Marisol Oviaño-Vozpópuli

  • En la UE de Von der Leyen, quien tiene menos votos, gana. ¿A que te suena?

George Orwell escribió 1984 en una granja sin electricidad de la isla de Jura mientras padecía tuberculosis; esa enfermedad que tantas alegrías ha dado a la literatura universal y que a él le costó la vida. Lástima que, 75 años después, las dopamínicas redes sociales hayan convertido a la mayoría de nosotros en una especie distinta, un homínido sin la capacidad de concentración que exige la lectura. Sólo quienes resisten y aún la conservan tendrán el privilegio de acceder a la verdad que encierra la última distopía orwelliana.

Quizá a su visionario autor no le sorprendería saber que hoy chavalas feítas, pero convenientemente maqueadas y recauchutadas, se hacen millonarias moviendo el trasero y poniendo morritos en Instagram y TikTok. Como Marina Rivers, protagonista de Dmocracia, esa campaña gubernamental que presuntamente promociona los valores democráticos, aunque en realidad  parece fomentar la fealdad y la mala educación. Tiene guasa que un gobierno que lleva años sin poder aprobar presupuestos y que está en minoría en el Congreso y, por tanto, debería haber convocado elecciones, nos entoligue ahora el Plan de Acción por la Democracia.  Para repartir dinero entre amiguetes nunca falta. Pero lo mejor de todo es que este despilfarro proviene del Plan de Acción para la Democracia Europea de la Comisión Europea, cuyo objetivo es “reforzar la resiliencia de las democracias de la Unión frente a los desafíos, abordando los ámbitos considerados más vulnerables. Los tres objetivos de esa estrategia se correspondían con la promoción de elecciones libres y justas, el refuerzo de la libertad de los medios de comunicación y la lucha contra la desinformación”.  No te rías, que nos están vigilando.

Estamos acostumbrados al trilerismo de Sánchez, paladín de la democracia que seguirá en el poder aunque los jueces enchironen a toda su familia y sólo le voten los argentinos. Algunos españoles confían en que la UE le parará los pies si, por ejemplo, no convoca elecciones o hay un —¿otro?— pucherazo, pero son unos ingenuos: todavía no han comprendido que la Unión Europea es su cómplice. ¿Dónde está la bolita?

En Europa no disimulan

Un año toca destruir la industria automovilística; otro, el sector primario y, este, nuestra privacidad y libertad de expresión. En 2021, y con la excusa de proteger a los niños, se aprobó el Chat Control 1.0: una medida “temporal” que permite a las grandes tecnológicas buscar contenido de abuso sexual infantil en las comunicaciones de sus usuarios, cosa que la mayoría no hicieron. El Chat Control 1.0 es la antesala del Chat Control 2.0, que obligaría —ya no sería voluntario— a esas mismas compañías a escanear todas nuestras comunicaciones y que acabaría con nuestra privacidad. Pues bien, en abril de este año expiró el Chat Control 1.0 y el europarlamento votó en contra de prolongarlo. Entre los partidos españoles que estaban en contra de la prórroga estaban Sumar, Podemos, ERC y Vox. A favor, PP y PSOE, que en Europa no disimulan que son lo mismo. Deben de creer que, al estar en Bruselas, no nos enteraremos.

Pero Úrsula von der Leyen no acepta un no por respuesta:  se votaría tantas veces como hiciera falta hasta que saliera el resultado que ella quería. No veo gran diferencia con nacionalizar y dar derecho a voto a gente que nunca ha vivido en España, la verdad. Y, además, ella no tiene nada que perder: no se presenta a las elecciones. Hay que aclarar que el Chat Control abrirá la puerta a la identificación digital, el dinero electrónico y demás herramientas de control social que los europeos nunca hemos pedido.

Muy democrático no parece

De modo que Von der Leyen volvió a convocar otra votación la víspera del cierre veraniego, cuando muchos eurodiputados ya habían vuelto a sus países. Eso me suena a lo de poner las elecciones generales en el mes de julio, ¿a ti no? Además, lo hizo por la vía de urgencia, en la que hace falta una mayoría absoluta en lugar de una mayoría simple. Llámame loca, pero a mí esto muy democrático no me parece. Cuando murió Franco me explicaron muchas veces que la democracia es la victoria de la mayoría. Pero parece que en la UE es el KO técnico con el que la minoría dominante se impone a la mayoría.

No sé con cuánto tiempo se anunció la votación ni si los eurodiputados ausentes habrían tenido tiempo de volver, pero me parece un atraso —quizá intencionado— que no puedan votar online. Y lo malo no es sólo que no pudieran votar, sino que, también, y en un gesto que demuestra un gran desprecio por la democracia, las abstenciones —es decir, las ausencias— contarían como votos a favor de la prórroga. No sé tú, pero yo es la primera vez que oigo que la abstención se suma al resultado de los perdedores. ¿No te parece todo un amaño? Finalmente, la votación se saldó con 314 votos en contra y 276 a favor. ¡Ah, han ganado los que están en contra de Chat Control!, dirás. No. Porque no importa que sean mayoría: según ese reglamento demoníaco, los del NO habrían necesitado 361 votos, casi 100 votos más que los del SÍ. Es decir: en la UE de von der Leyen, quien tiene menos votos, gana. ¿A que también te suena?

Si no fuera por el chándal de Marina Rivers, podríamos creer vivimos en una dictadura que simula ser una democracia.