Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Cuanto menos contacto, mejor. No conciben un debate en igualdad de condiciones. La historia viene llena de pruebas. Si puede, asesina al contrario. Si no, lo encarcela. Si no, lo censura. Si no, lo humilla

Un tipo de la tele sanchista ha humillado a una colaboradora de su programa, al punto de provocarle una crisis emocional. Ella misma lo contó mientras abandonaba el programa entre lágrimas: «No me vas a volver a humillar». «Me siento totalmente humillada». «He aguantado mucho tiempo […] pero ya no aguanto más». Para cualquier persona de izquierdas debería ser obvio que la periodista ha sufrido acoso, nombre que designa bien una humillación prolongada en el tiempo. El cariz de ese acoso es laboral aunque no existiera un contrato de trabajo; se presta un servicio remunerado de manera regular a lo largo del tiempo, y existe relación jerárquica: la superioridad la ostenta el sectario con cargo al erario. ¿Por qué he subrayado la obviedad del acoso para un espectador de izquierdas? Porque aquí no se cumple, precisamente. Porque la reacción sería la descrita… solo si el jefecillo de propaganda fuera de derechas y la acosada de izquierdas.

En ese caso, se pondrían de inmediato en marcha tres mecanismos. Uno, la presunción de veracidad del testimonio femenino frente a cualquier versión masculina (la reacción de él fue el silencio y el desprecio, y más tarde un control de daños en forma de falsas disculpas). Dos, la presunción de veracidad del testimonio del subordinado frente al jefe (enfatizada por el reconocimiento de una dependencia económica importante, pues, sin esa colaboración, ella se declara abocada a «comer mierda»). Tres, la empatía que despierta quien se echa a llorar y se marcha denunciando que se la ha humillado hasta lo insoportable.

Pero estos mecanismos no se han puesto en marcha. Silencio. Defender al abusón aquí resulta excesivo incluso para la progredumbre más recalcitrante. Mujer, subordinada, llorando, revelando una larga humillación, apelando a la dignidad por encima de los ingresos. Hay que ser un tipejo demasiado repugnante para salir a defender al maltratador de audiencias y presupuestos. No descarto que tal espécimen exista, el sanchismo ha producido más monstruos que el sueño de la razón. Pero la respuesta de la tropa zurda que siempre se pronuncia acerca de todas las cosas ha sido el silencio.

¿Cómo no van a callarse las feministas y sus aliades, o los defensores profesionales de cualquier causa que permita el alardeo moral, cuando han guardado silencio sobre las más que acreditadas violaciones masivas con asesinato, descuartizamiento y exhibición de cadáveres para la masa enloquecida? Esas mujeres existieron, pero como eran judías, o israelíes, o estaban de visita en Israel durante el pogromo de 2023, se calla la progredumbre toda, fervientemente antisemita, quedando moralmente al mismo nivel que los tres neonazis. Lo de la tertulia del chulito abusador al que pagamos el sueldo no es nada al lado de aquello. Pero nos sirve para no engañarnos: la izquierda es un cuchillo afilado. Cuanto menos contacto, mejor. No conciben un debate en igualdad de condiciones. La historia viene llena de pruebas. Si puede, asesina al contrario. Si no, lo encarcela. Si no, lo censura. Si no, lo humilla.