Pablo Sebastián-Vozpópuli

  • Sánchez espera que los agentes marroquíes infiltrados acaben pidiendo a los invasores que abandonen Ceuta

Con mala cara de color ‘cetrino’, muchos problemas en sus espaldas y un negro horizonte otoñal judicial y electoral el presidente del Gobierno. Pedro Sánchez reapareció en el Congreso de los Diputados para ofrecernos su versión optimista sobre la crisis de Ceuta, que insiste en llamar ‘migratoria’, a pesar de que hace un mes la calificó como un ‘ataque y una violación de la integridad territorial de España’, lo que constituye una crisis de Estado.

De cuya autoría Sánchez excluye a Marruecos mintiendo y tras asegurar que ‘no existen evidencias sólidas’ que avalen la participación de Marruecos en la invasión de Ceuta por más de 70.000 personas en los días 30 y 31 de julio (y en la que murieron 141 de los asaltantes). Tapando y ocultando Sánchez los informes del CENIF de la policía y del CNI donde se señala la actuación de agentes marroquíes en la planificación y la invasión de Ceuta, tal y como se desprende de los informes y las imágenes aportadas por la policía.

Los que Sánchez valora como ‘evidencias poco sólidas’ o insuficientes para señalar a Marruecos, país del que Alberto Núñez Feijóo dijo tener amenazado a Sánchez, motivo por el que el jefe de la Oposición le solicitó a Sánchez la dimisión por ‘incompetente o por cómplice’, y añadió: ‘lo pagará ante la justicia y en las urnas’. Mientras, el líder de Vox Santiago Abascal llamaba a ‘traidor’ diciéndole que ‘no sabe lo que pasó, pero sí sabe quién no fue’.

El Rey a Ceuta y Melilla

Criticas severas de la oposición a las que se sumaron contra Marruecos, y en consecuencia contra el amparo de Sánchez al Gobierno de Rabat, los portavoces de la izquierda radical y los nacionalistas, cada uno en razón de sus intereses políticos e ideológicos, pero en suma dejando a Sánchez en una notoria soledad. Amplificada en toda España con las manifestaciones pro Ceuta del miércoles de cientos de miles de ciudadanos en todo el país.

Un Sánchez que ahora se sabe que llamó en secreto y a consultas a la embajadora de Marruecos en Madrid por las de las declaraciones de su Gobierno contra la españolidad de Ceuta y Melilla. Y que nos anuncia que el Rey Felipe Vi visitará ambas plazas españolas ‘en la próximas semanas’. Imaginamos que para cerrar el ‘frente’ abierto con el Rey en España aunque con esas visitas se puede reabrir el frente de Marruecos, como ocurrió con las viajes a Ceuta y Melilla del Rey Juan Carlos I.

Misterioso regreso de 63.000 invasores

Un país Marruecos cuya ‘colaboración’ considera necesaria Sánchez para conseguir que los más de 6.000 ‘invasores’ que aún hay en Ceuta, incluidos cerca de 1.500 menores, acaben abandonando la plaza española. Como ocurrió en los días 1 y 2 de agosto con la salida masiva de Ceuta de 63.000 de los más de 70.000 invasores, impulsados por una misteriosa iniciativa o instrucción política marroquí que hasta ahora nadie ha podido explicar.

Aunque algo se insinúa en el informe policial del CENIF cuando se asegura que agentes de seguridad marroquíes impulsaron y dirigieron la invasión, y que esos mismos agentes -infiltrados muchos de ellos en Ceuta- dieron la orden al grueso de los invasores de abandonar la ciudad, como ocurrió. Por lo que Sánchez espera que esa trama marroquí de agentes acabe pidiendo a los invasores que siguen en Ceuta que salgan de la ciudad. Motivo por el que Sánchez intenta evitar la tensión política con el gobierno de Rabat.

El intenso calendario electoral

Menudo comienzo, pues, del otoño político español cuando ya estamos en la cuenta atrás de las elecciones generales que en principio se celebrarán en julio de 2027 como dice Sánchez, y siempre que no estalle una crisis dentro del PSOE con motivo de las malas perspectivas electorales que tienen ante los comicios municipales y autonómicos del 23 de mayo de 2027. Las que llegarán después de un intenso recorrido electoral internacional que se inicia este domingo en la Sajonia alemana donde se teme una victoria de la extrema derecha de la AfD, sobre todo si su candidato consigue mayoría para gobernar.

Comicios a los que se unirán los de Rusia el próximo día 18, y sin oposición alguna consentida por Putin. El 4 de octubre en Brasil con Lula de favorito; el 27 de octubre en Israel con una posible ajustada victoria de Netanyahu; el 3 de noviembre elecciones parciales legislativas en EE.UU con riesgo de que Trump pierda la mayoría en la Cámara o el Senado: el 18 de la primera vuelta de elecciones presidenciales en Francia, con Marina Le Pen por ahora en la cabeza de los sondeos, y también en abril comicios legislativos en Italia, con Meloni en alza. Y por fin, y salvo adelanto sorpresa de Sánchez, el día 23 de mayo de 2027 las elecciones municipales y autonómicas en España.

Donde el presidente Sánchez afrontará su prueba de fuego definitiva para el PSOE y para su liderazgo, ahora muy deteriorado físicamente (con su color cetrino) y políticamente con la pérdida actual de los apoyos de sus aliados parlamentarios. Algunos de ellos con discursos tan demenciales como el de Ione Belarra de Podemos, pidiendo que España rompa sus relaciones con Marruecos hasta que ese país (sic) sea una democracia. Lo que da una idea de los compañeros de viaje que toda IA tiene Sánchez aunque el presidente cree que no romperán con el, aunque ya están en un modo pre electoral.

Apertura del curso político

La crisis de Ceuta ha mejorado pero sigue lejos de la normalidad y todavía corre el riesgo de reactivarse por más que Sánchez -que anunció que va a integrar a Ceuta y Melilla en la Unión Aduanera de la UE- les prometa ahora una sustancial mejora económica, sanitaria y de seguridad en la ciudad. Lo que todavía está por ver en la apertura del curso político que arranca con una importante tensión política que no aportó nada nuevo como lo vimos en el Congreso.

Donde algún día podría aprobarse una moción para bautizar a los leones de las puertas de la Congreso de los Diputados como Ceuta y Melilla, después que el presidente Sánchez recordara que fueron esculpidos con el fundido de los cañones que España capturó en la última Guerra de África. Un gesto que no gustaría a Marruecos y no estaría nada mal a pesar de su condición de satírica ocurrencia y aunque solo sea para rebajar la creciente crispación nacional.