Juan Carlos Viloria-El Correo
- El sueño del viaje en un crucero se puede acabar cuando te enteras de que un virus viaja de polizón
Uno se embarca en un crucero para alejarse del rebaño, del agobio de las masas, de la polución urbana, del ruido y del contacto con nuestros semejantes en el metro o en bus urbano. El sueño del crucero es un clásico asociado a la felicidad. Puede ser versión camarote con su ojo de buey y vistas al azul, su buffet libre, cóctel incluido, su tobogán directo a la piscina y su pista de baile para después darse un paseo hacia la proa estilo Titanic. Ahora también se llevan del tipo aventura que puede ser llegar al Ártico en un velero cero emisiones, camarotes de lujo a 36.000 euros el billete o como el MV Hondius de la compañía Oceanwide Expeditions para ver focas en Usuaia y chimpancés en Cabo Verde. Lo que no te esperas es que el viaje se convierta en una serie de esas, basadas en uno de los mayores miedos de la humanidad: las epidemias.
Como Hysteria o The Hot Zone de Ridley Scott, sobre los estragos del virus del Ébola. Series basadas en la aniquilación de la raza humana por una enfermedad desconocida, postapocalípticas, que abordan la ansiedad individual en un mundo donde los flujos migratorios y el cambio climático prometen generar numerosas crisis sanitarias. El paraíso flotante se convierte, de repente, en una prisión; el aislamiento soñado se transforma en una cuarentena y te encuentras atrapado dentro de un camarote cuando por los pasillos se desliza un mal invisible. El sueño del viaje en la burbuja, solo con el horizonte infinito a la vista como un espejismo de la felicidad, se puede acabar atascando en el estrecho de Ormuz y la paz del jacuzzi alterada por las tensiones geopolíticas que sacuden los mares con flotillas navales a toda velocidad soltando misiles. Y lo peor es cuando te enteras de que un virus viaja de polizón a bordo. Ya puedes estar en el último modelo de crucero, el Seven Seas Prestige, que ofrece una impresionante suite de 800 metros cuadrados con champán Dom Pérignon y caviar o en el Solid Sail, propulsión a vela, 54 suites elaboradas íntegramente con maderas preciosas, pieles y mármol; cinco restaurantes, uno de ellos del chef Yannick Alléno; un spa Guerlain, un cine, una sala de música e incluso un cabaret. Si el virus llega a bordo el sueño saltará por la borda. Y el problema no es sólo la realidad de que estamos en un mundo hiperconectado sino que las teorías de la conspiración viajan más rápido que los virus. Si el incidente del Hontius se hubiera producido antes de la pandemia de 2020 los informativos lo hubieran liquidado en un suelto. Desatado el síndrome y la paranoia, se ha inflado en los informativos y en las redes. Cuentas de internet con cientos de miles de seguidores han difundido las teorías mas disparatadas: manipulación de los gobiernos; ellos mienten porque nos quieren confinar. Mucho ruido. Así que, al final, muchos se pensarán dos veces si el sueño de unas vacaciones en el mar son una buena idea.