La coalición de la izquierda para el Senado ha forzado al Partido Popular y a Vox a mover ficha y diseñar una respuesta táctica con urgencia de cara a las elecciones generales.
El bloque progresista cerró el pasado viernes un pacto nacional bajo la marca «Senado de Progreso». Una plataforma que agrupa al PSOE y a las fuerzas de izquierda radical del Frente Amplio (con la salvedad de Podemos) para aglutinar el voto en 47 circunscripciones.
Ante esta maniobra, pensada para maximizar escaños, el PP y Vox han mantenido conversaciones paralelas para evitar la dispersión de su propio electorado.
Como el plazo legal para registrar coaliciones formales ya ha expirado, la opción de presentar una papeleta conjunta a nivel nacional con las siglas de PP y Vox está descartada.
Pero quedan dos vías abiertas en la fase de presentación de listas, ambas limitadas a un grupo de circunscripciones clave donde la fragmentación penaliza.
Según el análisis de SocioMétrica para EL ESPAÑOL, la primera opción es una fórmula mixta.
Se trataría de que Vox no se presentase en tres circunscripciones insulares, compartiendo listas bajo la fórmula «2+1» (dos candidatos del PP y uno de Vox) en otras 16 demarcaciones.
La segunda opción consistiría en que Vox decida no presentarse en ninguna de esas 19 provincias, dejando todo el espacio a la lista del PP.
Cualquiera de estas dos estrategias otorgaría a la derecha un total de 162 senadores, superando así los 161 escaños necesarios para alcanzar la mayoría cualificada de tres quintos de la Cámara.
Lógicamente, para Vox sería más fácil aceptar la fórmula del «2+1».
Con las listas compartidas, el partido de Santiago Abascal podría alcanzar los 22 senadores, mientras que si opta por abstenerse de concurrir se quedaría con apenas siete representantes.
Si se consolida la primera de las vías, Vox debería buscar perfiles moderados para el Senado, con candidatos que puedan encajar con el programa del PP y no ahuyentar a los electores de centro.
Por su parte, el PP debería mostrar una disposición constructiva a colaborar para materializar este escenario.
A finales de la semana pasada, Abascal mandó «un mensaje de tranquilidad, responsabilidad y compromiso». Y se comprometió a explorar este entendimiento, asegurando que actuarían con «altura de miras» para que España no dependa de Pedro Sánchez.
Es el momento de que Abascal esté a la altura de la palabra dada y facilite esta coordinación bajo el liderazgo del Partido Popular.
Lo que está en juego es la renovación de tres órganos fundamentales. Alcanzar los tres quintos en la Cámara Alta es el requisito legal indispensable para nombrar cargos en el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y la figura del Defensor del Pueblo.
Naturalmente, lo deseable sería alcanzar un gran pacto de Estado entre las principales fuerzas políticas para renovar estas instituciones.
Y, en el caso concreto del CGPJ, llegar a un acuerdo bipartidista para cambiar el modelo de elección de los vocales y hacer verdaderamente independiente el órgano de gobierno de los jueces.
Pero no es posible abstraerse del contexto político actual.
Con el PSOE de Pedro Sánchez no es posible llegar a esa clase de acuerdos, sencillamente porque su proyecto político ha consistido en colonizar patrimonialmente todas las instituciones, excluyendo de ellas a la oposición.
El cambio político que necesita España para sanear su arquitectura institucional exige eliminar el obstáculo que va a suponer para cualquier política regeneradora un Tribunal Constitucional que ha funcionado sistemáticamente por bloques.
Este TC, integrado también por un exministro y una ex directora general del PSOE, ha demostrado estar dispuesto a cualquier desafuero para hacer prevalecer en cada uno de los pleitos constitucionales los intereses del Gobierno.
No se puede olvidar que el TC de Cándido Conde-Pumpido casi siempre ha fallado a favor del Ejecutivo, avalando mediante su mayoría progresista disparates jurídicos como la ley de amnistía, y amnistiando en la práctica a los condenados del caso ERE.
PP y Vox están obligados por tanto a jugar sus cartas de forma inteligente.
Feijóo tiene la oportunidad de demostrar que su enmienda a la totalidad del sanchismo es sincera. Y en función de lo que decida Abascal, se comprobará si Vox está realmente comprometido con un proyecto para echar a Sánchez y dar estabilidad a la alternativa, o únicamente aspira a tomar el lugar del PP.