Rebeca Argudo-ABC
- Me dirijo a ustedes para remitirles la que es la única carta que el presidente de un gobierno democrático en mi situación debería permitirse escribir
Ciudadanos y ciudadanas: me dirijo a ustedes para remitirles la que por respeto al cargo, lealtad a la Constitución y responsabilidad de Estado, es la única carta que el presidente de un gobierno democrático en mi situación debería permitirse escribir, aquella en la que comunico mi renuncia al cargo.
Me disculpo por no haber sido capaz de hacerlo antes. El pueblo español no merece el bochorno que suponen mis anteriores misivas. Fue un error, pero el error de un hombre enamorado. Lo correcto, con todo, no sería esta epístola, sino comparecer ante la prensa y someterme a sus preguntas, pues es indispensable contrapoder en una democracia sana, responsable de fiscalizar, en su ejercicio libre e independiente, a los que detentamos el poder. Pero tampoco me pidan tanto, fantaseen ‘ma non troppo’.
No hablaré, entiéndanme, sobre las sospechas de financiación irregular de mi partido, ni de las bolsas de dinero que, dicen, entraban y salían de nuestra sede. Tampoco de la mala suerte de subirme en un coche con unos mangurrianes aficionados a las perras y las titis. Yo con ellos, lo juro, solo hablé durante esos días de Balzac y el cine en la República de Weimar. Dicen que si hay nueve nazis sentados a la mesa y uno se sienta con ellos, hay diez nazis. Pero nada dice la sabiduría popular de golfos, apandadores y Peugeots 407 (solidaridad con mi drama). Solo es pues achacable a la mala suerte que yo acabara en su compañía, como mala suerte fue que, justamente, dos secretarios generales de mi partido acabaran entre rejas por corrupción. Tampoco hablaré de mi hermano y su contratación en la Diputación de Badajoz, ni de supuestas irregularidades en el proceso de selección o el trato de favor que le es achacado. Todo son maledicencias de la extrema derecha y la derecha extrema.
Pero mi esposa ha sido procesada, como bien sabrán. Tras cerrar la instrucción, el juez cree contar con indicios suficientes para abrir juicio oral por los delitos de tráfico de influencias, malversación de caudales públicos, corrupción en los negocios y apropiación indebida. Yo, en mi inmensa magnificencia e infalibilidad, estoy completamente seguro de su inocencia, pero considero incompatible el ejercicio de mi cargo con la defensa cerrada de esa inocencia. El compromiso con el ideal democrático es una obligación que conlleva mi cargo y ello incluye el respeto a la separación de poderes y la independencia judicial. Creo que la Justicia debe trabajar sin injerencias y confío en que su inocencia será demostrada. Debe enorgullecernos como españoles la prueba de que todos somos iguales ante la ley si incluso mi esposa debe rendir cuentas ante ella.
Demostrará su inocencia, estoy seguro, y volveré. O será todo culpa de Ayuso.
Buena suerte. Sin mí la necesitarán.
Acepto sus parabienes que, sin duda, merezco.