Los grandes empresarios buscan la tercera vía… acercándose a Mas

EL CONFIDENCIAL 05/05/14

Los grandes empresarios catalanes siguen apostando por la tercera vía, que supone un acuerdo entre el Gobierno y la Generalitat que evite el conflicto soberanista. Pero han cambiado de estrategia, según señalan fuentes empresariales, lo que ha generado confusión tanto entre el independentismo catalán como en entornos políticos y empresariales madrileños. En los últimos meses, los grandes empresarios se han acercado al presidente catalán, Artur Mas, pero no porque hayan cambiado de opinión o visto la luz del independentismo, sino por un giro táctico para buscar el acuerdo.

Este movimiento se hace más evidente entre los empresarios catalanes del Ibex 35. El más cercano a Mas ha sido siempre el presidente de Abertis, Salvador Alemany, que preside también el Consejo Asesor para Reactivar la Economía Catalana (CAREC), un organismo que colabora con la Generalitat y que ha estado avalando sus políticas.

El CAREC cuenta entre sus miembros con prestigiosos economistas favorables a la la independencia como Jordi Galí, pero también está plagado de personalidades muy cercanas a La Caixa y que, de hecho, funcionan como auténticos tapados de la «tercera vía», como el expresidente de Port Aventura, Luis Rullán; el economista jefe de CaixaBank, Jordi Gual; o el presidente de Fibanc, Carles Tusquets.

En este sentido se puede entender también la exquisita neutralidad que mantiene CaixaBank y su presidente Isidre Fainé, que en público no pasan de abogar por un «pacto dentro de la legalidad». Esta tibieza irrita en Madrid, pero se sitúa en la misma línea que busca infiltrar el CAREC: estar cerca de Mas para forzar un pacto con Madrid en el último momento. De hecho, en medios empresariales catalanes se ha entendido la entrada de Alemany en el patronato de la refundación de La Caixa como un aval de Fainé a esta nueva estrategia. Si hace cinco meses se perseguía la tercera vía desde la distancia, ahora las élites catalanas la buscan desde la proximidad a Artur Mas.

En este sentido, también tienen que entenderse las palabras de apoyo público de Víctor Grifols, presidente de Grifols, otra empresa del Ibex-35. El espaldarazo del máximo directivo de la empresa de hemoderivados, con su ya imitado «no se arrugue, president«, es la muestra más evidente de este cambio, ya que Grifols no había sido nunca un entusiasta de la política, ni de la española en general ni de la catalana en particular. Y la ventaja, sin duda, de que Víctor Grifols dice lo que quiere cuando quiere.

Menos evidentes, pero igual de útiles para la causa, son los silencios de otros notables de la gran empresa catalana, como los casos del presidente del Banco Sabadell, Josep Oliu, o del abogado Emili Cuatrecasas. Ambos son contrarios a lo que los soberanistas denominan «el proceso», pero han preferido adoptar un perfil bajo como una nueva manera de salirse con la suya.

Ruptura de puentes
Este giro se debe a que entre el empresariado catalán se ha llegado a la conclusión de que todos los puentes entre Moncloa y Plaza Sant Jaume están rotos y que, por tanto, cualquier acuerdo, como querría la élite económica catalana, está muy lejos y resulta a día de hoy improbable.

Según explican fuentes empresariales catalanas, en esta disyuntiva, empresarios y banqueros catalanes prefieren evitar que cuando se llegue al borde del precipicio y el Tribunal Constitucional le cierre todas las vías para la consulta, la única compañía que tenga Artur Mas sean ERC y la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC). Llegar a un pacto in extremis sólo será posible si mantienen algún vínculo con el presidente catalán, y no si le dejan solo o, peor, rodeado de radicales.

En este entorno, los independentistas tienen la sensación de que su discurso está calando entres las clases altas. Pero, en esencia, los grandes empresarios catalanes están en el mismo punto donde se encontraban hace tres años, cuando empezó el conflicto político: conseguir para Cataluña una mejor financiación autonómica, único punto en el que estarían de acuerdo con el actual ejecutivo de la Generalitat. Eso no quiere decir asumir los costes de una incierta ruptura con el resto de España.

Nueva lectura
La nueva lectura que los empresarios catalanes hacen de la tercera vía resulta muy diferente a la del PSC o la que mantiene el líder de Unió, Josep Antoni Duran i Lleida. Para estos últimos la tercera vía es una salida pactada que llevaría a aparcar las posturas maximalistas de ambas partes. En cambio, para los grandes empresarios la polarización ya es inevitable y, siguiendo con la metáfora ferroviaria, sólo será posible saltar del vagón segundos antes del choque de trenes. Por eso allí estarán ellos, para tirar del brazo de Artur Mas.

En esta tesitura los defensores de la tercera vía en el mundo empresarial catalán han pasado a ser monopolio de los barítonos, mientras que los tenores permanecen en silencio o haciendo equilibrios. Que nadie espere que Isak Andic, presidente de Mango y el hombre más rico de Cataluña, se pronuncie sobre la independencia. Los defensores del pacto y el acuerdo ahora son personalidades como el presidente de la patronal Fomento del Trabajo, Joaquim Gay de Montellà o el exsecretario de Estado de Economía Alfred Pastor, por poner algunos ejemplos. Ni siquiera el nuevo presidente del Círculo de Economía, Anton Costas, se está mojando en ese debate.

En las oficinas de los últimos pisos de la Diagonal, en los jardines de Pedralbes y en los mejores restaurantes de Barcelona ya se descuenta que el conflicto social será inevitable. La esperanza ahora para la clase empresarial catalana es que en el último momento un rápido cambio de agujas a la tercera vía evite que el tren descarrile.