Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Ayer por la mañana envié al Archiduque Carlos, jefe de la Casa Imperial de Austria, las imágenes de las joyas de los Zapatero, diciéndole que, en comparación con este descubrimiento de la Policía, las joyas de los Habsburgo son una filfa. Él me dio la razón de inmediato: «Somos unos principiantes»

El pasado 6 de noviembre tuve el honor de publicar a las 11,06 de la mañana la noticia de la aparición de las joyas de los Habsburgo. Las que la Emperatriz Zita se había llevado al exilio en 1918. No fue exactamente una exclusiva porque la fuente quiso que lo compartiéramos The New York Times y El Debate y así, a la misma hora la historia apareció en los dos periódicos. La noticia alcanzó un gran impacto internacional y sólo en El Debate tuvo más de 320.000 visitas. Entre las joyas halladas estaba el célebre Diamante Florentino de 137 quilates, una de las gemas más importantes de la historia. Pero en total eran sólo siete piezas. Ayer por la mañana envié al archiduque Carlos, jefe de la Casa Imperial de Austria, las imágenes de las joyas de los Zapatero, diciéndole que, en comparación con este descubrimiento de la Policía, las joyas de los Habsburgo son una filfa. Él me dio la razón de inmediato: «Somos unos principiantes».

Decía yo en mi artículo de ayer –perdón por la autocita– que hay una gran pregunta pendiente de aclarar. ¿Qué intereses tiene Rodríguez Zapatero en Marruecos? Porque el giro más radical de la política exterior española, sin aparente contraprestación, ha sido el que dimos sobre el Sáhara. Y recordaba que fue un giro en la línea de Donald Trump. Algo que nadie menciona. Pues bien, viendo estas joyas de la caja fuerte de Zapatero, lo primero que pensé es que hoy en día esas joyas se producen para países árabes. Una amiga mía, cuyo marido fue embajador en Emiratos Árabes Unidos, me decía, literalmente, que «huelen a moro». O lo que es lo mismo, a pago en especie.

Lo que más sorprende es cómo algunas de las piezas están repetidas. Gertru, «esa secretaria que toda mujer desearía para su marido» en memorable frase de Chapu Apaolaza en ABC, dijo a la Policía que el contenido de la caja era herencia de la suegra de Rodríguez Zapatero. Qué rara debía ser esta mujer, porque yo nunca he visto a ninguna que por más que le gusten las joyas, aunque sienta un deseo perverso por ellas y no se las quite ni para ducharse, se las compre repetidas.

Cuentan los asturianos que en Oviedo llamaban a doña Carmen Polo la collares. Puede ser una idea si alguien necesita inspiración. Pero también tengo otra incertidumbre que me inquieta. Al principio de esta crisis Rodríguez Zapatero declaró que sus ingresos estaban perfectamente recogidos en su declaración de la renta. En ese contexto es interesante que este auto judicial haya surgido en plena campaña de la renta y declaraciones asociadas: la del patrimonio y el Impuesto Temporal de Solidaridad de las Grandes Fortunas (ITSGF). Ya saben, ese que tienen que pagar los que cuenten con una fortuna superior a los 3 millones de euros. Como nos ha dicho el propio Rodríguez Zapatero que «ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho», supongo que lo enunciaron precisamente para que Rodríguez Zapatero pueda demostrar su solidaridad ante Hacienda.

Porque, presidente ¿usted paga el impuesto de las grandes fortunas?