Teodoro León Gross-ABC

  • Para la izquierda es un triunfo que Juanma Moreno pierda centralidad, moderación, y deba ceder a la extrema derecha

La izquierda ha festejado, y tanto, el éxito logrado en las elecciones andaluzas: la pérdida de la mayoría absoluta para el PP y la entrada de Vox en la ecuación de la investidura. Cantar victoria sería excesivo con sus números, pero sí aplauden ese éxito. Incluso Yolanda Díaz se suma al cortejo. O sea, están celebrando que el PP tendrá que negociar y virar hasta cierto punto a la derecha con alguna concesión a Vox. Así es la miopía egoísta y cínica de la política. Para la izquierda es un triunfo que Juanma Moreno pierda centralidad, moderación, y deba ceder a la extrema derecha. Por ver más débil al presidente andaluz, están dispuestos a que sucedan cosas que en teoría odian. Pero el tacticismo manda sobre los principios.

No es nuevo que un dirigente político festeje a un partido radical del extremo opuesto para dividir el voto a sus rivales. Recuerden el complacido «vais muy bien» de Rajoy a Pablo Iglesias. Fue el 6 de diciembre de 2015, a dos semanas de las elecciones, y quedó reflejado en todas las crónicas parlamentarias del Día de la Constitución. Pablo Iglesias era la estrella del momento desde su irrupción en las europeas de 2014, con la inercia del 15M, y a Rajoy se le veía contento porque ese impulso le garantizaba la victoria electoral. Con un segundo partido en la izquierda de setenta escaños, el PSOE no podía derrotarlo. Ellos venían de la legislatura de los recortes y la corrupción, de Gürtel y los papeles de Bárcenas, y estaban abocados a un mal resultado, como así sucedió, pero el subidón de Podemos le daba la victoria a Rajoy. Y éste no disimulaba su satisfacción, sin valorar el error de alimentar a ese partido radical populista, cuyo protagonismo lo llevaría al poder entre 2020 y 2023 haciendo una gestión bastante calamitosa, prolongada con Sumar. Es lo que sucede cuando se incuba el huevo de la serpiente.

Años después, esto mismo ha ocurrido y ocurre al revés, con la izquierda alimentando a Vox en una estrategia de polarización mediante la política de bloques: el muro de Sánchez. Se trata de debilitar al PP en escaños y en credibilidad, echándolo en brazos de la extrema derecha. Eso sí, como ahora se ve una vez más en Andalucía, la contradicción resulta grotesca: ¿Pero qué hace la izquierda celebrando que llegue la ‘prioridad nacional’ o los recortes a los sindicatos? Les importa una higa, aunque se escandalicen con hipocresía, porque sólo aspiraban a debilitar a Juanma Moreno con su buen cartel de político moderado. No se han tomado ni un instante en intentar negociar ellos con el PP concesiones a cambio de la investidura, por ejemplo participando en la reforma de la sanidad pública que tanto dicen que les preocupa e imprimiendo su sello en políticas sociales… Nada de eso. Sólo aspiraban a que Vox arrastre a Juanma Moreno para llamarlo facha. El peor cinismo de la política.