Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • Trump anuncia la reapertura de Ormuz a dos pasos del edicto del emperador tarumba

Estados Unidos atacó Irán el 28 de febrero. Los motivos los explicó Donald Trump, grabándose un vídeo desde Mar-a-Lago. Habló de una amenaza inminente contra su país y de impedir que Irán tuviese armas nucleares. La amenaza fue negada pronto por los servicios de inteligencia y se suponía que Estados Unidos ya había destruido la capacidad nuclear de Irán el verano pasado. Horas después, el presidente le dijo al ‘Washington Post’ que su objetivo era en realidad hacer caer el régimen de los ayatolás y liberar al pueblo iraní. Al día siguiente del ataque, lo que Trump le dijo al ‘Daily Mail’ fue que la operación duraría «cuatro semanas más o menos». Ahora que Estados Unidos e Irán han anunciado un acuerdo de paz sabemos que han sido quince semanas. Y que en ellas se ha causado lo que la Agencia Internacional de la Energía define como la mayor disrupción de la historia en el suministro de petróleo. Ese ha sido el precio que se ha pagado por… Un momento. El régimen de los ayatolás sigue donde estaba. Y parece que en lo que se firmará el viernes en Ginebra no habrá grandes novedades sobre armas nucleares. En realidad, solo importa reabrir el Estrecho de Ormuz. Y que los petroleros circulen como lo hacían antes del 28 de febrero.

El avance de Trump es, por tanto, retroceder quince semanas. El problema es que eso no se hace por arte de magia y las consecuencias de las quince semanas siguen aquí. Entre ellas, que Irán haya demostrado su capacidad para resistir al mayor ejercito del mundo mientras pone en aprietos la economía mundial. «¡Barcos del mundo, encended los motores y que el petróleo fluya!», ordenó el presidente el domingo. El anuncio estaba a dos pasos del edicto del emperador tarumba. Solo faltó que Trump anunciase que cruzaría Ormuz a caballo, como Calígula en Bayas. Lo que aclaró en el siguiente tuit fue que el Estrecho se abrirá en realidad el viernes cuando se firme el acuerdo, porque hay que retirar las minas. Se le otorga a lo del viernes una categoría definitiva pero es un memorando de entendimiento que abre la puerta a unas negociaciones extensas, delicadas y complejas. Entre otras cosas, por su exposición a la cruzada fanática del Gobierno de Netanyahu en la región. Que el siguiente avance de Donald Trump sea regresar a aplicarle a Irán la mezcla de presión y diplomacia que llevó a los acuerdos firmados por Obama en 2015 tendría toda la lógica en términos trumpistas: esos acuerdos los rompió personalmente él en su primer mandato.

Reino Unido

Menores fuera

A Keir Starmer le preocupa la felicidad de nuestros hijos. O sea, de los suyos. Los hijos de los británicos, para entendernos. La preocupación tiene que ver con las redes sociales. Así que el primer ministro ha anunciado que va a prohibírselas hasta que cumplan los dieciséis. Además de la felicidad, a Starmer lo impulsan las encuestas: alrededor del 74% de los británicos están a favor de prohibirles las redes a los menores. El Reino Unido se une así al montón de países que quiere poner orden en la jungla digital, España incluida. Luego están los países que ya han puesto en marcha la prohibición. En Australia llevan seis meses con ella y todo apunta a que no funciona por motivos evidentes: los menores se manejan bien en internet y no tienen muchos problemas para burlar las restricciones. Keir Starmer ha respondido a eso recordando que los menores también tienen prohibido beber alcohol y se las arreglan para conseguirlo. «Simplemente, no acepto ese argumento», argumenta el primer ministro. Lo que quieren prohibir en Reino Unido es, entre otras plataformas, TikTok, YouTube, Instagram, Facebook y Twitter, o sea, X. También que los menores puedan emitir en ‘streaming’ y hablar con desconocidos en pasarelas ‘online’ como las que se establecen en muchos juegos. El objetivo es plausible y extraordinariamente dado a la demagogia: Starmer habla ya de «recuperar la infancia de nuestros hijos». Los términos confirman que, además de por las encuestas, el empeño de los gobiernos llega impulsado por el desespero de los padres.