Eduardo Uriarte-Editores
Si hubiera que encontrar en Europa un alumno aventajado del decisionismo autoritario propuesto por Carl Schmitt ese no sería tanto Adolf Hitler como Pedro Sánchez. Sin embargo, aun teniendo en cuenta las diferentes situaciones y condicionamientos políticos de ambos, y la ignorancia de Sánchez, que no sabe, pero lo hace, se puede apreciar que los dos coinciden en apropiarse del Estado en regímenes democráticos abiertos y de ingenuo espíritu, República de Weimar o Monarquía Constitucional española, vulnerables ante las posibles asechanzas de personajes obsesionados por el poder y por ello enfrentados a toda regla democrática. Hay diferencias, sí, como la existente entre la guerra total y la guerra híbrida, pero ambas son guerras y dirigidas a un mismo fin. En todo caso, pienso que el truhan, por truhan, aventaja al dictador alemán.
La legislatura ha acabado porque el presidente, acosado por todo tipo de procesamientos judiciales que intenta ralentizar con la convocatoria electoral, en ascenso hacia la autocracia, que coherentemente tiene su escandalosa deriva cleptocrática, se ha visto, a pesar de todas sus fraudulentas maniobras, desenmascarado como un peligro por una sociedad construida en el sistema del 78, a pesar de todas las transformaciones e invitaciones a la idiotez política padecidas a manos de los agitadores del antisistema.
La campaña electoral la inicia Sánchez prosiguiendo su estrategia anterior con la prolongación del enfrentamiento total con el adversario y anunciando un futuro aún más arbitrario y demagógico si vence en las elecciones. Pues declara sin rubor un furibundo y obsceno ataque al parlamento español, tras el acoso que sufriera desde el inicio de esta legislatura el Judicial. En estas líneas maestras se esboza el proyecto de futuro, de golpe a la legalidad democrática y dominación paulatina de todos los poderes. Desde el primer minuto de la convocatoria electoral por parte de Sánchez, desde la Presidencia del Gobierno, ratifica el enfrentamiento que ya practicara desde el anuncio del muro.
Su campaña se inicia con la intención de llevar a la Diputación Permanente del Congreso dos decretos similares a los que en la semana pasada el pleno del mismo rechazara. En mi modesta opinión, y con el conocimiento de haber pasado dos legislaturas en la diputación permanente del Parlamento vasco, un organismo delegado del Pleno no puede aprobar lo que éste ha rechazado, amén de que en un mismo periodo de sesiones no se puede tratar un tema “similar” a uno ya tratado. No sólo es filibusterismo político, donde casi ya cabe todo, es filibusterismo legal, que supone una humillación a la soberanía nacional, cuyo significado también desconoce.
También es clientelismo burdo ofrecer diez mil millones en préstamos a la vivienda. Decisión de mal economista, pues ante una oferta en claro decrecimiento en los alquileres y escasez de vivienda nueva, la incentivación de una demanda artificial generará un crecimiento precipitado de los precios. Otra medida más de clientelismo contraproducente ante el problema de la vivienda. Problema que nunca le ha preocupado hasta las elecciones. ¿Dónde están las 180.000 prometidas en los anteriores comicios?
Sería misión de un presidente democrático expresar tranquilidad y apaciguamiento en la apertura de un proceso electoral. Este, como hiciera Hitler por medio de sus SA, hace todo lo contrario. No sólo acusa del problema de la vivienda a la derecha, cuando toda la legislación aprobada por su Gobierno ha restringido la oferta de la misma, sino que él ya pasa a la historia como el presidente que menos vivienda ha creado. Y para crispar el ambiente se acompaña de las dos históricas centrales sindicales, que no han salido ni una vez a protestar durante sus años en el poder, a una huelga general contra la oposición. Como dijera el comentarista Rafa Latorre: “¡Qué mal gobierna la oposición!”. Y María Jesús Montero, para que nos quede claro, que no es contra el Gobierno: “Qué es contra la oposición”. Lo mismo que hubiera hecho Maduro en días previos a unas elecciones, esperemos que no coincida con él en el secuestro electoral.
La ley de Memoria Democrática, convertida en Ley de Nietos en virtud de una adición administrativa si rango de ley, ha nacionalizado a cerca de medio millón de extranjeros que podrían ser el ingrediente culinario para controlar el resultado de las urnas empadronando nuevos electores en aquellos distritos oportunos a los deseos de Sánchez. Si la cautela judicial efectuada por el Supremo es rebatida por el Tribunal político de Conde-Punpido el pucherazo está servido. El sabotaje a unas elecciones limpias se ha realizado.
Para una persona que disfrutó en la Transición del ejercicio de la política, acompañado de caballeros de un bando y de otro, causa estupor e indignación el nivel de destrucción que a través de sus iniciativas está causando a la convivencia social los disparates autoritarios, propios de tiempos fascistas, o de latitudes lejanas. Un político que vino prometiendo todo lo contrario de lo que está haciendo, sin pudor ni conciencia de la dimensión del daño que está realizando. Todo bajo la excusa de que no gobierne la derecha.
Recordemos, ahora, el gran chiste de “Hermano Lobo” ante el dilema propuesto por Bolaños en la elección entre progreso o reacción: ¡La reacción también sois vosotros ¡. Hitler, como vosotros, se vestía de progreso y redentor del proletariado alemán llevando a cabo la revolución conservadora más brutal que la historia ha observado ante el fervor de media Europa. En el “Dieciocho Brumario…” Marx advertía de la diferencia que existe entre lo que uno dice ser y lo que la gente ve que es.