Jorge Giménez Bech | Editor en euskera e hijo de una víctima

  • Militaba en 1982 en un partido afín a Euskadiko Ezkerra, aunque había mostrado su rechazo al terrorismo. «Mi madre me dio el antídoto»
Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ-

En 1993 fundó la editorial Alberdania y fue durante 14 años presidente de la Asociación de Editores en Euskera. Traductor y escritor, Jorge Giménez Bech (Irún, 1956) fue director de Investigación Lingüística del Gobierno vasco entre 2013 y 2017. Ayer participó en una charla de la asociación ‘Gogoan-por una memoria digna’. Es conocido en la cultura vasca, pero muy pocos saben lo que cuenta hoy. Que ETA asesinó a su padre, que era guardia civil, el 9 de octubre de 1982.

– Usted militaba en EIA y en Euskadiko Ezkerra. Le llaman porque acaban de matar a su padre. Nada más llegar, su madre le dice: «¿A quién apoyáis?»

– Un emplazamiento que fue una gran lección. Era el momento del horror. Aquel día estaba en la sede de EE, preparando la campaña de las generales. Me avisaron y me llevaron junto a mi madre, en Irún. ‘Mira lo que ha pasado a raíz de lo que tú piensas’. Era algo mucho más humano que político. Algo que se dice a un hijo, que sigue siendo tu hijo. Por eso fue tan impactante y por eso se me ha quedado grabado para toda la vida. No había un tono agresivo. Es una pregunta de una madre a un hijo.

– Escribió un artículo hace poco en el que retrata de un modo brutal cómo se sintió…

– Cuento que, en medio de ese horror, llegué a sentirme asesino de mi padre. Lo escribí porque lo percibí en aquel instante, pero el propio emplazamiento de mi madre me dio el antídoto. No podía pensar de mí mismo que había contribuido al asesinato de algún modo porque era para volverse loco. Comprendí allí mismo que mi propia madre no lo veía así. Fue una reacción en caliente, una exageración. Lo sentí. Su modo de decirlo en aquel momento, tan sutil y tan medido, fue el antídoto.

– ¿Ahí nace un giro inmediato?

– Al principio estuve completamente desnortado. Todo lo conocido se fue a hacer puñetas. Todas las certezas. Mi relación con el mundo vinculado a la violencia terrorista ya era conflictiva. En EE ya estábamos en contra y personalmente yo lo estaba. Sufríamos algunas agresiones de ese mundo. Los compañeros del partido me apoyaron.

– ¿Los amigos?

– También algunos de mis amigos. En mi entorno hubo distancia. Incluso en algunos de la familia. No era una distancia afectiva, pero no se tocaba el tema.

En la cultura vasca

«Callábamos por comodidad. Quien calla por miedo tiene una disculpa, lo nuestro no la tiene»

– ¿Sus amigos saben que ETA mató a su padre?

– Los más cercanos sí. No lo he ocultado nunca, pero tampoco es algo que haya ido contando. Cuando ha tocado, lo hemos dicho tanto yo como mis hermanos.

– Era un momento histórico muy relevante. ETA (pm) acababa de disolverse hacía unas semanas.

– Había sido nuestro referente. Y queríamos poner tierra de por medio con nuestro pasado. No daba miedo decirlo. Empezábamos a hablar de lo que habíamos hecho y no en términos poéticos ni épicos, sino reales. Había habido un debate largo, virulento, en que defendíamos terminar. Mi radical condena del terrorismo tiene muchos años.

– La cultura vasca estuvo muy callada en los años del terror.

– En esta editorial se escribió un manifiesto en el año 2000 – ‘El silencio no es cobijo’, que rechazaba a ETA- que tuvo una acogida interesante entre editores y escritores. 140 adhesiones. El anterior manifiesto era el de ‘los 33’. Antes habíamos tenido una posición pasiva y asfixiante. La connivencia, la justificación o la equidistancia, en el mejor de los casos, era cotidiana. La izquierda abertzale ha utilizado su presencia en la cultura en euskera con motivaciones claramente políticas. Callábamos por comodidad. Quien calla por miedo tiene una disculpa, lo nuestro no la tiene. No éramos niños. Teníamos proyección y podíamos habernos hecho respetar. No lo hicimos.

– ¿Qué pasó tras el manifiesto?

– No pasó nada. Estábamos a un mes de la feria de Durango. Era un texto rotundo. Algunos no firmaron: querían cierta equidistancia. Habíamos ido a muchas manifestaciones contra la violencia estatal o paraestatal, pero no a las otras. Ese es el error moral, la perversión que asumimos. No queríamos equidistancias. Y no pasó nada.

– ¿Hubo otros gestos?

– De ese calado, no. Actos más pequeños. Alguna repulsa de la violencia, pero no pronunciamientos públicos. Faltó continuidad.

– Hace poco escuchó a Otegi en Aiete II. Y decidió escribir…

– Sí, pero realmente la idea se empieza a gestar una semana antes, cuando vi ‘Maixabel’. Fue una coz de caballo. Vi cosas que yo he dicho o hecho. Me produjo una convulsión interior terrible. Todo esto que pasó es fruto de esta inhibición mía. Así lo sentí.

– Fue muy duro con Otegi.

– Escribí aquella misma tarde pero corregí días después. La primera versión era de cabreo, agresiva. Mi reacción fue: esa petición que habéis hecho no tiene nada que ver con lo que se necesita. Gracias por hacerlo, sé lo que os cuesta cualquier paso, pero no es eso. Hablar de esto como un fenómeno meteorológico es un insulto. No fue sólo un error, fue perverso. En ese mundo no han saldado su deuda consigo mismos y con la sociedad. Favorecen todavía discursos relativizadores. Porque temen que se descuelgue parte de su gente.

Algún silencio en casa

– Ha firmado el manifiesto en contra de volver a juzgar al exlíder de ETA Mikel ‘Antza’. ¿Por qué?

– Ese tema me ha dado mucho que hablar en mi entorno. Mi firma se basa en una sola cosa: creo que es algo ya juzgado y tuvo el grado de castigo que merecía. Volver a lo mismo lo interpreté como una maniobra de ensañamiento. Puedo estar equivocado. Creo que, lamentablemente, ‘Antza’ no ha dado muestras de empatía. Pero son dos cosas distintas.

– Ver a ‘Antza’ arropado en San Sebastián puede doler a sus víctimas.

– Puede ser doloroso para mucha gente. Y seguro que esa foto me hizo pensar, más a mí que otros. Siguen anclados en un punto de no redención. Quizá fue un error.

– Es el pequeño de sus hermanos. ¿Se habla en casa de esto?

– No, nunca se habla. Cada uno está en posiciones distintas. No se cuestiona. Se habla cada vez con más naturalidad de nuestro padre, pero aludir a la política sería una fuente de conflictos. En aquellos años nos centramos en apoyar a mi madre. Hasta que ella, que era una mujer muy fuerte, dio el paso a su proyección pública.

– Discúlpeme, ¿qué proyección?

– Fue candidata del PP en Irún y presidenta de la AVT en Gipuzkoa. Siempre mantuvimos un terreno de confort personal mutuo. Yo la llevaba a votar (ríe).

– ¿Tuvieron, ella o usted, la necesidad de volver a hablar de aquella primera frase?

– Si alguno de los dos tuvo esa necesidad, la silenciamos. Teníamos una relación muy buena. Era una mujer fuerte y generosa.