Cristian Campos-El Español

Perdonen que vuelva a G. K. Chesterton, pero es que está todo ahí. Dice el inglés: “La frase ‘dictadura del proletariado’ no tiene sentido. Es como decir ‘la omnipotencia de los conductores de autobús’. Es evidente que si un conductor de autobús fuera omnipotente, preferiría conducir algo distinto de un autobús“.

También dice G. K. Chesterton: “Todo el error colectivista consiste en afirmar que, puesto que dos hombres pueden compartir un paraguas, pueden también compartir un bastón“.

Hasta qué punto es compatible convertir la defensa de la sanidad pública y la satanización de la privada en un dogma de fe mientras se corre a la segunda en cuanto vienen mal dadas se lo dejo a los exégetas del catequismo socialista. Por discusiones menos churriguerescas se vio obligado el emperador Constante II a prohibir las discusiones bizantinas en el año 648.

Los ateos, es decir aquellos a los que las discusiones sobre la doble naturaleza del socialismo nos resultan cómicas, somos sin embargo libres para mirar con ojos limpios la realidad.

Y la realidad es que el socialismo parece ser un imposible ontológico. Porque en el momento en que un socialista alcanza el nivel de vida de un burgués, y un funcionario de MUFACE es un burgués, el autobús de lo público suele quedar arrinconado en beneficio del Cadillac de lo privado en menos tiempo del que se tarda en decir “Ruber”.

No ha hecho falta más que una epidemia, ni siquiera el fin del mundo, es decir el fin del capitalismo, para que Carmen Calvo y Baltasar Garzón hayan demostrado con sus actos que el socialismo es esa ideología que funciona tan bien en el Parnaso de las ideas, impuesta al prójimo, como mal en el patatal de la realidad, aplicada a uno mismo.

Las contradicciones que se cabalgan han empezado a lanzar por los aires a sus jinetes a la primera sacudida del toro mecánico socialista. Cuarentenas a la carta y en función de las necesidades propagandísticas del usuario. Tests a placer y atención personalizada para los miembros del Consejo de Ministros y sus familiares directos. Clínicas privadas para los mayores apologetas del sector público y habitaciones más grandes que muchos apartamentos de Madrid para los azotes del capitalismo.

Creo adivinar que los pacientes del IFEMA preferirían sin duda alguna dormir en una habitación de la Ruber que en una nave industrial diseñada para albergar ferias y congresos. Pero es que compartir Estado del bienestar, es decir el paraguas, no implica compartir también los privilegios que el capitalismo reserva a los más afortunados de los suyos. Es decir el bastón.

Lo dije ayer en Twitter. Están ingresando tantos izquierdistas en la Ruber que en breve vamos a tener que rebautizarla como Ruberlingrado.

Sarcasmos aparte, me parecería una táctica inteligente la de elevar el nivel de lo que puede considerarse aceptablemente socialista hasta el nivel de la Betty Ford para que el Politburó del partido no deba verse jamás en el trance de tener que justificar frente a la prensa su decisión de no compartir IFEMA con el proletariado.

Pablo Iglesias logró que la militancia le votara el chalet y la piscina. Si han logrado eso, lo de la Ruber es pan comido, teniendo en cuenta que el PSOE arrastra del ronzal a muchas más televisiones, diarios y periodistas que Podemos.

¿Saben lo que decía también G. K. Chesterton? Que lo peor del comunismo es lo mucho que se parece al capitalismo.

También tenía razón.