Juan Carlos Girauta-El Debate
  • Zapatero es diferente: coaccionaba a opositores, operaba como trujimán entre el lenguaje democrático y el lenguaje asesino, se lo llevaba presuntamente crudo… y se creía un tipo íntegro. De ahí su depresión

Si Zapatero hubiera sido más discreto, otro gallo le cantaría. Entiéndase, no es que fuera a pasar desapercibido en un investigación seria de la trama venezolana, batido nauseabundo a base de sangre, mango, guayaba y tortura con el que se ingiere la corrupción absoluta. En la corrupción hay grados, y la absoluta o golden viene con ideología, régimen policial, brazo parapolicial y pandemónium del dolor como el Helicoide. En esa categoría de lo peor tenía un papel principal la actual empleada de Trump y presidenta del país. Trump es el hombre más práctico que imaginarse quepa; si el objetivo se cumple, está dispuesto, más que a pactar con el diablo, a ponerlo a su servicio. A nosotros nos entrarían arcadas al tratar con esa pajarraca, aunque solo fuera para darle órdenes. Preferiríamos verla ya en una celda como la de Maduro.

Pero la gente práctica es la que tiene éxito. La negociación es el arte que Trump domina. Es el rey de los vendedores. Y aunque me resulte tan ajeno ese campo, pues nunca he sabido ni querido vender nada, tengo un profundo respeto por Trump porque dedica sus dotes a fines que comparto. Se va a cargar el comunismo cubano, está disolviendo el régimen de Maduro, ha domesticado en lo exterior a la teocracia asesina de Irán, ha dado las lecciones de su vida a los claustros woke de las grandes universidades estadounidenses, ha cerrado el grifo a la constelación de oenegés donde trabajan y roban los inútiles de cada familia. Es un campeón. Todo lo logra a base de contener las náuseas (o de no tenerlas) cuando estrecha la mano del loco nuclear norcoreano. O, volviendo al tema, cuando se sirve de la malvada Delcy. Es muy probable que otra vía menos emética provocara violencias incontrolables, más muerte y dolor sobre la desolada Venezuela.

Trabajar sobre el gris y no sobre el blanco resulta molesto cuando no te centras en alcanzar objetivos tangibles sino en gozar de cierta admiración. Por eso el mundo desprecia tanto al que vale, Trump, y admira tanto a inútiles como Kamala, la candidata de la izquierda española, que ya llega hasta FAES y Aznar. Cosas veredes. Comentaba que lo de Zapatero habría acabado sabiéndose ya que, Delcy mediante, Pollo Carvajal mediante y Aldama mediante, sobre ese pozo negro se colocarán focos. Pero Zapatero se habría ahorrado algo que parece dolerle: el brutal contraste entre quien es y quien decía ser. Curiosamente le preocupaba eso, sí, igual que a Sánchez la posteridad. Tienen bastantes cartas para que ambas posteridades especulares sean de cariz penitenciario. Pero diremos algo en favor de Sánchez: a él se le nota que no cree en nada noble, que las palabras cargadas –tipo honor, o patria, o lealtad–, salen de su boquita vacías de sentido. Zapatero es diferente: coaccionaba a opositores, operaba como trujimán entre el lenguaje democrático y el lenguaje asesino, se lo llevaba presuntamente crudo… y se creía un tipo íntegro. De ahí su depresión.