Paula Fraga-El Español

  • El uso de la propia población como arma geopolítica es una táctica de guerra híbrida.

Guerra psicológica. Eso es lo que están padeciendo nuestros compatriotas ceutíes.

Las noticias que nos llegan desde Ceuta incluyen ya el riesgo de brotes de enfermedades transmisibles y violaciones a niñas marroquíes y españolas.

Desolación, ira y dolor es lo que nos transmiten los ceutíes. Dolor que sentimos con ellos porque vemos cómo parte de nuestra tierra es abandonada a su suerte tras el ataque perpetrado, por autoría directa o por inacción, por la satrapía marroquí.

La guerra psicológica es el uso de propaganda y de técnicas de manipulación emocional para destruir física y moralmente al adversario.

Marruecos tiene como adversario geopolítico a España, y quiere anexionarse Ceuta, Melilla y las Islas Canarias. Por eso utiliza todas las armas, por el momento no tradicionales, que tiene a su alcance.

El uso de la propia población como arma geopolítica es una táctica de guerra híbrida. La manipulación social masiva y la guerra psicológica son otras.

Como lo son también el lobismo y la compra de voluntades de políticos traidores (a los que a duras penas puede llamárseles ya españoles) para que promuevan las narrativas expansionistas irredentistas de Marruecos.

Creo que puede considerarse manipulación mediática siquiera permitir el cuestionamiento de la españolidad de Ceuta y Melilla.

Pero si nos vemos en la tesitura de defender estas posiciones, la de la españolidad de ambas Ciudades Autónomas, debemos triturar de frente la narrativa promarroquí para, a renglón seguido, exigir que no vuelva a aparecer en nuestros medios de comunicación.

Porque, además de ser falsaria, pretende imponerse por la fuerza y con violencia, como ha hecho ya Marruecos en el Sáhara, o con guerra psicológica, como está haciendo en Ceuta.

También es manipulación social desmoralizar a la población de Ceuta hasta expulsarla con el objetivo de anexionarse con menor resistencia el territorio.

Cada hijo o hija que una familia ceutí manda a la península, fruto del miedo, es una conquista de Marruecos.

Y la clamorosa dejación de funciones del Gobierno español, incapaz de garantizar nuestra integridad territorial y la seguridad ciudadana, facilita la guerra psicológica de Rabat.

Los ceutíes están dando al mundo una lección de resistencia frente a la colonización territorial y mental. Pero ni les podemos exigir resistencias heroicas ni mucho menos dejarles solos.

Hasta que la normalidad vuelva a las calles de Ceuta, hasta que el Gobierno responda como debe a Marruecos, hasta que asista a los ceutíes, hasta que no quede un solo compatriota al que le duela habitar su propia tierra, tendremos que seguir hablando de Ceuta.