La hora de la verdad

ABC 30/08/16
RAMÓN PÉREZ-MAURA

· La votación del viernes es mucho más decisiva para Pedro Sánchez que para Mariano Rajoy

EL odio, la aversión hacia alguien cuyo mal se desea, es muy mal consejero. Y España entera está viendo cuán infinito es el odio de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy. Porque esa aversión es hoy el vector principal de la política española. No es que el acuerdo entre el Partido Popular y Ciudadanos contenga cien puntos firmados entre Rivera y Sánchez –que los tiene y que ya es asumir por parte del Partido Popular. Es que tiene elementos que desaniman a cualquier votante del PP de mantener su fidelidad política a ese partido. Incrementar el gasto social en 7.125 millones al año –que ciertamente es bastante menos de lo que pretendía Ciudadanos– sigue siendo un disparate para cualquiera al que se haya pedido que se apriete el cinturón y se esfuerce. Pero además de eso hay algunas medidas que parecen impuestas por el mismo PSOE aliado en diferentes momentos de los últimos años con los que quieren destruir España, como los nacionalistas e independentistas de cualquier pelaje. Ahí está la decisión de finiquitar la Lomce, que es el mayor –y en esta hora exitoso– esfuerzo por dotar a España de una Ley de Educación que permita centralizar algo las materias. Un elemento clave que a lo largo de los años se ha ido perdiendo en favor de las autonomías en las que te enseñan cualquier cosa, desde la supuesta independencia milenaria de la Cataluña de Puigdemont hasta la resistencia de «Corocotta» contra el Imperio Romano en la Cantabria de Revilla. Con esa trascendental mejora han acabado Rivera y su gente. Estamos que nos salimos.

Pero éste es el acuerdo al que ha podido llegar el Partido Popular con Ciudadanos. Es el entendimiento que permite formar una mayoría minoritaria que en el pasado era suficiente para poder ahormar Gobierno. Y todo indica que hogaño no va a ser suficiente porque el odio de Sánchez lo hace inviable. Y el odio es un sentimiento que mueve montañas.

Pero también es posible que no sea sólo odio. Es incluso probable que haya algo más: su afán desesperado por mantener el sillón. Porque la votación de mañana y el viernes es mucho más la hora de la verdad para Sánchez que para Rajoy. Porque si Rajoy no es elegido, volverá a presentar su candidatura. Pero si fuera investido presidente, quien se iría a su casa es quien ha bloqueado España y llevado a su partido a la debacle más absoluta: Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Porque todos sus barones que le han acompañado en este disparate que tiene a España paralizada, quienes nos han hablado una y mil veces en privado de que no se puede seguir bloqueando la formación de Gobierno, tendrían las manos libres para resolver el problema de jefatura en el PSOE. Un problema que puede acabar con este partido con la connivencia de quienes han tolerado esta penosa actuación a Sánchez desde los órganos federales del PSOE.