Irene González-Vozpópuli

  • El paraíso progresista es un infierno existencial para el hombre y la mujer que se siente vivo y libre

Hasta ahora, la distancia entre la clase dirigente y la valía de los españoles que trabajan, emprenden y estudian es sideral. Nos hemos mantenido no por las instituciones, sino por un grupo de hombres y mujeres buenos, justos, que han hecho lo que tenían que hacer en su trabajo. España tiene remedio mientras nosotros no volvamos a permitir que nos releguen a pagar nuestro propio suicidio. Toda reforma del Estado exige una disposición moral previa a la que cabe llamar espíritu nacional. Reconstruir el Estado nacional es, en el fondo, reconstruir la confianza en que existe un nosotros que merece la pena salvar y sostener, que merece la pena construir un Estado que permita y garantice la supervivencia de la nación.

Al dolor y la indignación por los muertos de la catástrofe ferroviaria en Urda, se ha añadido el miedo y el asco en el espíritu del español que trabaja y vive en la España vertebrada gracias a las vías del tren. Un país que ha construido sus relaciones laborales, empresariales, políticas y familiares sin tener en cuenta la distancia y la orografía ibérica, sino el tiempo que tardaba el AVE, ahora queda aislada. Abocada a unas carreteras peligrosas con un déficit de 13.000 millones en mantenimiento, atascadas de coches, enormes distancias y una tasa de siniestralidad elevada. Allá donde hay aeropuerto, hay compañías aéreas poniendo precios de vuelta al mundo a vuelos nacionales. ¿Qué va a hacer la clase media y trabajadora para moverse, para vivir en su país ante las fronteras que ha levantado la caída de un Estado en ruinas, devorado por la corrupción y la desidia? Pudo evitarse, nos pudo suceder a cualquiera y nada en el Estado descompuesto desnacional del PSOE garantiza que no vuelva a suceder.

La izquierda, después de culpar sin éxito a un pobre trabajador para salvar a un partido que garantiza a partidos periféricos antiespañoles como Compromís, participar del expolio de los trabajadores españoles, culpó al capitalismo. Para ellos el problema en su mente enferma de ideología es que hubiese gente que cogía un tren para trabajar. La opción que desean es que nos convirtamos en seres semovientes en ciudades de 15 minutos para sacar al perro, montar en bici y cobrar el IMV. El paraíso progresista es un infierno existencial para el hombre y la mujer que se siente vivo y libre.

Necesitamos la patria

El PSOE ha ocupado todas las instituciones, “el-partido-de-Estado” nos ha dejado como herencia el desmantelamiento del Estado y la nación, y éste es el mayor ataque al trabajador, al que emprende, al que estudia para prosperar en su país. Somos los trabajadores los que necesitamos un Estado fuerte que no nos expolie, ni nos asfixie con burocracia irracional, que nos deje prosperar y nos dé una calidad de vida que no tendríamos sin el esfuerzo colectivo entre nuestros antepasados y nosotros. Nadie necesita más servicios públicos, infraestructuras, seguridad, sanidad, educación y justicia que la clase media trabajadora española. Quienes no tenemos nada necesitamos la patria, y como fruto de ella unas instituciones nacionales a su servicio, construidas y reguladas para dar prioridad al proyecto vital de los españoles, al Bien Común como esfuerzo colectivo y superior.

La concepción del Estado es por tanto vital para dirimir el éxito de un proyecto político. Los incentivos son la roca del sistema que se construye y su dirección. Si entiendes tu llegada al poder como una toma de la bastilla, como así lo consideró el PSOE, abrir puertas a los chacales y las hienas que te pueden apoyar en el expolio, a devorar lo construido y el esfuerzo fiscal de los trabajadores españoles, no podemos extrañarnos del desmantelamiento del Estado ni justificarlo con que, al menos, se han puesto puntos violeta en toda España. Si en el Congreso de los Diputados las fuerzas disgregadoras de la nación tienen sobrerrepresentación, si su interés no es el bien común de los españoles de Zamora o de Alicante, sino apoyar al PSOE aun con centenares de muertos que no consideran suyos, es imposible que el poder del Estado se dirija a un Bien Común, a que haya trenes, carreteras o electricidad. Es imprescindible el carácter patriótico y de servicio como primer requisito de todo proyecto político viable y moral de Gobierno.

La última oportunidad

La reconstrucción nacional comienza con la reconstrucción de la confianza de los españoles en el Estado, pero para ello es necesario no volver a levantar lo que nos trajo aquí. La prioridad no puede ser cerrar el agujero de la deudocracia que deja el PSOE. La función de la España normal que no está enferma de ideología no tiene como misión de vida aguantar gobiernos de expolio de izquierdas, cuadrar sus cuentas y ser apedreado en la calle por la izquierda. Hay que construir un Estado con incentivos a la salvación nacional. En el primer escalón del Estado están las categorías estratégicas, ahora abandonas o vendidas a intereses de nuestros enemigos interiores o de Marruecos. Infraestructuras ferroviarias, energéticas, hidráulicas, Defensa, Seguridad, Justicia y la esencial diplomacia exterior. En un segundo nivel de servicio está la sanidad y la educación, y en el nivel asistencial subsidiario la red para ayudar en momentos puntuales a quien se quede atrás. Si todo ello no va dirigido por personas que entienden que hay que sacar a España del hoyo para mejorar su situación, que la prioridad han de ser los españoles y construir un Estado que no sea tan fácil de desmontar por unos delincuentes, habremos perdido la última oportunidad en años de salvarnos.