Editorial-El Correo
- La vía de la moderación de Moreno encalla al verse obligado a atarse a Vox tras perder la mayoría absoluta en unas elecciones en las que el PSOE se desploma
Juanma Moreno había planteado las elecciones en Andalucía como un pulso entre dos posiciones antagónicas: la estabilidad que para él representaría un Gobierno del PP en solitario, o el «lío» que supondría perder la mayoría absoluta y verse abocado a pactar con una ultraderecha sobre la que ha pasado de puntillas durante la campaña. Pues los casi siete millones de andaluces llamados a votar han dicho «lío» y eso revela un frenazo de la vía de la moderación que encarna Moreno, sobre todo con la vista puesta en cómo Alberto Núñez Feijóo quiere encarar las generales cuando las convoque Pedro Sánchez. Con el estilo del líder andaluz o la beligerancia de Isabel Díaz Ayuso.
El retroceso electoral sitúa a Moreno en el brete de sacar adelante la investidura y formar un Ejecutivo solvente de la mano de un Vox que ha enraizado y demuestra su capacidad para condicionar la gobernalidad en las últimas citas autonómicas. En la izquierda, solo hay buenas noticias para el repunte logrado por la coalición Adelante Andalucía, que incluso ha superado a Por Andalucía, porque el desplome que todas las encuestas auguraban para el PSOE ha sido histórico. La candidatura de María Jesús Montero, que ha llevado a los socialistas a tocar fondo en el que fue su feudo, describe un nuevo fracaso en la experiencia de encomendar a un ministro un reto autonómico en las urnas, tras el fiasco de Pilar Alegría en Aragón.
Los comicios en Andalucía cierran un ciclo electoral que se inició en diciembre en Extremadura y continuó en Aragón y en Castilla y León. Es indudable que sus resultados confirman la hegemonía de las derechas y el fuerte retroceso del PSOE, salvo en la convocatoria castellanoleonesa, donde los socialistas rompieron la mala racha. Pese a sus incontestables victorias, el PP no ha sido capaz de volar solo para librarse de las servidumbres de un Vox que le impone su ‘prioridad nacional’ para retener el poder.
El drama está en el partido que lidera Pedro Sánchez, que salda el envite con cuatro sonoros batacazos, especialmente duro el de anoche. El hundimiento del PSOE en la comunidad que gobernó durante 37 años seguidos compromete el futuro político de Montero. No es justificable en ningún caso que Ferraz haya dado por amortizada con antelación esta última derrota, viendo las escasas expectativas con las que partía la exvicepresidenta. El PSOE tiene un motivo más para reflexionar sobre la falta de relevo y de un banquillo que plante cara a los ‘barones’ populares.