Teodoro León Gross-ABC

  • Feijóo sin duda es un buen gobernante, pero la guerra de guerrillas es otra cosa. Ahí espontaneidad cero

Con el sanchismo rodeado, como los rebeldes de El Álamo o los españoles del Monte Arruit en el Desastre de Annual, se entiende mal que Feijóo haya cometido de nuevo el error de mover el foco hacía sí mismo con la polémica del absentismo de la que sale volteado, o corneado ahora que anda por Sanfermines. En lugar de dejar que el asedio al sanchismo vaya consumándose por la presión de la policía judicial y los magistrados con sumarios escandalosos, como el general Santa Ana frente a los texanos o Abd-el-Krim en Annual, Feijóo ha salido en su socorro con un mensaje imprudente. De inmediato, el Gobierno sintió el golpe de oxígeno y salieron en tropel a zurrarle la badana: «el único proyecto que tiene el Partido Popular para España son los recortes» (Elma Saiz); «el señor Feijoo le ha dicho a la clase trabajadora que si él gobierna va a pisotear sus derechos» (Ángel Víctor Torres); «ha pasado a ser el más ultra de todos» (Diana Morant); «le inhabilita para gobernar» (Yolanda Díaz)… y suma y sigue.

Lo de Feijóo se parece demasiado a aquello de Groucho definiendo la política como el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después remedios equivocados. Eso sí, el problema es real, y muy serio, y precisamente por eso merece un diagnóstico certero y soluciones, no esa imagen de imprecisión e improvisación, sin ideas claras. Eso siempre será un error, pero tanto más si tu rival está contra las cuerdas, acorralado por las evidencias de que su núcleo orquestó unas cloacas desde la sede del partido además de enriquecerse durante la pandemia con los rescates. Sánchez sabe disimular pero está tocado. En la Cumbre de la OTAN no se ha atrevido a moverse de la foto y ha pasado por caja. El campeón antimilitarista es ya el presidente que más ha aumentado el gasto militar rindiéndose a Trump, uso aparte de tres aviones para el viaje de quien también es campeón de la agenda 2030. Feijóo no necesita abrir frentes. Keep Calm & Carry On.

«Lo de Alberto es autosabotaje», andan diciendo ‘sotto voce’ dirigentes desmoralizados del Partido Popular. Feijóo sin duda es un buen gobernante, pero la guerra de guerrillas es otra cosa. Ahí espontaneidad cero. Es peligroso convertirse en un icono del autoboicot que se acaba golpeando a sí mismo como en ‘El asombro de Brooklyn’ de Danny Kaye. Cuando la conversación pública machaca al rival, no hay que disputar la iniciativa y menos con riesgos. El temario de la corrupción no necesita distracciones. Más de una vez se ha recordado la máxima napoleónica de no distraer a tu enemigo cuando esté en problemas. ¿Qué necesidad había ahora de lanzarse de manera imprecisa a ese debate peligroso? Feijoo corre riesgo al mostrarse como un líder que necesita ser corregido o matizado, por más que a estas alturas nadie piense que ni siquiera Feijóo podría derrotar a Feijóo.