TONIA ETXARRI-EL CORREO

Puigdemont ha disparado todas las quinielas en las gradas. Con expectativas tan dispares que, mientras los socialistas ofrecen apoyo al presidente Pere Aragonès, el ‘jefe’ Junqueras lanza su jarro de agua fría. Con los socialistas, ni a heredar. Si no concitan el apoyo suficiente para aprobar los Presupuestos, se prorrogarán. ERC y los socialistas son socios en el Congreso. Y bien que lo agradece Pedro Sánchez porque los necesita. Pero si son rivales en Cataluña es porque Junqueras aceptará, seguramente, la ayuda de los comunes pero descarta, de momento, el apoyo del socialista Illa.

Junqueras respira por la herida. Recuerda que los socialistas aplaudieron su encarcelamiento. Pero obvia que eso fue en otra época porque si ahora está en la calle, después de haber sido condenado a 13 años de prisión por sedición y malversación, es gracias a los indultos concedidos por Sánchez. Es cuestión de cálculo. Necesita seguir manteniendo el vínculo con el PSOE en el Congreso porque, hasta ahora, ha conseguido muchos triunfos de la mano del Gobierno de Sánchez. Los indultos y el cambio de criterio del Tribunal de Cuentas para permitir que la Generalitat avale las multas a los promotores de la publicidad exterior del ‘procés’ con dinero público y, sobre todo, la desjudicialización de la política que, entre otras cosas, significa que los procesados que están a punto de ir a juicio por desobediencia y malversación no vayan a la cárcel. Los apaños. La justicia a la carta. Eso busca ERC. Por eso juega con las dos bazas. Apoyar a Sánchez en el Congreso y rechazar a Illa en la Generalitat para no tener que devolverle ningún favor.

La situación es endemoniada para ERC en Cataluña. Pero los republicanos, una vez liberados del lastre de los iluminados de Junts, se sienten aliviados. Les faltan 35 escaños para llegar a la mayoría absoluta. Su futuro es incierto. El socialista les tiende la mano. Una y otra vez. Pero ERC se la desprecia. No quieren darle esa baza a Junts. Pero los socialistas insisten porque Sánchez lleva tiempo esperando el turno de Illa, que es el suyo. Los avatares por los que han ido atravesando sus socios le han beneficiado. Ha visto despejado el campo de la izquierda con el declive de su vicepresidente Pablo Iglesias cuando la victoria arrolladora de la popular Isabel Díaz Ayuso en las urnas le dejó fuera de juego. Y ahora espera que la autodestrucción de la alianza independentista de Cataluña vaya a ubicar a los socialistas en el centro del poder.

¿Qué es la estabilidad a la que alude estos días Sánchez? Para Idoia Mendia, seguir gobernando de la mano del PNV. Para el presidente del Gobierno significa que, en Cataluña, ERC vaya de la mano del PSC. Es decir, la estabilidad propia. No ocurrirá de momento. Es curioso. Son los independentistas quienes quieren destruir al Estado (de ahí que Feijóo emplace a Sánchez a que no les rescate en la Generalitat) y es el ministro Bolaños quien arremete contra el PP por querer «demoler el Estado del bienestar». Una actitud que incomoda cada vez más a los barones socialistas. Dudan de que la estrategia del enfrentamiento con el PP y los empresarios vaya a reportarles un beneficio electoral. Si el PSC no estará en el Gobierno de la Generalitat y tampoco va a hacer oposición, se quedará en un espacio indefinido muy parecido al limbo político, pero el nombramiento de un referente socialista como Joaquim Nadal en calidad de conseller del nuevo gobierno de Aragonès puede abrir una vía a ese tripattito después de las elecciones.