- Ya estamos viendo que tendrán enfrente a toda la izquierda y también a los exquisitos de siempre; aquellos que nos vendían a Albert Rivera como la gran esperanza blanca del liberalismo y la modernidad frente a Rajoy
Cuatro meses esperando el pacto en Extremadura y ahora que por fin lo tenemos ante nosotros pedimos las sales. ¡Oh, la xenofobia! ¡Qué escándalo! ¡Qué ha sido de la derecha liberal!
Los más exquisitos teóricos del centrismo cool ya han sentenciado a María Guardiola como racista, xenófoba y además tonta por no enterarse. La presidenta extremeña afronta una paradójica circunstancia: consiguió ganar las elecciones con el 43 % de los votos y laminó a la izquierda, pero ha tenido que soportar durante todo este tiempo los ataques de sus eventuales socios de Vox, que se referían a ella como la Irene Montero del PP y ahora, cuando por fin ha conseguido que los de Abascal se avengan a entrar el gobierno, se encuentra con que un sector de la opinión pública que venía exigiendo ese pacto se pone de en plan gata Flora y dice que no, que así no. El motivo de polémica es un punto del acuerdo sobre la prioridad nacional a la hora de otorgar ayudas sociales, pero podría haber sido cualquier otro. El caso es que el pacto con Vox mancha, pero sin pacto con Vox Sánchez se hace eterno, aunque eso parezca no importarles.
El PP ha endurecido mucho su discurso sobre la inmigración porque ha detectado que, más allá de manipulaciones xenófobas, existe un malestar creciente en España con algunos excesos vinculados a este fenómeno. Decir que se va a priorizar a los españoles sobre los extranjeros a la hora de recibir ayudas sociales probablemente es ilegal y sin duda es demagógico, pero responde a una inquietud real. Si los inmigrantes, por su situación de vulnerabilidad, reciben la mayor parte de las ayudas, los españoles que se quedan sin esos recursos pueden generar un sentimiento de agravio ante algo que se les niega. Decir esto no es xenofobia, es constatar la realidad. Pero la solución no está en los discursos incendiarios, sino en la siempre denostada gestión. Si se elevan los umbrales que dan acceso a esas ayudas, españoles e inmigrantes en situación de necesidad tienen el mismo derecho a lograr las prestaciones. Eso ya se está haciendo en materia de vivienda social en administraciones como la Xunta de Galicia. Allí Vox no existe.
El pacto de Extremadura se va a convertir en el examen definitivo sobre la capacidad del PP y Vox de crear una alternativa real y eficaz al sanchismo. Esta sucesión de elecciones ha mostrado las limitaciones de ambos, el PP puede ganar por mayoría absoluta en algunas comunidades autónomas, pero no puede aspirar a ello en unas elecciones generales y Vox no puede ni soñar con sustituir al PP. Ambos tienen ante sí la posibilidad de mostrar desde Extremadura a todos los españoles que es posible un gobierno de coalición estable y capaz de poner en marcha políticas acordes con el mandato inequívoco de las urnas, un ensayo de lo que deberá ser el próximo gobierno de España.
Ya estamos viendo que tendrán enfrente a toda la izquierda y también a los exquisitos de siempre; aquellos que nos vendían a Albert Rivera como la gran esperanza blanca del liberalismo y la modernidad frente a Rajoy. A pesar de tan preclaros apoyos, hoy Ciudadanos no existe y el heredero del PP de Aznar y Rajoy sigue siendo el PP de Feijóo. Algo tendrá ese partido cuando ha sabido sobrevivir a tantas dificultades y mantenerse como un ejemplo de la centroderecha en toda Europa; acaso será porque cada mañana encuentra una legión de opinadores que le señalan con implacable precisión todo aquello que hace mal.