Manuel Marín-Vozpópuli

  • La teoría de la conspiración solo demuestra la cada vez más incisiva mendacidad de quienes diseñan las campañas de acción-reacción en La Moncloa

Al empezar la semana pasada, lo de las joyas de José Luis Rodríguez Zapatero era simple ‘lawfare’ judicial, esto es, un retorcimiento de la legalidad cometido de manera deliberada e injusta por un juez para imputar sin motivo a un expresidente del Gobierno y perjudicar al PSOE y a Pedro Sánchez. Según esa visión mesiánica del faro y gurú de la socialdemocracia universal en que algunos simples e ignorantes convirtieron a Zapatero, el auto judicial no era en realidad el retrato de un vulgar latrocinio. Sino un invento judicial, un artefacto conspiranoico más contra la izquierda porque la derecha tiene unos celos mortales de lo bien que nos gobierna el PSOE. Sin embargo, todo sigue siendo una mentira inasumible. Nuestro presidente más karmático, el contador de nubes, el socialista que da mucho y pide poco, ha sido sorprendido como un raterillo -presunto raterillo- más. Resulta que el sacrificado siervo de los derechos humanos, nuestro Ghandi del Barrio Húmedo, era en realidad un depredador de billetes, joyas, lingotes, minas y petróleo. Daba a todos los palos. Presuntos palos, presuntos billetes, presunta corrupción en una presunta escombrera de presuntos delincuentes organizados para insultar al ciudadano, que no es presunto. El ‘sumario ZP’, no apto para incrédulos pero brutal para el resto de lectores, nos relata que nuestro tierno bambi patrio, nuestro nobel de la paz frustrado, se ha convertido en un jeta sin fronteras devenido en un zafio meme de Sisi Emperatriz.

Mediada la semana ocurrió que el PSOE y Moncloa matizaron su acusación de ‘lawfare’. Ya no había mucha excusa para mantener semejante memez porque el sumario judicial apesta, Zapatero se recluye, nada cuadra, el testaferro maniobra cambiando de abogados para “hacerse un Aldama” y cantar, y Sánchez se nos va a ver al Papa para mofarse de García Page, de las elecciones, de la democracia… y para insinuar que aunque fuese acusado de lanzar una bomba como la de Hiroshima en pleno Toledo, él quedaría indemne. Finalmente, al concluir la semana, dos imágenes para retornar al absurdo argumento del ‘lawfare’ y una conspiración contra el pobre de Sánchez. La primera imagen, la del hermanísimo en el banquillo de los acusados en Badajoz por corrupción, y la segunda, la del aspirante a sucesor Óscar Puente convenciéndonos de que todo es una confabulación ultra, una sedición antidemocrática para derrocar al Gobierno de Pedro Sánchez y hundir a la izquierda.

Lástima que fuese Sánchez quien derogase la sedición para beneficiar penalmente a auténticos golpistas. Y lástima que Sánchez no haga caso a aquello que le advirtieron a Michael Corleone en el entierro de su padre, el genuino Padrino. “Aquel que primero venga a ofrecerte hablar de la paz, ese será quien te ha traicionado”. Porque es Óscar Puente quien, oliendo la podredumbre del sanchismo, se está refocilando en la desgracia de Sánchez y se está ofreciendo como buen samaritano a recoger los despojos para continuar la magna obra. Puente no defiende a Sánchez. Ni en su fuero interno es tan simple como para creerse que haya conspiración alguna. Puente sabe que hay detritus por un tubo y sólo está opositando a la sucesión en las ruinas del sanchismo. Que nos conocemos todos.

La teoría de la conspiración solo demuestra la cada vez más incisiva mendacidad de quienes diseñan las campañas de acción-reacción en La Moncloa. A una grave acusación de un juez notoriamente izquierdista según la cual el PSOE diseñó, ejecutó y financió una trama pagada con facturas falsas para matar civilmente a jueces, responde Moncloa con una conspiración golpista de la derecha… ejecutada por un juez de izquierdas. No parece rimar esto, pero por si cuela, Moncloa lo depone. A renglón seguido, el PNV sostiene dos veces en tres días que Sánchez debe convocar elecciones. Y lo hace no porque crea que todo el pozo de mierda sea mentira. En realidad, el PNV asume realmente que lo que están descubriendo la policía judicial y los medios de comunicación es radicalmente cierto. Porque nadie inventa conversaciones. Porque es verdad que “mandaba” en Venezuela. Y porque ni las gargantillas, zafiros y brillantes del clan Zapatero, ni el cinismo de Leire Díez, ni los manejos sucios de Santos Cerdán con la cloaca, ni las facturas falsas para financiar una operación de desguace de la independencia judicial, son una invención.

