Iñaki Ezkerra-El Correo
- Vox abraza a Meloni porque se le cayó la carta de Orbán, que era el que le gustaba
Hay algo positivo en todo el desastre de la guerra de Irán y es que ha revuelto los naipes que tenía cada jugador de la timba ideológica. De pronto ya ninguno está cómodo en su silla porque Trump ha roto la baraja con la que jugaba con unas cartas clamorosamente marcadas. Empezó a despotricar contra Europa y ha acabado atacando a la última aliada que le quedaba en torno al tapete bélico. A Meloni le ha tocado el turno de sus exabruptos y el socialdemócrata Paolo Gentiloni ha salido gentilmente en su defensa. La lectura que ha hecho el sanchismo de esa reacción de sus presuntos homólogos italianos resulta curiosa: no es la de ‘ojalá nosotros fuéramos capaces de aprender la lección y apoyar a la derecha española en un contexto similar’ sino la de ‘ojalá la derecha española, o sea, Feijóo y Abascal, fueran capaces de apoyar a Sánchez cuando Trump le insulta’.
Omiten los sanchistas en esa reflexión que, mientras la política de Meloni se ha caracterizado desde que llegó al poder por un realismo pragmático y una inesperada flexibilidad que han despolarizado la vida italiana, Sánchez ha sido el gran polarizador de la vida española. Sin embargo, uno no tiene el menor inconveniente en comprar esa conclusión aunque sea interesada. En efecto, también a mí me han irritado los insultos de Trump contra Sánchez pese a que a este le hicieran feliz porque le colocaban en el mapamundi aunque fuera de forma un tanto precaria. Como me irritó igualmente esa inaceptable bravuconada trumpista de ‘usaré las bases de Rota y Morón si me da la gana’, que era un expreso desafío verbal a nuestra integridad territorial. Me han irritado por un elemental sentido patriótico, esto es, por la misma razón que ha expuesto en estos días Elly Schlein, secretaria general del mismo Partido Democrático en el que milita Gentiloni: «Somos oponentes políticos de Meloni, pero, como todos los italianos, no aceptamos ningún ataque a nuestro Gobierno ni a nuestro país». En este sentido, resulta paradójico que Vox sea capaz de desmarcarse por primera vez del trumpismo para defender la soberanía italiana antes que la española y después de que le parecieran fantásticos los aranceles que Trump se ha sacado de la manga contra la UE y que afectan a la propia economía española. Vox se lanza ahora a los brazos de Giorgia porque se le ha caído la carta de Orbán, que es el que le gustaba.
Trump contra el mundo y España contra sí misma. Aquí no es que estemos divididos los españoles de derechas y los de izquierdas. Es que están divididas la propia izquierda y la propia derecha por su cuenta. De hecho, en su diatriba contra Meloni, a Trump solo le ha faltado hablar de ‘la derechista cobarde’. Y es que parece que el guión se lo hubiera dado Abascal en persona.