Manuel Marín-Vozpópuli

  • Esto no va a ir solo de un viraje ideológico, sino de desmontar ladrillo a ladrillo cada uno de los destrozos con los que Sánchez ha sacudido cada milímetro de nuestro sistema

En España se ha instalado una percepción generalizada de que Pedro Sánchez perderá las próximas elecciones generales y que, de un modo u otro, pasará a la historia política en España. Con seguridad pasará, y de un modo muy distinto al que le planteó al ministro Màxim Huerta cuando le destituyó. “¿Cómo crees que pasaré a la historia?”, le dijo al tiempo que le comunicaba que no debía seguir en el Gobierno “bonito”, lo cual dice mucho de la mentalidad megalómana de Sánchez. Incluso -el PSOE es el PSOE- se ha desencadenado una batalla encubierta por la sucesión. Y ahí está el tipo vacío que es Óscar Puente haciendo méritos en el abismo que hoy es el PSOE, sin poder aguantar una entrevista seria desde la izquierda porque la evidencia es la evidencia. El PSOE se ha convertido en un partido mentiroso y sin credibilidad al que solo le queda poner cara de circunstancias cuando hasta su propia esfera mediática le desnuda. Supongamos que esa teoría es cierta y que Sánchez no puede gobernar a partir de 2027. Supongamos que el sanchismo está moribundo. Corrupción por arrobas, caos en Ceuta, traiciones internas, ministros mutilados, descomposición del régimen y pucherazos fallidos con los nietos. Supongamos el oasis y que, en efecto, PP y Vox obtienen más de 200 escaños. En realidad, 212 como ayer publicamos en Vozpópuli.

La pregunta es sencilla. ¿Cómo revertir nueve años de cacicadas, degradación institucional, perforación del sistema, anulación de la Corona, desprecio al Parlamento, decretazos y dedazos, corrupción sistémica, una legión de mercenarios cortesanos en la Administración en busca de ascensos, asaltos a multinacionales, caciquismo clientelar, feminismo de mentira y lenocinios varios? Si gobernase la derecha nada iba a ser un remanso de paz, ni las verdes praderas que según los Salmos del Antiguo Testamento, te hacen recostar. Supongamos algo en mente de todos. Un Gobierno presidido por Alberto Núñez Feijóo con Santiago Abascal como vicepresidente. Primer Consejo de Ministros. Buenas corbatas, gestos circunspectos y de responsabilidad… y ¡acción! En la calle, lo poco que queda de los sindicatos calentando las meninges sociales. Jóvenes sin vivienda ni demasiada esperanza, sueldos miserables, impuestos sobredimensionados, hartazgo de mentiras y el etarra Henry Parot en su puta casa. ¿Qué hacer? ¿Por dónde empezar? ¿Va un solo etarra excarcelado a volver a prisión? Ya no es posible. El sanchismo es reversible a medias y lentamente.

La reversión del sanchismo, como antes del zapaterismo con Mariano Rajoy, no puede estar repleta de complejos. Con el zapaterismo la derecha falló con su mayoría absoluta de 2011. Así de sencillo. Y de aquel polvo, este lodo. La Abogacía del Estado está infiltrada de sanchismo con hambruna de ego y privilegios. La Fiscalía está desfondada de mentiras; los cuerpos de letrados del Estado, acobardados; las Fuerzas de Seguridad, repletas de patrioteros sumisos… ¿Cómo devuelves la democracia a la democracia? El panorama hoy es desolador. El sanchismo lo ha prostituido todo. Ha emputecido España. Esto no va a ir solo de un viraje ideológico, sino de desmontar ladrillo a ladrillo cada uno de los destrozos con los que Sánchez ha sacudido cada milímetro de nuestro sistema.

Núñez Feijóo y Abascal tendrán que encerrarse en la penumbra de un despacho cuantas horas hagan falta. A solas y sin intermediarios, analistas, calculadores y recontadores de riesgos. Tendrán que entender las urgencias de España. ¿Un plan de desgaste absoluto a dos años vista con sacrificio de ambiciones personales? Lo que sea. Sin fisuras, contemplaciones ni recálculos de la ruta. Porque de lo contrario, todo se irá al carajo. La izquierda sabe de sobra lo que tiene que hacer y una cosa es alentar el miedo social con la derecha, y otra será hacerlo con la derecha en el poder. ¿Y qué? El votante está exigiendo medidas drásticas. La democracia de los moderados podrá ser, pero no en los próximos cuatro años porque la famosa reversión no va a ser fácil. Tendrán que desmontar el andamiaje de una ingeniería social progre que ha resultado una falsedad. Porque solo les han importado los billetes de colores mientras inoculaban una doctrina engañosa. Sobre la mujer, sobre el desempleo, sobre la inversión pública, sobre la vivienda, sobre la convivencia, sobre el bienestar. Todo era un farsa. Han cubierto la atmósfera con una semántica falaz, convirtiendo a semiparados a tiempo parcial en empleados de todas todas y al ecofeminismo en una religión.

Tendrán que recomponer la pluralidad en las instituciones, alejadas de comisarios políticos con carné de gestapillos. Tendrán que poner fin al intervencionismo sin escrúpulos en las empresas privadas. Tendrán que fumigar el amiguismo. Tendrán que dejar de señalar a los jueces, tendrán que recuperar el vínculo atlántico y dejar de ser una sucursal de negocios sucios y opacos con China o Marruecos. Tendrán que idear normas drásticas contra la degradación educativa, derivada de muchos factores complejos, de una sociedad enfocada al ocio y subvencionada, y olvidar esa incapacidad que inculcamos a nuestros jóvenes para asumir que sí, que el ser humano debe frustrarse y decepcionarse para luego remontar. Y dejar de sucumbir a tanto profesorado escudado en los fracasos de las familias, las pantallas y las redes sociales para justificarse y seguir haciéndonos creer que es el colectivo de España más fatigado y que más trabaja. Siempre amenazando con huelgas y con sus dramas.

Hará falta un plan de emergencia legislativa… y asumir que muchas de las medidas de este sanchismo no van a ser reversibles. Supongamos que, en efecto, en 2027 gobierna la derecha en la España del muro, y que el separatismo es innecesario para cualquier tipo de gobernabilidad. ¿Alguien pensó que será fácil en esta dialéctica de España contra España? La mitad contra su otra mitad. Pensamos demasiado en el durante, pero no en el después. No es creíble sostener que la izquierda esté calculando cómo gobernar porque parte del Estado, la que sigue pensando en la legalidad y el imperio de la ley, ha puesto pie en pared con lo poco de dignidad que le ve quedando. Por ejemplo, el Poder Judicial. La izquierda está en la siguiente pantalla, que es conseguir que la derecha no tenga tiempo, no revierta, no rectifique. Que dure poco, y son especialistas en ello. Por eso, lo de Feijóo y Abascal no debería ser una negociación política al uso. Sino un plan de verdad para España.