Todo eso existió. Todo eso se montó en Ferraz con indignos sucesores de Mortadelo y Filemón, y se pagó forzando a una contable del partido que andaba por allí a obedecer órdenes ilegales. Toda la farsa de la protección de la democracia y del amor incondicional a Begoña expresado en una carta bufa ha quedado al descubierto. Había que impedir por lo civil o lo criminal que alguien supiera que la familia Sánchez está contaminada por la corrupción. La diferencia es que ahora un juez, sí, de izquierdas, lo ha escrito negro sobre blanco. Se ha descubierto, se ha descrito, se ha demostrado, y punto. Interesante el cinismo realista de ERC: este Gobierno está acabado, y si resiste es sólo porque una alternativa de PP y Vox sería peor para Cataluña. Es decir, Sánchez está condenado, pero aguanta en pie sencillamente porque ninguno quiere ser el tipo que active la silla eléctrica de Sánchez. Todos quieren electrocutarlo, pero ninguno quiere ser el verdugo. Lo que es tanto como sostener que no hay ninguna conspiración, sino el descubrimiento de una mafia, y que si existe una confabulación… solo responde a otro burdo invento de sesudos estrategas de Moncloa cuya creatividad se ha agotado entre tanto estiércol.

Hipocresía también del PNV, porque no quiere a Sánchez, pero lo mantiene porque depende de él en el País Vasco. Hipocresía de ERC porque se tapa la nariz consintiendo el latrocinio solo para que no gobierne otro. Hipocresía de socios como Compromís, que arguyen el falsario truco de que solo dejarán caer a Sánchez cuando una sentencia firme demuestre la financiación ilegal del PSOE… dentro de 10 ó 15 años. Hipocresía de Junts porque quiere a Sánchez convocando elecciones y fuera de La Moncloa, pero sin mover una pestaña para ello. E hipocresía de Sumar, que los lunes, miércoles y viernes abren debates fingiéndose indignaditos por aparecer como cooperadores necesarios de esta pocilga, pero los martes, jueves y sábados afirman sin ruborizarse que se pueden adaptar al hedor sin mayor problema. Si en una romería tiran más dos tetas que dos carretas, en esta izquierda costalera siempre tira más la corrupción que la regeneración. Y es que los ministros de Sumar son mas sanchistas que la propia Begoña.

El resumen en la ‘situation room’ es sencillo. Sánchez es el único que tiene competencia para convocar elecciones. Y repite sistemáticamente que no lo hará. Los socios podrían apoyar una moción de censura de PP y Vox. Pero repiten que no lo harán. El PP juguetea con una moción. Pero no la presentará si no la puede ganar. Y medio PSOE empieza a estar hastiado de Sánchez, pero una mezcla de cobardía y sumisión química les impide plantar cara. Sí, dos entrevistillas, un poquito de Lobato para no perder el tiro de cámara, un Page tan encabezonado e indignado como impotente, un Felipe González al que nadie escucha ya, o un Madina que ni fú ni fa. Y nada más. No existe nada más. Ni desde dentro del PSOE ni desde fuera, nadie tiene instrumentos para derrocar tanta mentira inflamada. Porque eso es el sanchismo. Una mentira con patas. Nadie quiere a Sánchez pero todos le sostienen mientras encubren lo que varios jueces ya, de izquierdas y de derechas, han llamado una “organización criminal”.

En cualquier caso, y como aviso a tanto engañadito. Sánchez no puede acabar en la cárcel por dos sencillas razones. Una, porque no hay nadie de quienes pudiesen conocer su implicación penal en cualquier asunto que tenta los redaños de delatarlo. Y otra, porque aunque fuese así, es muy dudoso que la mayoría de 176 escaños que lo sigue sosteniendo en el Congreso aceptase un suplicatorio del Tribunal Supremo. La inmensa farsa del sanchismo ha quedado al descubierto. Pero de momento no va a servir de nada. Seguirá ahí. Y ya tiene un nuevo encargo, el de Bildu y Arnaldo Otegi: “Hay que concluir la legislatura con un programa plurinacional”, ha dicho en La Vanguardia. Y los deseos de Otegi son órdenes para Sánchez.