- Estamos ante una guerra política e incruenta (al menos, de momento) de exterminio. La falacia solo se oculta a quienes se obstinan en no querer verla. El modelo es 1936. España dividida. Los buenos, el Frente Popular (comunistas, socialistas y separatistas). Los malos, el resto, la derecha católica conservadora, liberal y tradicionalista
Son tantos los desastres y desmanes de este Gobierno que resulta muy difícil elegir el peor de todos ellos. La corrupción es probablemente la que hace más ruido y escandaliza más, sobre todo cuando alcanza al presidente del Gobierno y su entorno. También es muy grave la voluntad de desnaturalizar la democracia, acabar con la independencia de las instituciones y perpetuarse en el poder. Pero creo que peor que todo eso es la decisión del Ejecutivo de gobernar con el apoyo del partido de la ETA, es decir, del partido que asesinó, entre varios centenares y por citar solo dos ejemplos, a Miguel Ángel Blanco y a Francisco Tomás y Valiente.
Es cierto que la ETA dejó de asesinar y eso fue y es una excelente noticia. También lo es que, aunque permanezcan intocados sus objetivos, los métodos para lograrlos son esenciales. Gregorio Marañón afirmó que ser liberal consiste, entre otras cosas, en pensar que el fin nunca justifica los medios, sino que, al contrario, son los medios los que justifican el fin. Pero creo que también hay fines inmorales. El fundamento ideológico de la ETA es el odio, el odio a España, a la que aspira a destruir. La alianza con comunistas, separatistas y exterroristas deslegitima por sí sola al Gobierno. Incluso olvidándonos del terrorismo, cosa imposible, el Ejecutivo no puede apoyarse en los enemigos de la Nación. Esto es antidemocrático y, lo que es peor, inmoral.
Es cierto también que la acción de las Fuerzas de Seguridad y la infinita paciencia de la inmensa mayoría de los ciudadanos contribuyeron al final del terror. Pero el problema es que eso no es todo. Los hechos son difícilmente discutibles. Lo que no es discutible es que el final del terror ha coincidido con la decisión emprendida por el ejemplar ciudadano Rodríguez Zapatero y continuada por el no menos ejemplar Pedro Sánchez de incorporar a la ETA a las instituciones, y a la vez, trazar un perverso «cordón sanitario» en torno a Vox y al PP. El partido de la ETA (no renuncian a sus objetivos, no se arrepienten, homenajean a sus asesinos y luchan en favor de la salida de los que quedan en la cárcel) está a punto de sobrepasar al PNV y de llegar, con la connivencia del PSOE, a gobernar Navarra. Llamar a esto derrota es, como mínimo, problemático. En suma, un Frente Popular separatista que aspira a convertirse más que en un gobierno permanente en un nuevo régimen político.
Nada de esto hubiera sido posible o, al menos, tan fácil sin la falta de perspicacia de la derecha. Parece que ya lo han conseguido, pero han tardado mucho en darse cuenta de que no estábamos viviendo una legislatura democrática normal en la que la derecha y la izquierda se disputaban el poder como en tiempos de Felipe González o de José María Aznar. Estamos ante una guerra política e incruenta (al menos, de momento) de exterminio. La falacia solo se oculta a quienes se obstinan en no querer verla. El modelo es 1936. España dividida. Los buenos, el Frente Popular (comunistas, socialistas y separatistas). Los malos, el resto, la derecha católica conservadora, liberal y tradicionalista. No afirmo que los católicos tengan que pertenecer a la derecha. Digo que el Frente Popular persiguió y trató de exterminar a los católicos. Toda la monserga de la «memoria histórica y democrática» no es sino la propaganda al servicio de la mentira histórica y antidemocrática. Por supuesto, para realizar este proyecto es necesario erradicar la libertad y la concordia. ETA dentro y el PP fuera. Esta es la visión política de Pedro Sánchez. Por debajo de todo esto existe una crisis moral que padece España (y Europa) desde hace algo más de dos siglos. Pero esta es otra historia. Lo peor de la política española actual, si no me equivoco, es que Pedro Sánchez gobierna con el apoyo del partido de los asesinos de, entre otros muchos, Miguel Ángel Blanco y Francisco Tomás y Valiente.