José Alejandro Vara-Vozpópuli

  • La extrema izquierda arrasada busca líder. El portavoz de ERC, trepa listillo, se ofrece. De momento le tira los tejos a Irene Montero. Dos náufragos

A la izquierda del PSOE ya no queda nada. Unas siglas que parecen erratas y unos personajillos que cacarean por miedo a quedarse sin alpiste. Sánchez se los ha zampado a todos. No queda ni uno en pie. Es un Nosferatu insaciable. “El que aspira a cenar con el vampiro debe aportar la carne”, advertía Ernest Bramah. Los ha dejado en los purititos. Primero cayó Pablo Iglesias, el chulapón de Galapagar, y las niñas del exorcista; luego Yolanda Diaz, miss Biquiños de oro, y ahora, en Castilla, las escurrajas del mantel, que apenas reunieron el tres por ciento de las papeletas. Ni un miserable escaño en el que posarse. Ni un cargo remunerado a la vista. El apocalipsis zurdo. Lo llaman ‘el espacio de la izquierda’ porque no les agrada que les llamen ‘extrema izquierda’ o ‘ultraizquierda’. Ultras, ya se sabe, son los otros. Lo de ‘espacio’ viene del peronismo, un magma estrambótico y rapaz compuesto de mil espacios gritones y corsarios, un puzzle imposible con millones de piezas piratas. En la Pampa, quien no sale un Messi pretende presidir un espacio. Milei los mandó a todos al carajo. Andan ahora llorones y mendicantes, acordándose de la señora madre de Cristina K, la magna choriza de América.

Aquí ha sido Sánchez. Como sus votantes se quedan en casa o se pasan a Vox, se ha zampado lo que tiene más a mano, o sea, el frente popular de Judea, una amalgama desportillada con ínfulas de Robin Hood y proclamas a lo Robespierre. Gandulean, berrean contra la fachosfera y se han ido quedando en cueritatis sin un maldito sillón que llevarse a la nómina.

El terror andaluz

Llegan las andaluzas avisando dentelladas como el perro de Buñuel y les ha entrado el pánico. Las dos formaciones del ‘espacio’ sacaron siete escaños en los comicios autonómicos del 22. Temen quedarse en la mitad. Un espacio más vacío que el armario de un hotel. Naturalmente, no se ponen de acuerdo para presentar candidatura única. Ellos quieren ser Lenin y ellas Pasionaria. Incluso pueden presentarse tres listas en vez de dos. Podemos se desgaja. ¿Se los zampará el PSOE? MJ Montero tiene los colmillos careados, no está para muchos mordiscos. Se daría con un canto en ellos si mantiene los 30 escaños. Los sondeos le vaticinan como mucho 25. Un desastre en el cortijo eterno del PSOE. “Absteneos de la cruel ferocidad de la soberbia que conduce al desastre”, aconsejaba San Agustín. No se divisa voluntad de ceder. Tienen delante el espectro de la extinción y son incapaces de mover un dedo para evitarlo.

El ‘espacio’ maldito bracea ahora para salvar los muebles a nivel nacional. Despide un hedor pútrido, como de establo abandonado. Se respira un ambiente tenso, crispado. Codazos, zancadillas, navajazos. Una danza caníbal. Vitriolo en el almuerzo y arsénico para cenar. Yoli se fue a Hollywood y no dejó un maldito delfín. En Sumar andan a la greña en la guerra de sucesión. Cuatro grupúsculos para repartirse una herencia menguante. Emergen algunos nombres, tímidamente, sin entusiasmo. La típica jugada del enemigo. Proponer al rival para abrasarlo. Así Bustinduy, el de prohibir y prohibir, dice que no quiere porque su mamá (antigua ministra de Felipe) no le deja por si le cascan. O Urtasun, que resulta demasiado esdrújulo para esta vasca de barriada. O Médica y madre, que quiere irse a la OMS en busca de refugio seguro antes de que los médicos airados la defenestren.

El caudillo renegado

Aparece entonces el chico de Santa Coloma, el separatista charnego, Gabriel Rufián, un vivales gandulón, un verso suelto, bailarín y vacilón, condenado ya en su partido y con ansias infinitas de agarrarse a los restos del naufragio. Un tabloncito por caridad. Con su habitual desparpajo, con su jeta de amianto, ha dado un paso al frente para reagrupar todas las familias de la agonizante ultraizquierda con él mismamente en la cúpula como el gran caudillo del superespacio. La familia separatista , tanto en la caverna catalana como en las herriko vascas, le han dicho que no. Pese a sus esfuerzos por travestirse de abnegado luchador independentista, renegando de su sangre andaluza, de los orígenes de sus padres de Jaén y Graná, aplaudiendo  la persecución del castellano y el golpe de Estado del 17, no ha logrado convencer a los xenófobos de txapela y barretina que son muy suyos y no admiten advenedizos. Rufián es un Lacombe Lucien de mercadillo, aquel muchachuelo de la película de Louis Malle que se pasó a los alemanes en plena ocupación francesa y delataba a los propios para tener mantenencia y holganda.

Organiza ahora algunas performances escénicas por teatrillos peninsulares en las que comparte cartel con grandes líderes de su espectro, reconocidas figuras de la política mundial. Arrancó en Madrid con un Emilio Delgado, al parecer de IU. Hará lo propio junto a Irene Montero, también en avanzado estado de descomposición (ni siete mil votos a Podemos en CyL el domingo, menos que socios tiene la Ponferradina) y a algún amiguete de Bildu, uno de esos bravucones que apestan aún a eso que explota.

Gabriel e Irene. La demostración palmaria de que el espacio se desintegra. Sánchez lo engulle como con hambre atrasada, consciente de que le va la vida en ello. ¿Y entonces? ¿Con quién pactará el PSOE para refundar Frankenstein? El prófugo Puigdemont acelera su marcha rumbo a la insignificancia, con la insaciable Silvia Orriols devorándolo en las encuestas. Junqueras se abraza demasiado a Illa como para que esa coyunda no derive en trompazo. Y pare usted de contar. No hay futuro para el sanchismo. Es morir lo que está haciendo. Salvo que un decreto de alarma, inconstitucional y golpista, le salve del desastre. Lucien (ojo espoiler) acabó muy mal. Rufián, ya veremos.