PNV a Joseba Egibar para calentar los motores de la próxima campaña de elecciones municipales en Gipuzkoa y armarse la traca ha sido todo uno. «El euskera es lo que nos hace vascos», ha dicho este fin de semana para medirse en su pulso con Bildu en una sobreactuación que pretende compensar con críticas a la izquierda abertzale. Es solo en tiempo electoral cuando el dirigente nacionalista recrimina a los herederos políticos de ETA que sigan sin renunciar al pasado de la banda terrorista. Cosa que no ha hecho en el resto del tiempo político, en múltiples ocasiones en las que bien podría haberles recordado que no es lo mismo ser legal que democrático. Falta todavía un año para las elecciones municipales y forales. Pero Egibar ha empezado ya a calentar motores en un territorio como el guipuzcoano en donde el grupo de Otegi ganaría con holgura al PNV según todos los sondeos.

Y en vez de contrastar proyectos, opta por utilizar uno de los dos idiomas oficiales de la comunidad vasca como arma de confrontación mientras desde su propio partido hay quien teme que entre el proyecto original (Bildu) y la imitación (PNV) el voto acabará en la primera opción. Que Egibar haya desplegado su conocido perfil soberanista no ha sorprendido a nadie. Ha indignado a la oposición constitucionalista, a votantes vascos que no hablan euskera y a dirigentes de su partido. Pero no ha sorprendido. Los jugadores del Athletic respirarán aliviados pensando que ésta es una jugada guipuzcoana porque si, para ser vasco, hay que ‘vivir en euskera’ , quizás peligraría la cantera de San Mamés.

Es lo que ocurre cuando el PNV se viste de Bildu. Que da al traste con la imagen de pragmático con la que se adorna el lehendakari Urkullu, que quiere seguir seduciendo a la mayoría de votantes vascos no nacionalistas.

Cuando el PNV se viste de Bildu da al traste con la imagen de pragmatismo de Urkullu

Al PP le parece un escándalo que Egibar discrimine a los ciudadanos por su utilización del euskera. Laura Garrido considera que su mensaje es «un claro insulto» a la pluralidad del País Vasco además de suponer la recuperación del discurso soberanista más rancio. La realidad es que poco más del 20% de la población utiliza el euskera como única lengua de comunicación. Y que sondeos del Gobierno vasco han reconocido que la mitad de los alumnos del modelo D (en euskera) no logran ser bilingües porque se desenvuelven mejor en su lengua materna, que es el castellano. Quizá por eso Egibar quiera imponer el idioma. Y distinguir entre los vascos y los que él (y Bildu) considera que no lo son. Esa fue la base del primer borrador del nuevo estatus cuando pretendían diferenciar entre nacionalidad y ciudadanía.

Son ya muchos años en los que se ha visto a Egibar mimetizarse con la izquierda abertzale compitiendo con ella, no en confrontación sino en emulación, a la hora de reivindicar una Euskadi independiente y soberana. Las próximas elecciones municipales y forales serán un punto de inflexión para Bildu, que quiere presentarse como alternativa de gobierno al PNV y, a la vez, seguir formando parte de «la dirección del Estado» como los presentó Pablo Iglesias cuando empezó a visualizarse su apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez. De ahí la subida del mercurio abertzale de Egibar.

¿A donde llevan las ensoñaciones independentistas? Ya lo estamos viendo en Cataluña. Y en Euskadi, los argumentos racistas del fundador del PNV han ido perdiendo fuerza. Pero la búsqueda del sectarismo identitario, ya vemos que no.