Félix Madeero-Vozpópuli

  • Cotufas en el Golfo (III): Alguien que lee lee bien, no puede hablar así, envuelta en anacolutos, pleonasmos, solecismos y muletillas

Paso estos días de agosto entre libros, que es la mejor manera de que pasen las horas olvidando esa mezcla infernal de las altas temperaturas con la humedad. Vaya, lo propio del Mediterráneo, pero este año tan a lo bestia que el teclado de mi ordenador ha dejado de funcionar. Me voy a Jávea, donde la IA me dice que me lo pueden arreglar. Espero un buen rato a que me atiendan. A lo que se ve y oigo, hay personas con el mismo problema, los efectos de la humedad. Cuando llega mi turno, un joven amable me dice que cambiar el teclado lo puedo cambiar, pero que a estas alturas mejor que me plantee comprar uno nuevo. Y eso… ¿cómo se llama?, pregunto amoscado. Mil y pico, responde el trabajador de la manzanita. Cuando escucho eso del “pico” nunca es por lo bajo. Acierto. Un pastizal. ¡Viva el verano y qué bonitos estos días de calor, humedad y multitudes!

Si no fuera por los libros

Sí, sé bien que esto que cuento es mi problema, pero a veces escribir es un desahogo y a eso me agarro. Los libros ayudan mucho y hacen estos días más soportables. Es también la manera de no condenarte esperando una cola en el súper para que quede un carrito libre o sonriendo a un camarero con cara de policía para que te ponga una cerveza. Digámoslo por lo derecho, las vacaciones son necesarias, pero algunos momentos de agosto resultan criminales, y quedarte en casa es siempre una opción a considerar.

A mis amistades les repito mucho aquello que decía el filósofo Blaise Pascal:»He descubierto que toda la desgracia de los hombres proviene de una sola cosa, no saber permanecer tranquilos en una habitación».

La primera vez que leí semejante pensamiento recuerdo que reaccioné con una sonrisa, pero con el tiempo he considerado que el filósofo hablaba muy en serio. Somos seres incapaces de quedarnos quietos, necesitamos las diversiones, las ocupaciones, el ruido, proyectos, las relaciones y ambiciones para no enfrentarnos a nuestra propia condición llena de límites y presunciones. Pascal lo que nos dice es que muchas de nuestras actividades son una forma de huir de nosotros mismos. Y lo que nos sigue diciendo, y diría en estos días avant la lettre es que nos da miedo imaginar nuestra vida sin teléfono, sin televisión, periódico, música, trabajo pendiente, conversación, viajes y compras. En pocas palabras: incapaces de estar con nosotros mismos y de reconocer que, saliendo de nuestra habitación, soportaremos mejor la realidad de que el ruido exterior pueda servir para ocultar el ruido interior, este siempre tan molesto y necesario.

La hiperactiva vicepresidenta dos

Pienso en la vicepresidenta dos de este Gobierno que, digámoslo de aquella manera, nos hemos dado a nosotros mismos. Es verdad que si se hubiera quedado en su casa nunca hubiera llegado a ser ministra, aunque serlo sólo obedeciera a un acto voluntario y caprichoso de otro que sigue sin quedarse quieto, Pablo Iglesias. Este último anda entre las tabernas canallas en las que explotan a los camareros y los platós de televisión en los que se hace periodismo objetivo y fetén. (Fetén, recordarán mis coetáneos, era una marca de cigarrillos canarios muy popular hace décadas. Era fetén la persona íntegra, o algo bueno, excelente y auténtico, pero eso también pasó de moda)

Díaz lleva estos días muy pendiente de su futuro. Sabe que lo que tiene le va durar poco. No volverá a ser ministra porque es muy improbable que la mayoría que lo posibilitó se repita dentro de un año, aunque vaya usted a saber. Se está buscando la vida fuera de España, y por eso opta a la dirección general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) con el patrocinio de Pedro Sánchez.

-Pero si no sabe inglés, me dice un lector amigo.

-Y qué más da, le digo. Tampoco lo sabe el ex ministro Miquel Iceta, y es embajador de España ante la Unesco. Tampoco lo habla el ex presidente valenciano Ximo Puig, y es el embajador jefe de España ante la OCDE. ¿Quién te ha dicho a ti que para ser embajador hay que saber inglés? 

Mi amigo se queda pensando en modo mute, y ahí lo dejo

Como si viviera entre libros

Mientras llega lo de la OIT, Yolanda Díaz, que es persona que tiene de sí misma una alta consideración, ha seguido la estela de su presidente, y se ha convertido en prescriptora de libros. En un video que he visto varías veces porque me cuesta creer que no sea falso, nos dice algunas cosas. Que ella es lectora, que compra siempre en librerías de barrio y nunca en Amazon, y que tiene dificultades para elegir entre los que una voz en off le va proponiendo porque alguno es ‘buenisísimo’ (sic).  Esto de no comprar en Amazon es muy de izquierdas, tanto como hacerse una foto con su niña portando -la niña- un bolso muy fashion y cuqui, el The Tote Bag de Marc Jacobs, pero más falso que un duro de madera.

Ella baila sola, y por eso sale rodeada únicamente de libros. Como si viviera entre ellos, que es precisamente lo que no se le nota cada vez que abre la boca. Una voz le va diciendo títulos de dos en dos, y la vicepresidenta tiene que elegir uno, que ésta y no otra es la gracia del video.

-¿Qué prefieres El libro de las casas o Todo lo hice por dinero? 

-Uy, dice Díez mientras juega con su melena. Prefiero el de Violeta (Niebla). Es maravillosísimo, pero creo que me voy a quedar con el de las casas (de Andrea Bajani).

El video no tiene desperdicio. Y no hace falta que usted no sea partidario de este gobierno ni de lo que representa esta señora para preguntarse, con toda la naturalidad del mundo, cómo ha llegado gente así a tener una tarjeta en la que se dice que es vicepresidenta del Gobierno de España. Y no vale lo de Belmonte y su banderillero, porque entones estaríamos sin salir del bucle de la degeneración política desde que el torero dijera que sólo degenerando uno de su cuadrilla, analfabeto y violento, pudo llegar a gobernador civil de Huelva. Pero dejémoslo ahí, que esta es otra historia y, además, ya sabe uno lo generosa que es la democracia con quiénes menos lo esperan y merecen.

Pascal sigue teniendo razón

Sigamos con el video. Después, la voz le pide a Yolanda Díez que elija entre un libro de Andrea Bajani y otro de Sara Barquinero.

-¡¡¡Uy!!! Es que no tiene nada que ver. Es que… joder…Es que no sé qué decirte.

En fin…si no lo ha visto, véalo, pero no culpe a la Inteligencia Artificial, que no tiene nada que ver en esto. Pascal tenía y sigue teniendo razón. Si algunos y algunas se quedaran en su habitación dejarían de exponerse y exponer con tanta naturalidad aquello de lo que adolecen. La vicepresidenta como lectora de las contraportadas de los libros no tiene rival, o eso me parece cada vez que la oigo expresarse. Alguien que lee, y lee bien, no puede hablar así, envuelta en anacolutos, pleonasmos solecismos y muletillas.

Pascal, a diferencia de Descartes que confiaba mucho en la razón, pensaba que ésta tiene sus límites. El video en cuestión demuestra que el filósofo francés tenía razón ayer y la sigue teniendo hoy.

Cuídense mucho estos días y, como siempre les digo, especialmente si se ponen delante de un Telediario.