Luis Ventoso-El Debate
  • Es la espada de Damocles que pende sobre él y se trata de una amenaza que no decae, sino que aumenta

Nos hemos acostumbrado a pensar que Sánchez es invencible y capaz de sobrevivir a todo, porque ha salido ileso de desmanes muy gruesos, desde los plagios en la tesis hasta el anillo de corrupción que lo cerca. Si me permiten la caricatura, si mañana apareciese en la puerta del Banco de España, con una escopeta de cañones recortados humeando en una mano y una saca repleta de billetes en la otra, él diría que «esto me lo ha colocado aquí la derecha y la ultraderecha». Lo cual sería repetido ad infinitum por sus televisiones y pelillos a la mar. No pasaría nada.

En ninguna democracia sobrevive un presidente cuyo hermano es condenado por un caso de nepotismo y cuya mujer está en el banquillo por corrupción al cobijo del poder de su marido. Pero ahí sigue el nuestro. Tampoco ha pasado nada cuando se ha lavado las manos ante crisis nacionales gravísimas, ante las que tenía que haberse puesto al frente. Dos frases execrables retrataron su mala entraña y su asombrosa abulia: el sonado «si quieren ayuda que la pidan» de la dana de Valencia y su respuesta displicente ayer en los pasillos del Congreso, cuando le preguntaron por los menores de Ceuta y respondió chuleta y a la carrera que «eso, a Vivas».

Primero calificó la invasión de Ceuta de «violación de nuestra integridad territorial». Acto seguido se largó a esconderse en La Mareta. Y ahora, finalmente, quiere endosarle el complicadísimo desafío de Marruecos al pobre Vivas, que no deja de ser una suerte de alcalde de Ceuta con otro nombre.

Pero Sánchez no es intocable, porque cegado por la furia en los días de la imputación de Begoña y de la carta del «hombre profundamente enamorado» no midió el alcance de sus movimientos y cometió un serio error. Hay algo que puede sentarlo en el banquillo con muy mal pronóstico, sobre todo en cuanto pierda el poder: la guerra sucia promovida desde Ferraz para frenar a los guardias civiles, fiscales y jueces que investigaban la corrupción de su familia y su partido. ¿Alguien se cree que Cerdán se puso a montar la cloaca con Leire motu proprio, sin contar con una instrucción superior? Resulta totalmente inverosímil. Arriba tuvo que haber una X.

Este miércoles ha sucedido algo muy preocupante para Sánchez. Beatriz Biedma, la juez que instruyó el caso que acabó con la condena del hermano del presidente, se ha personado como acusación particular en la Audiencia Nacional en la causa de las cloacas del PSOE. Asegura que la trama de Leire y Cerdán intentó desacreditarla tanteando incluso los servicios de un clan narco de Badajoz.

El problema de Sánchez estriba en que Biedma no es una chisgarabís. Se trata de una magistrada rigurosa, tenaz y con método. Un adversario muy complicado para los integrantes de la cloaca y la mano superior que la instigó.

El asunto del hermano deja además desnudo al presidente. David, de carácter singular, es un personaje estrafalario. No está en política y vive en su mundo. Carece de contactos en Ferraz como para poner en marcha una operación de guerra sucia en su defensa. ¿Quién tenía esos contactos? ¿Quién podía dar la orden de trabajar para desacreditar a los que investigaban a la familia? No hay que ser Hércules Poirot ni Sherlock Holmes para aportar la respuesta. Y ese es el talón de Aquiles de Sánchez. El día en que Cerdán y Leire se vean ante un horizonte de penas severísimas por la cloaca podrían buscar una colaboración al estilo de Aldama y Julito y lanzarse a cantar. Y si eso sucede, igual algún día pasamos de vacaciones gratis en La Mareta a pensión completa en Soto del Real. No es extraño que se resista con todo tipo de mañas a dejar el poder, su último parapeto.