Carlos Herrera-ABC

  • El ‘one’ estaba en todo, y antes o después deberá ser citado, aunque fuera como testigo, por el instructor de la causa

Se me asemeja todo lo presente al célebre número circense de los platillos chinos: un individuo va agitando simultáneamente varios palos en los que baila un plato, de tal manera que ninguno caiga y se estrelle en el suelo. Cada palo es uno de los asuntos abiertos en los que se muestra la podredumbre miserable del sanchismo, de tal manera que no se sabe por cual comenzar ni por cual seguir, ya que todos bailan al unísono. El pozo sin fondo del sumario parcialmente abierto por el juez Pedraz –gran trabajo realizado a favor del la decencia el suyo– y del que van surgiendo sorpresas inauditas –más que un sumario es un sudario–, invita a pensar que estamos solo ante el inicio de un festival inacabable de componendas corruptas que superarán, con mucho, nuestra capacidad de asombro. Como en el espectáculo del chino, no da tiempo a fijar la atención en un solo plato, porque cuando se agita la vara que lo sostiene hay otro que comienza a flaquear. El sumario parcialmente abierto (aún queda el pozo sin fondo del la SEPI) nos muestra la fórmula mafiosa e indecente puesta en marcha desde el corazón del PSOE para desmontar el Estado y conseguir impunidad para los graves delitos que la banda de Sánchez comenzó a instrumentalizar nada más llegar al poder. Que un director general de la Guardia Civil sea capaz –tal como delatan las grabaciones– de urdir con la espesa y turbia Leire Díez un mecanismo para acabar con la mismísima UCO, significa encontrarnos ante un jugoso caso de traición elemental al deber del cargo. Y que todo ello dependiera de ese santo laico socialista apellidado Cerdán, implica que el conocimiento de las maniobras orquestales en la oscuridad por parte del malhadado Sánchez sea imposible negarlo. El ‘One’ estaba en todo, y antes o después deberá ser citado, aunque fuera como testigo, por el instructor de la causa. No es el primer caso de aquél que entra como testigo y sale como imputado. Cierto es que un instructor debe ser muy prudente en el uso de los tiempos cuando de un presidente del Gobierno se trata: si se solicita un suplicatorio antes de tiempo –entiéndase antes de reunir las suficientes pruebas contundentes–, puede ser no concedido por el Congreso, aunque eso supusiera un escándalo. Sánchez ofrecería lo imposible a sus socios para que lo negaran y así quedar limpio e ininputable de toda carga. Tan probable como posible. Si se apura el tiempo procesal, incluso siendo presidente –de ahí su resistencia a convocar unas elecciones que volvería a perder– podría acabar juzgado por todos los delitos que están descubriendo los primeros levantamientos sumariales. Quedan cientos de dispositivos por desencriptar. Muchas pruebas por evidenciar. Y el tiempo corre a favor de los que creen que el futuro de este sujeto, inevitablemente, está a la sombra.