Los hechos frente a la ficción

EL MUNDO – 22/09/15 – VICTORIA PREGO

· Todas las advertencias que se están haciendo en los últimos días sobre las consecuencias en términos económicos que tendría una hipotética independencia de Cataluña las conocíamos de antemano en su contenido. Es, simplemente, que ahora las formulan voces muy autorizadas que hasta estos momentos se habían mantenido en un apocado silencio. Por eso, lo más reseñable y estupefaciente de todo lo que se ha dicho hasta ahora es la respuesta que está obteniendo por parte de Mas y sus compañeros de candidatura.

No discuten con datos el escenario que dibujan los líderes políticos del mundo, simplemente desprecian sus declaraciones limitándose a decir «no se atreverán a echarnos de la UE». Tampoco son capaces de desmontar con argumentos contrastables las advertencias de la patronal bancaria, de los empresarios o del mismísimo gobernador del Banco de España. La última intervención es la del secretario de Estado de la Seguridad Social que recoge este periódico en la página precedente. Son cifras abrumadoras que describen una situación catastrófica no sólo para Cataluña sino también para el resto de los españoles.

Y ante esa avalancha de información objetiva la reacción de los independentistas es la de recurrir al chascarrillo, como el de Mas imitando la jerga de los pieles rojas, o diciendo que lo que afirma Luis María Linde es indecente, inmoral e irresponsable y que responde a su afán por no perder su estatus ni su poder. ¿Eso es todo lo que pueden oponer a afirmaciones tan importantes y tan rotundamente infrecuentes en representantes de gobiernos extranjeros y empresas y altas instituciones españolas? ¿Es ése todo su bagaje? Por eso no tienen ninguna justificación las consideraciones que se están haciendo en torno al efecto que tales advertencias están pudiendo producir en el electorado catalán.

Porque si el que se explique a la ciudadanía la realidad de los hechos de una situación de independencia de Cataluña provoca una mayor inclinación a respaldar la lista que aspira a conseguirla, lo único que cabría concluir es que estamos ante una población hechizada por un relato fantástico a la que no es posible rescatar del sortilegio y devolver al terreno de lo cierto. Pero eso no tiene que disuadir a quienes deben hablar y seguir describiendo a los catalanes las consecuencias de sus actos, de los que todos y cada uno de los electores serán igualmente responsables.

Es tramposo y falsario, por tanto, pretender endosar la culpa de la insensatez colectiva a quienes cumplen con su obligación de describir la verdad. Y es ridículo recurrir a conceptos como la «ilusión» cuando se está tratando del futuro de un país amenazado de desgarro. La ilusión es para las fantasías. Aquí estamos para administrar la cruda, amarga pero también comprometedora y apasionante realidad.

EL MUNDO – 22/09/15 – VICTORIA PREGO